WILCO – SUMMERTEETH

Siempre enemigo de los consensos, sostengo que Yankee Hotel Foxtrot no es el mejor disco de la ya larguísima carrera de Wilco, auténticos reyes del rock americano, cuya corona alcanzaron sin pretenderlo y por abandono de REM. No poseo argumentos incontrovertibles y, de hecho, cuando se publicó Yankee Hotel Foxtrot en 2002 -tras una estela de márqueting de guerrilla- y leí en sus créditos el nombre de Jim O’Rourke pensé que sería el no va más. Y ciertamente lo fue, pero no para mí. Pese a disfrutarlo un tiempo, enseguida regresé a las obras anteriores de Wilco, a sus trabajos de Mermaid Avenue musicando a Woody Guthrie en compañía de Billy Bragg y, sobretodo, a Summerteeth que, curiosamente, ha quedado como un álbum de transición –entre las raíces puramente folk y el postmodernismo con toques kraut, seguramente el toque que ha redondeado la marca Wilco desde Yankee Hotel Foxtrot-.

¿Se pueden alabar los álbumes catalogados como de transición? Posiblemente Summerteeth sea la excepción a la regla. Ni tan siquiera los componentes del grupo en aquel entonces acabaron contentos con él. Todo porque Jeff Tweedy estaba de bajón –depresión, adicción a los calmantes y problemas matrimoniales- y puso en manos del segundo de abordo y casi recién llegado, Jay Bennett, el sonido y la producción para una serie de canciones con unas letras crípticas y profundamente desoladoras. Bennett rellenó las rincones del disco de brochazos de luz y color a través de añadir pistas y pistas gracias al Pro Tools, el mejor software para audio que existía entonces en el mercado. Incluso, se podría colegir que Bennett sufrió en aquel momento ‘síndrome Pro Tools’, un mal parecido al ‘síndrome Stendhal’ en clave de sonido, eso sí. Y con la aquiescencia de Jeff Tweedy porque, de hecho, todas las canciones del álbum están firmadas por los dos.

Siempre juzgamos los discos como los partidos de fútbol, según el resultado final. Ese ventajismo ha emborronado el auténtico valor de una obra de pop mayúsculo como Summerteeth que transmite a la vez optimismo y melancolía, barroquismo y minimalismo, tradición y modernidad, día y noche. Benett y Tweedy. Por tanto, llego a una conclusión evidente: los Wilco que me gustaban realmente eran los que contaban con el multiinstrumentista juguetón Jay Bennett, quien, por cierto, salió con cajas destempladas de la banda durante la grabación de Yankee Hotel Foxtrot tras profundas diferencias con Jim O’Rourke, a quien echó un cuarto a espadas a sabiendas que Tweedy ya se había decantado por este último.

Pero regresemos al inicio. Decíamos que, con poco tiempo en la banda, Bennett se encontró pilotando el tercer disco de Wilco y, con sus cacharros en ristre, se aplicó a experimentar con unas canciones que recargó hasta cotas inusitadas en una banda típica de americana. De hecho, el bajista John Stirratt, curiosamente único miembro de la banda que se mantiene en Wilco junto al jefe Tweedy, declaró lo siguiente, según se recoge en Wikipedia: “La historia de Summerteeth es que Jay se compró un mellotron y tenía pensado usarlo, fuera como fuera. Era precioso, pero estaba sobrecargado. Una vez se pusieron a hacer overdub no podían parar. Y nadie de la banda dio un paso adelante para parar la locura …”. Bendita locura, no obstante, si consigues hitos como A shot in the arm, I’m Always in Love, Can’t Stand It, Via Chicago o She’s a jar.

La realidad es que Bennett se convirtió en ‘el okupa’ de Wilco atreviéndose a regrabar él mismo líneas de bajo de Stirrat y baterías de Ken Coomer cuando éstos no estaban en el estudio. Tamaña ‘osadía’ tuvo poca recompensa en ventas pero si recuperamos críticas de la época gozó de un aplauso unánime al conseguir que Wilco y la etiqueta ‘No Depression’ que arrastraban desde la anterior etapa de Uncle Tupelo pasaran del blanco y negro al technicolor. Un salto que puso a Wilco en la rampa de salida para alcanzar su actual estatus que le permite en un país casi analfabeto como España ocupar portadas en el Babelia de El País cuando publicó su reciente Whole Love o en el Ruta 66 de este octubre con motivo de su nueva gira española. ¿Se puede pedir más a un producto cultural surgido de las entrañas del rock más genuino?

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