LA CASA AZUL – LA GRAN ESFERA

El último álbum de La Casa Azul Polinesia Meridional (2011), supuso el paso a una estética dance y madura que daba muerte al sonido efervescente que sirvió de cartilla de presentación al grupo en 1997. El proyecto de Guillermo Milkyway, que desde Polinesia ha permanecido suspendido en el vacío musical, fue puesto en marcha este pasado 22 de marzo bajo el sello Elefant Records, como no podía ser de otra manera. Un nuevo LP que ha sido gestado en las peores condiciones personales: una relación rota, una operación de desprendimiento de retina, visitar la academia de Operación Triunfo como profesor…; con una duración de 42 minutos y cuya producción da como resultado un sonido nítido y articulado, en el que cada momento de la escucha tiene su correlato o bien en la melodía o en la letra.

Un álbum que mantiene la esencia de La Casa Azul que siempre he pensado que es el frenetismo, la ingenuidad, la utopía sonora del pop, la felicidad producida por destellos melódicos de luz, entre otras cosas que serán explicitadas más adelante. El concepto principal del álbum es la esfera como metáfora de la protección y el desarrollo. Este disco es meramente transitorio por ello la metáfora no puede ser ni más obvia ni más clara, Milkyway suspendido en el espacio como un feto en las entrañas del vientre materno, esperando a eclosionar y blindado de cualquier amenaza exterior. Letras ambiguas y polisémicas que van desde la ingenuidad hasta la dependencia emocional, el fracaso de los valores eternos, la catarsis, la nostalgia, la inseguridad, la transmutación y un largo etcétera, que pretenden al final del álbum quebrar la esfera.

En el largo todos estos tópicos son mezclados desde la experiencia de la guerra fría, el lugar desde el que se habla es el espacio como centro de metáforas, el vuelo, el salto, la valentía, (el niño mirando a la tele obnubilado por los avances de la ciencia espacial) y que toma como pretexto para hablar de asuntos como la identidad o la crisis personal. El empleo de la primera bomba de Hidrógeno Ivy Mike, como alegoría que humaniza el proceso de reacción en cadena de las bombas atómicas, como resultado de una relación intensa y estimulante, cegada en el presente por la sensualidad. Esa relación podría ser tanto de pareja como política, el referente múltiple es lo que hacen especiales las letras de Milkyway. Junto a este, otro protagonista es la transmutación, la conversión de un elemento químico a otro, que puede simbolizar la experiencia del conocimiento personal como forma de desarrollo, de cambio de un estado a otro.

Este tópico es tratado en canciones como Nunca nadie pudo volar, dónde se emplea el mito de Ícaro que ardió por emprender su búsqueda por la libertad, así como la figura de Franz Reichelt que se estampó contra el suelo víctima de su ambición. En canciones como Gran esfera también se establece esa búsqueda del ser, de la totalidad con una referencia explícita a la Tabla Esmeralda. La libertad no es peligrosa solo que al ejercerla puedes o fracasar o transformarte, y esto es algo que el artista de La Casa Azul pretende emprender. En cualquier caso esa transmutación también es la salida de la esfera que ofrece seguridad y protección y de la que hay que salir para conseguir el equilibrio, la ataraxia. Con este término se conoce otra de las canciones con las que se presentó este álbum, que bien podría ir sobre el sexo como armonía de las pasiones, así como sobre el myolastan o cualquier droga.

El álbum invita a la recurrencia, a escucharlo una y otra vez atendiendo a sus metáforas y múltiples significados pero otra forma de escuchar el álbum es disfrutarlo desde sus melodías bailables y su puesta en escena, en corear sus letras y conocer sus melodías funcionalistas, donde forma y contenido convergen pues cada sonido tiene su equivalente en un sonido y cada sonido representa el espacio al que la letra te pretende conducir. Siempre he pensado que Milkyway es un experto chamán en conducir el alma hacia la histeria y el éxtasis, y un ejemplo de ello es ¿Qué se siente al ser tan joven? Del LP de 2011.

El proyecto La Casa Azul no se enmarca solo dentro de la escena del indie pop, para ser más concretos habría que acudir al pop ingenuo, que también resultaría carente por toda la indumentaria electrónica que acompaña cada tema, por ello en este caso hablaremos de electropop ingenuo. Este disco tiene la curiosidad de aparecer en un mundo distinto al de 2011, año en el que este tipo de música era consumida por treintañeros hipsters melómanos que minaban en los grupos más diferentes para edificar una subjetividad extravagante y distintiva.

Si bien ahora es similar, el cambio singular se da en el ascenso de la estética indie así como la urbana, como un gran reclamo en los festivales, así como por la consolidación de los medios de reproducción en streaming. En particular, la casa azul también ha quedado como un estandarte de la música del colectivo lgtibq+ por sus letras que invitan a la liberación, así como por la polisemia de sus composiciones que encierran muchos significados donde se dice nada y a la vez todo. En ellas se expresan reflexiones romantizadas y sentimentales sobre la posición del ser humano en el mundo, hay pesimismo y fracaso envuelto en melodías joviales y dispuestas al baile, así como también se dan luz a las ataduras sociales que nos reprimen y cuyas canciones nos invitan a deshacernos de ellas mediante el baile.

Reitero en la idea de que las letras están expuestas mucho más al oyente que al autor, que aunque podría ser peor parezca la consigna del fracaso y una actitud sarcástica ante la felicidad, una puerta hacia la catarsis y expulsión de la rabia, también se constituye como una canción que conduce al goce de los instintos y el baile como forma de liberar tensiones mediante el cuerpo.

En sus piezas entonces convergen terapias, reflexiones y un profuso conocimiento de la historia de la música. En sus composiciones hay una síntesis abundante del rock sinfónico de Electric Light Orchestra, como en gran esfera, de la música popular coreana y japonesa, del pop, de la electrónica, de la clara influencia del synth pop de OMD y la electrónica francesa, como en el momento y el dubstep, con baterías secuenciadas y el frenetismo de las cabeceras de series de anime. Una estética muy poliédrica y múltiple que sintetiza las estéticas más comerciales y fáciles de consumir. En conclusión, este álbum es un elige tu propia aventura, si lo quieres consumir, disfrutar, bailar, investigar o licuar.

8
8
Escrito por
Más de Nohara Ramos

BLOOD ORANGE – NEGRO SWAN

Son sordos los oídos que no han prestado atención desde el ya...
Leer más