ALDOUS HARDING – DESIGNER

En las recientes entrevistas que ha concedido por su tercer esfuerzo en largo, Aldous Harding muestra su faceta introvertida, distante y poco confiada en sus dotes artísticas. Esta forma de ser se traslada a su nueva música, donde su lenguaje, repleto de confusas alegorías y simbología natural, complica sumamente la tarea de encontrar un significado claro a lo que quiere transmitir en sus historias.

Se trata de un distanciamiento que la cantante neozelandesa parece querer marcar con el mundo exterior después de logar en 2017 aumentar su número de seguidores y un ligero éxito de crítica gracias al lanzamiento de Party a través del sello británico 4AD. Su segundo disco desprendía un aura misteriosa y genuina que hacía imposible no quedarse prendado de su contenido. Sobre todo gracias a una primera parte de álbum que contaba con algunos temas abrumadores en los que la vocalista explotaba todo su potencial interpretativo.

En su reválida, Aldous Harding conectaba con un art folk enigmático, oscuro, innovador y pausado en el que se ayudaba de John Parish (colaborador habitual de PJ Harvey) en las labores de producción. La unión se repite en su retorno tan solo dos años más tarde: Designer. Sin embargo, el sonido que envuelve el indescifrable palabrerío del disco se muestra esperanzador, jubiloso y con una tendencia nostálgica y clasicista.

Estas sensaciones transitan a través de pianos, cuerdas y vientos por diferentes estilos, haciendo que el repertorio, elaborado de nuevo por la pareja artística, sea difícilmente catalogable. Incluso mezclando géneros en la misma canción, como con ese riff de guitarra en clave blues que sirve de eje central del primer single del trabajo, The Barrel, un chamber pop coral que evoca delicadeza y elegancia, al igual que todo el largo.

Todo ello a pesar de que durante un buen rato Harding repite el título una y otra vez (“el barril”), dando un giro un tanto absurdo a la pieza. Es un ejemplo de cómo la filosofía del absurdismo ha influido en cierta manera el lirismo de la compositora. Ella misma parece explicar este porqué de sus letras en el tema que sirve de conclusión, Pilot, al asegurar que Albert Camus, a quien se atribuye la conformación de este pensamiento, estaba en lo cierto.

En su conjunto, Designer está lejos de ser sorprendente. De hecho, es este el mayor “defecto” que se le puede achacar a Aldous Harding. No en vano, la intérprete mantiene estructuras vocales que usó en Party, como ese exorbitante cambio de registro que sobresale en Zoo Eyes, donde muestra el tono humorístico que caracteriza también parte de sus letras al preguntarse qué hace en Dubái.

Y, a pesar de haber creado un producto más cohesionado y vertebrado, el álbum se ve lastrado en la comparativa con su antecesor por la carencia de canciones igual de excepcionales. Aún así, las dos bossa novas (la homónima y Weight Of The Planets), la espiritual Heaven Is Empty, el alborozo elevado por los coros de Treasure o el sosiego marcado por el cierre a pleno pulmón de Damn forman un puñado de cortes magníficos.

En definitiva, Aldous Harding ha querido resguardarse en el papel de una “diseñadora” que teje unos arreglos musicales alegres y de calado hondo, pero que a la hora de mostrar su yo interno prefiere esconderse en lo absurdo, histriónico e incomprensible. El resultado no deja de ser un gratificante disfraz para los oídos.

7.5
7.5
Escrito por
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