IZARO – LIMONES EN INVIERNO

En octubre, Izaro adelantaba la inevitable llegada del invierno. Salía Invierno a la vista donde junto a Xoel López, la artista vizcaína cantaba a la conquista de la fría estación. El videoclip realizado por Thomas Ibarrola ya arrojaba varias gotas sobre lo que sería ese “Universo Limón” que ha creado. La primavera descansaba para dejar paso a las bajas temperaturas pero los limones se quedaban, quizá la única fruta cítrica que casa con las dos estaciones. Una versatilidad que Izaro refleja no solo en este disco, sino en toda su trayectoria. La mezcla de estilos, de idiomas y de sensaciones la explota en una nueva creación después de eason (2018) y om (2016).

Limones en Invierno trae la magia más profunda de los bosques norteños, junto la pureza de cuentos y fábulas tradicionales, entre la que se cuelan algunos rayos con canciones más eléctricas. Izaro traslada a los oyentes de su disco desde el rincón de una cocina, con ventanas a un campo verde, hasta la ribera del río Sena con vistas a Notre Dame. Hace gala de un folk que se desarrolla con un toque de fantasía y creatividad en cada canción.

El single con el artista Xoel López abrió la puerta para dar a conocer a la artista desde un prisma más nacional. Es el primer tema de Limones en Invierno y dura casi cuatro minutos, la media de las canciones del disco. El ritmo de la canción es un recorrido por todas las estaciones: la melodía evoca al verano que da paso al otoño con un pulso de lluvia, para acabar apaciblemente en el frío del invierno. 

Aquí es una agradecimiento a su niñez y una oda a sus recuerdos en forma de canción-fábula. Su moraleja es que las raíces que nacen de su interior le recuerdan de dónde viene y quién es hoy. Esta canción forma parte del hogar, uno de los mundos en los que el universo del álbum está dividido. Los recuerdos, la pasión, la muerte y la revolución son los espacios vecinos donde se resguardan el resto de tracks.

Sigue Libre, que supone un grito de lucha feminista y anuncia la revolución de una nueva generación que defiende sus derechos. Es una de las cuatro canciones que están en euskera. Junto a Ihintza y Hainbeste, la riqueza de este idioma modula diferentes texturas en las que la artista mete más caña con el acompañamiento de instrumentos como la guitarra eléctrica. Es cuando entonces, llega París. La canción traslada al oído todo la belleza del arte plástico y la armonía del mármol, con la orquesta de Xabi Xeberio. Un vals a cuerda que coloca la mente en un baile ligero, quizá en un museo alrededor de esculturas como muestra su videoclip. París, así, es una canción al amor, al amor al arte y a la confluencia de sentidos y emociones.

Mi Canción para Elisa es un regalo a su abuela paterna. Izaro recupera los ritmos tradicionales con los que hacen eterna a la protagonista de la canción en una fiesta a la vida; mientras que en You, se atreve con la tecnología de la mano de Julen Idigoras. Un guiño al nuevo pop y la electrónica, que se atreve con efectos como la variación de la voz y la búsqueda de un mensaje a través de las herramientas digitales.

Termina el trabajo con Patinaje sobre Hielo y Oso Blanco, en el más puro de los inviernos como se anunciaba al principio. Canciones más nocturnas que despiden el álbum y corroboran que cada mundo de Limones en Invierno tiene su propia banda sonora, a la vez que las letras cobran vida propia en cada una de las notas.

La artista vasca ha conseguido marcar en su creación una alegría mágica y atractiva mediante melodías agudas y chispeantes. Su voz se adueña del ritmo y lo hace libre. La imagen del disco invita a pasar a un bosque lleno de magia inspirado en El sueño de una noche de verano donde los distintos mundos conforman un universo lleno de vida, arte, naturaleza y mucho color. Es ese momento en el que solo, en casa, suena un disco que se adueña inconscientemente de tu cuerpo y lo dirige mientras se pierde el control de todo. Canciones que te llevan a girar sobre ti mismo en lo más libre de tu persona.