lunes, septiembre 23, 2019

D’ANGELO AND THE VANGUARD – BLACK MESSIAH

Discos D'ANGELO AND THE VANGUARD - BLACK MESSIAH

Tras años perdida, el alma de D’Angelo ha vuelto, viajando en el tiempo, intacta desde Voodoo, sabática, salió del cuerpo de aquel hombre que perdió a la mujer que amaba (que le había dado al hijo que inspiró su obra maestra del 2000) y a uno de sus mejores amigos, lo que le llevó a terminar agarrándose a una botella para mantenerse cuerdo en un mundo que puede resultar demoledor. Casi 15 años después, el espíritu de aquel veinteañero que “sentía la responsabilidad de preservar lo creado por los maestros” regresa, en forma de redención personal y de álbum repleto de aquel Funk que ya suena desfasado en nuestra época. La carne que antes era férrea y provocativa ahora es blanda y flácida, y su mirada eléctrica parece apagada, pero la música y el don siguen dentro de Michael Eugene Archer.

Para hablar de la breve carrera de D’Angelo, hace falta mencionar el gran Brown Sugar (1995) pero sobre todo el álbum que cambió el juego, Voodoo, que pretendía cambiar las reglas del R&B y lo hizo como pudo. Y es que cuando un genio crea su obra magna queda en ocasiones incomprendido. Es alabado por la crítica, sí, pero sus compañeros generacionales  y genéricos son incapaces de continuar “el sonido perfecto” (Véase OK Computer de Radiohead o My Beautiful Twisted Dark Fantasy de Kanye West), y el segundo disco del artista norteamericano no fue menos “isla” que estos ejemplos, quedando relegado como la excepción absoluta y la pureza del estilo. Durante los primeros años de nuestro siglo sí que han aparecido principalmente raperos tratando de dar sentido y sensibilidad soul a su sonido, bebiendo de los beats frescos y funky de D’Angelo, pero en ningún caso se ha creado un álbum que continúe o perpetúe la escuela de Voodoo (con permiso de The Roots).

Pero, ¿qué es Black Messiah? Su tercer álbum es, a todos los efectos y por obvio que suene, la continuación del segundo, quince años después y en otra década, con la música postmoderna y la sobreinformación en plena efervescencia. Un sucesor de Voodoo, como si hubiesen pasado solamente dos o tres años y él hubiese grabado tranquilamente el cierre de la mejor trilogía de Neo Soul de los 90s y los 00s. Y digo mejor trilogía porque este tercer disco es mejor que Brown Sugar y se acerca al nivel de su predecesor. Olvidando los años transcurridos, D’Angelo apenas se nutre del sonido del siglo XXI, de ahí que Black Messiah suene a escuchar un disco hecho en, por ejemplo, 1998. Todos sus elementos están orientados a continuar de manera agradable el legado de su sonido, pero como ya han confesado algunas de las personas que le acompañaron en el estudio, añade matices innovadores mediante instrumentos escondidos en ocasiones irreconocibles o chirriantes a primera vista como son violines, melodías flamencas, coros en contrapunto, falta de armonía melódica… Y, en ocasiones, ese R&B tan seco y sencillo que no requiere más elementos y recuerda al hip hop.

¿Por qué Black Messiah ahora? La propia discográfica ha reconocido que el disco estaba programado para salir en 2015, pero que a raíz de las protestas de las personas afroamericanas en Estados Unidos y de la muerte de un hombre de color a manos de un policía (que salió indemne), D’Angelo decidió que debía hablar, y que la única manera de hacerlo era con su música, así que él y sus acompañantes comenzaron un agónico trabajo para sacar cuanto antes el álbum, que según dicen se terminó definitivamente hace tres semanas (lo que supone un ritmo de lanzamiento espectacular y una falta de promoción preocupante). Pero es que la música, como tantas otras cosas en la vida, no debería hacerse esperar, y Michael Eugene Archer no se preocupó de no aparecer en listas o de no crear una vuelta épica y renombrada una y otra vez en los medios; simplemente entregó lo que había creado como la necesidad real que le suponía, devolviendo parte de un sentimiento que la música negra parecía haber perdido justo cuando se han vuelto a poner en duda los derechos de las personas de color en su propio país.

