CHET FAKER – BUILT ON GLASS

James Blake sólo tiene dos discos, pero le salen hijos bastardos en cada esquina. Entiéndase en el mejor sentido: el espacio que abrió Blake de electrónica con alma de soul, matices de piano clásico y en el que tienen cabida los giros del R&B más contemporáneo, acoge cada vez más a jóvenes artistas que siguen sus pasos. Pensemos, por ejemplo, en How to Dress Well, Douglas Dare o, quien nos ocupa, el australiano Chet Faker.

El simpático apodo esconde a Nicholas James Murphy, de 26 años y con una fama creciente en el país austral. Fichado por Downtown Records (cuyo catálogo incluye poderosas bazas como Justice o Gnarls Barkley), debuta en 2014 con su primer largo, Built on glass, que resulta ser una carta de presentación de lo más interesante.

Los omnipresentes teclados abren un disco que tiende a la introspección y la reflexión sentimental desde diversos puntos de vista. El más recurrente, el del R&B, como en Release your problems o la sugerente Talk is cheap, que podría encajar por estilo y actitud en el alabadísimo Channel orange de Frank Ocean.

Chet Faker prescinde de envoltorios y se estrena con una producción limpia y concreta, en la que sobresale su voz serena, con un registro variado, contestada con frescura por la cantante Kilo Kish, quien le da la réplica sentimental en Melt. Es evidente que al australiano le falta la pericia y la osadía de Blake, pero la superposición de pistas vocales y el falsete del británico son una herencia palpable en Gold.

También se agradecen las (contadas) incursiones en otros terrenos. En la notable To me, que arranca con un bajo calcado a The xx, el conjunto se entona con unos ligeros arreglos orquestales y unos contenidos coros góspel. Porque claro, se trata de variar, pero no de cargarse el tono del álbum, así que incluso se permite tontear con el jazz en Lesson in patience, sin apartarse un metro de sus propias coordenadas. Y si nos lanzamos, tal vez 1998 tendría cierto recorrido en las pistas con su aire casi de house.

Las letras de todo el álbum parten casi siempre desde un punto de vista muy personal, introvertido, un poco complaciente cuando Chef Faker se hunde en su propia desgracia (“How does one remove the thoughts that dig a deeper hole”, canta en Blush), pero otras veces casi rencoroso o con una pose digna cuando trata de ajustar cuentas (“I’m not the reason you’re looking for redemption”, en 1998).

La cima llega tarde con los casi 8 minutos de Cigarettes & loneliness, cuyas pulcras guitarras recuerdan a los añorados The Whitest Boy Alive. Sobre ellas desarrolla Chet Faker una espiral de voces repetidas (“Breathe this is love without love”) que alcanzan el punto más emocionante de Built on glass, un álbum para nada frágil, sino consistente, con una electrónica melancólica, elegante y con un claro poso humano subyacente que sitúa a Faker en una muy buena posición de cara al futuro

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7.5/10

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