viernes, octubre 18, 2019

MEDALLA – MEDALLA

Discos MEDALLA – MEDALLA

Suele ser habitual que las bandas aprovechen su primer trabajo para bautizarlo de forma homónima, pero no se da en todos los casos. Este mismo año se ha comprobado en dos destacados lanzamientos del panorama nacional: el segundo largo de Los Estanques y el que justifica estas líneas, el reciente combativo y vengativo retorno discográfico de Medalla.

La banda de Barcelona ya despertó interés solo por su formación (miembros de los Saurs y The Zephyr Bones) en 2017, cuando publicaron su debut: ‘Emblema y Poder’. Dos años después de aquella publicación, el grupo integrado por Eric Sueiro (voces, guitarra, sintes), Benoit García (voces, bajo, flauta), Joan Moreira (guitarra, coros) y Marc López (percusión, coros) retoma la senda marcada por su predecesor, pero con una mayor variedad de recursos, reafirmándose como una de las especies más interesantes y únicas del país.

Forjado en los Estudios Maik Maier de la capital catalana y bajo la producción de nuevo de Sergio Pérez, el nuevo estandarte de los Medalla evita encasillarse y aniquila etiquetas a golpe de espada, o a “hostia” limpia, como prefieran. De la new wave al rock psicodélico, pasando por el post punk, el dream pop y, como no, ese heavy pop que caracterizó su particular mirada al metal un par de temporadas atrás. “El Tajo” abre contundente reflejando buena parte de estos estilos tras un silencio abismal que pone alerta al oyente. 

La combinación de estribillos pegadizos, riffs explosivos, épicos sintetizadores y poderosas melodías pop sigue siendo el mayor punto a favor de los barceloneses. Esta vez, la portada, que en su anterior obsequio hacía hincapié en uno de los temas del conjunto, refleja una criatura demoniaca propia del imaginario de Medalla. No en vano, las letras vuelven a contener decenas de referencias al pasado, con la corona y la iglesia (el poder) como máximas influencias líricas (“Devoto Cardenal”, “Cuello Isabelino”). Lo juntan eso sí con el presente (“Felipe VI”) y personajes que resuenan atemporales en sus palabras. “Siempre es necesario alguien dispuesto a perder, a quemarse vivo para volver a nacer”, recitan en “Lengua Afilada”. La mezcla hace que la comparación con Triángulo de Amor Bizarro sea inevitable; más si cabe cuando mencionan en entrevistas a New Order como notorio influjo musical de esta referencia.  

Al mismo tiempo, el lenguaje se ve repleto de violencia y metáforas, pero también ironía, rabia y crítica punk al recordar, por ejemplo, que a veces “que te partan la boca puede ser una oportunidad para cambiar” (“Premio Cervantes”); o al tirar del reconocible eslogan de “hacienda somos todos” acompañado de las palabras “España somos todos” en un “Devoto Cardenal” que se convierte en afilado cuchillo hacia el sistema y la banca (“señor banquero, es usted un cielo, un devoto cardenal de las arcas del gobierno”). Los puñales son también protagonistas de un peligroso “Presagio” (“así es la vida, a veces cuchillo a veces herida”), mientras que “Cuello Isabelino” invita con dulzura a “matar a su rey” en una partida de ajedrez para “salvar el país”.

El mensaje y el imaginario se nutren en esta ocasión de instrumentos clásicos de viento y cuerda, como las trompetas presentes en varios de los temas; el cello que reluce el resultado de “Guardián”, etérea pieza que trata el costoso final de una relación (“¿Cuál es el precio que tengo que pagar para no verte nunca más?”); o la flauta travesera que introduce y fluye en la arábica “Sultán”, otra evolutiva muesca del nuevo repertorio de Medalla. Tres instrumentales sirven tanto de interludios –”Heráldica Antigua” evoca a Belako, quizá porque comparten influencias– como de conclusión que avisa de que aún tienen batalla por delante.

Como ya hicieron en el debut, a base de guitarras los barceloneses han edificado un trabajo que sirve para agobiar al poderoso, despertar al ciego y estimular al dócil. Medalla avanzan con las espadas en alto, el fuego encendido y los cuchillos entre los dientes y nos sumergen en paisajes sonoros alejados de su esencia heavy, que aquí queda en un segundo plano.