Hablando más concretamente del desarrollo del disco, tiene una apertura a la altura de la leyenda del cantante. Un punteo de guitarra por momentos funk, por momentos psicodélico acompaña la voz de Archer sobre el beat llevado por las palmas, que se multiplican de manera coherente pero impredecible, como un sentimiento que renace, como D’Angelo volviendo a agarrar los instrumentos, sentándose a componer tras los años más grises de su vida, una llamada divina y alegre a algo que parecía perdido. 1000 Deaths es el corte más agresivo, con una instrumental casi de hip hop, cruda, repetitiva y con un bajo en un movimiento corto y limitado llena de tensión el aire creando contrapunto con su predecesora, tan Old School que da igual que no salga del cuadrado, se contagia. En cambio, The Charade es elegante y contenida, con elementos transversales que no saltan a primera vista y una preciosa progresión rítmica que rompe la contención con facilidad entre los coros femeninos y los falsetes. Sugah Daddy es extremadamente sensual, los protagonistas son el piano y la instrumental sencilla, que de vez en cuando varía alrededor de trompetas o punteos psicodélicos. Algo que se hace evidente en esta canción es que hay que reconocer que la fase vocal sigue teniendo gran importancia, pero en este álbum pierde protagonismo como cómputo general respecto a Voodoo.

Really Love es la rara, con sus voces iniciales en algún idioma centroamericano, el sonido flamenco y el ritmo soul acompañado de la voz de D’Angelo. Pero lo más curioso es que funciona, de vez en cuando aparecen de nuevo fases ligeramente orquestales, violines, chelos, engrandeciendo el efecto de la voz y facilitando la caída tras los falsetes, básicamente suavizando todos estos elementos para darles armonía. Después llega Back To The Future (curioso este título en un disco estancado en el pasado pero lanzado 15 años después de caducar su sonido), donde aparecen los teclados con efectos raros e irreconocibles, y de nuevo violines dándole en este caso un aire desenfadado a la canción, convirtiéndola además en una de las más frescas y accesibles del largo. Till It’s Done es un simple corte clásico del Neo Soul más puro, el que el propio artista quería preservar su sonido jazz característico y sus pocas variaciones la delatan como una de las canciones menos arriesgadas de todo el recorrido, lo que no la hace peor, sino un momento breve de contemplación para relajarse sin pretensiones. Prayer, con la otra instrumental hip hop del disco, es una de las más acertadas, tranquila, es la única en la que se podría mirar hacia el presente, y D’Angelo abusa de sus armas en un hit ideal de R&B postmoderno, seducción y composición en cantidades ingentes, un beat pesaroso que no resulta cansino, sino denso, y que cae sobre el oyente como las campanadas sobre el feligrés.

Una de las cosas que sorprende del disco es que hay varias canciones que no alcanzan los 4 minutos, mal acostumbrados a los desarrollos del artista. En este caso, nos podemos llegar a quedar con las ganas (sobre todo en los consiguientes temas, penúltimo y antepenúltimo), puesto que no llegamos a la hora en 12 canciones, pero esta pega en ningún caso ennegrece el fantástico cierre, sentimental clásico, a la altura de sus influencias, viviendo del pasado, de un piano, beats de hip hop y guitarras soul. Another Life nos penetra el alma dejándonos claro lo que acabamos de escuchar.

Black Messiah es seguramente el mejor disco del Neo Soul y el R&B desde Voodoo, a pesar de ser continuista y no descubrirnos la tierra prometida (eso ya lo hizo en el 2000), la sensación durante gran parte de la escucha es la de estar escuchando un clásico por la mera razón (como ya he dicho antes) de que este sonido ya no se hace en la era actual, y ya no hablemos de la excelente calidad de todas sus canciones y de todo lo que ha pasado su autor para llegar hasta este momento exacto. Por ello y por más, este incalificable álbum merece estar en todas las listas y en ninguna.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 9/10

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