CAGE THE ELEPHANT – SOCIAL CUES

Todo se acaba, es un hecho, y es probablemente la verdad más dolorosa que tenemos que sufrir, pero siempre llega el momento en el que tu vida da un vuelco, un giro, y aquello que pensabas que sería infinito resulta no serlo. Hay varias posturas contra ello, la mayoría negativas, sin embargo, lo más fácil es hacerse a la idea de esto y aceptarlo. Otra opción, bastante más utilizada, es martirizarse durante un largo tiempo hasta que ni tú mismo puedes seguir con ello. El final de las cosas es fácilmente extrapolable a la música, el estilo como constante cambio y los puretas con sus lágrimas a canto coral. No obstante, evolucionar es obligatorio, además de un suceso que ocurre con el paso del tiempo y el crecimiento, tanto personal como musical.

En muchas ocasiones cabe la necesidad de tomarse estos cambios como positivos de forma casi automática, intentando evitar hundirse por ellos, y esto es lo que nos muestra Cage The Elephant. El nuevo alter-ego de los estadounidenses nos empezó hablando de las despedidas, y es que como bien dicen, hay que “estar preparado para dejarlo ir”. Después de Ready To Let Go, llegaron House Of Glass, la colaboración con Beck en forma de Night Running y la excelsa a la vez que tranquila Goodbye: “goodbye, goodbye, goodbye/I won’t cry, I won’t cry, I won’t cry…”. En estos entrantes, los hermanos Shultz y compañía nos han enseñado que el sentimiento de despedirse quedándose con lo bueno vivido es una realidad posible, que tampoco hay que fijarse siempre en lo malo, ¿no?

La madurez se ha asomado a la casa blanca de los de Kentucky, no existe pretensión posible en encontrar In One Ear o Shake Me Down en este largo. La gente se hace mayor, las temáticas abarcan problemáticas, normalmente, más existenciales y hay más dolor en ellas. A más vivido, más sufrido. Broken Boy, la encargada de abrir el LP nos muestra un bajo muy sobrio que forma parte de una instrumental bastante tosca y densa, pero a su vez rápida, un plato demasiado pesado de digerir pese a su brevedad. Empero, cabe resaltar Social Cues, que le da nombre al álbum, con unos teclados que hacen juego con la melodía general en la que se suma la voz, resultando significativamente más agradable que el primer aperitivo. Tras esta se suceden algunos temas de menor importancia y trascendencia como Black Madonna o Skin and Bones o de corte “Last Shadow Puppet-esque” como The War is Over o Dance Dance.

Puede ser lo sencillo, pero Cage The Elephant pareció decidir incluir sus mejores temas entre las canciones seleccionadas para ver la luz de forma previa al disco, ya que la ya mencionada colaboración con Beck o Ready To Let Go son las canciones que esquivan esa soberbia adulta, recordando a aquellos tiempos pasados (transportándonos anímicamente), cuando las melodías recordaban indudablemente a Nirvana o los primeros Weezer y se hablaba de Aberdeen. Remarcar, pero, la también mencionada Goodbye, encargada de cerrar el disco (si el título no parecía lo suficientemente esclarecedor) la balada supone un adiós instrumentalmente nostálgico, mientras que la letra lo refiere como: “qué bonito fue mientras duró”, una dualidad que no la hace sino más bella, el recuerdo desde la nostalgia (positiva) de un hecho lejano.

Esta lejanía nos deja a unos nuevos americanos, que se han vuelto mucho más refinados, llegando a melodías mucho más recatadas, como quizás venían anunciando en Melophobia o Tell Me I’m Pretty. Unpeeled podía incluso enseñarnos un cambio, mentalmente hablando, claro. En resumidas cuentas, Social Cues resulta en un disco que parece mostrar algunos fantasmas interiores de un hombre que afronta la dura realidad con la mejor cara posible, y esto a veces no es fácil, y lo hace resultar en una convulsión densa y dificultosa.