NINE INCH NAILS – THE DOWNWARD SPIRAL

El tercer track del The Downward Spiral contenía un coro que repetía constantemente una de las ideas heréticas del filósofo alemán Nietszche: “Tu Dios está muerto y a nadie le importa”. Así se desarrollaba este álbum conceptual, mezcla de filosofía, excesos, profanidad, autodestrucción, sexo, sadomasoquismo; pero también profundamente sentimental, con un anhelo por la purificación del espíritu y por el valor del amor y la sinceridad como guías para la expiación humana.  Trent Reznor a comienzos de los noventa, venía de publicar un EP llamado Broken que quería seguir la línea de Ministry, una de sus bandas predilectas. Fueron ellos, con la publicación del Twitch (y por supuesto de Skinny Puppy y Einsturzende Neubauten), quienes lo llevaron a experimentar con una visión agresiva y corrosiva de los sintetizadores, abandonando su estilo Synth Pop, en la que los sintetizadores son indulgentes, melosos y predecibles. Con Broken, Trent encontró muchas herramientas que le encauzaron a territorios radicales y extremos, pero que, luego de su producción, lo dejaron como una banda de guitarras con sonidos industriales (tal cual es Ministry). Esto no era lo que realmente quería, por lo cual, con la ayuda del productor Flood (Depeche Mode, U2, Smashing Pumpkins, Gary Numan) construyó una idea para ser desplegada en un álbum conceptual, en el que se desarrollará una música mucho más diversa, mucho más compleja y con un protagonismo tanto de capas de guitarra como de sonidos procesados y sintetizadores puros.

El término de la espiral descendente, que se utiliza como metáfora en psicología, para escenificar el estado conductual de la autodestrucción, se acomodó perfectamente a la temática del álbum: un hombre que, ante su imposibilidad de adaptarse, con un serio lío de ansiedad y debilidad hacia los vicios, decide entregarse a los excesos de todo tipo. Esto apuntala las canciones a dar un tratamiento afectado a temas como el amor, las relaciones interpersonales y el sexo, que serían la materia de la tonada más popular del álbum (y de la banda): Closer. Esta canción traería una inesperada popularidad para el músico, porque sus letras explicitas y su vídeo (inspirado por el artista Joel Peter Watkin y ingeniosamente dirigido por Mark Rommanek) contenía imágenes de nudismo, sadomasoquismo, homo-erotismo, un simio crucificado (¡!). Su música, mucho más inclinada al techno que al rock, incluía un sample tomado de Night Clubbing de Iggy Pop, alegorías a Einsturzende Neubauten, David Bowie (Scary Monsters and Super Creeps) y el uso de decenas de canales para su producción. Sin embargo, en TDS, además de manejarse una temática de auto-observación mórbida en la mayoría de canciones (Mr. Self Destruct, I Do Not Want This, Eraser), también se asoman alusiones a la política (Piggy), a la guerra y el intervencionismo (March Of The Pigs) o a la misoginia (Big Man With A Gun).

Como en Closer, la música del TDS contenía un meticuloso uso de sonidos electrónicos y de capas de guitarras procesadas, baterías electrónicas, hit-hats y todo cuanto había aprendido Reznor de sus experiencias con el Broken y el Pretty Hate Machine. Sobre como produjo el álbum, él mismo comparó la forma de creación con la que usaba My Bloody Valentine: concebía una canción casi pop y luego la trasgredía, MBV con pedales y distorsiones, Reznor con sintetizadores. También se notan acá influencias del Krautrock y de Brian Eno en canciones como la radiante A Warm Place (punto de inflexión del álbum) o algunos apartes de Eraser o The Downward Spiral.

Aunque se ha comparado el sonido de TDS con lo que ya había hecho Throbbing Gristle, SPK o Eisturzende Neubauten, creo que esta es una versión increíblemente fascinante de cómo se puede construir una resonancia completamente ecléctica y poder ser transmitida radialmente. La combinación entre la paleta amplia de inclusiones sonoras difíciles de digerir y la posibilidad de ser radiodifundida se podría deber, entre otras razones, al momento musical que se vivía (auge de la música alternativa) o a el inmenso carisma del cantante; a su poder de aprehender las emociones adolescentes (ira, frustración, aislamiento, contumacia) y  de caminar entre muchos géneros (industrial, techno, rock, krautrock, ambient) y entre muchas alternativas de tonos: desde la fuerza y rapidez de March Of The Pigs (¡canción que va a 269 BPM!) o la que da inicio al álbum, Mr. Self Destruct (con un sample-epílogo de la película THX 11-38 y los mejores tratamientos y procesamientos de guitarras de la década), hasta la suave nostalgia encapsulada en Hurt o el funk en Piggy. Más aún, hay canciones que yuxtaponen industrial limpio con remembranzas al blues o al jazz (Ruiner). Versatilidad y variedad a la carta.

Es difícil hablar del TDS y no repasar los aterradores ambientes que le dieron origen. Por una parte, su grabación se realizó en la casa donde Charles Manson y su séquito de enfermos mentales, asesinó brutalmente a Sharon Tate y compañía. Este hecho, aunque agrega un halo de perversión y morbo a la producción, fue fuertemente rechazada por Trent Reznor, quien comentó que adquirió la casa sin saber que había sucedido y, luego de entrevistarse con la hermana de Sharon, proclamó su total desprecio por, tanto la glamourización de asesinos en serie (muy de moda en los 90s), como por el lucro que pudiera traer el morbo añadido. Por otra parte, son famosos los supuestos abusos de drogas y alcohol, el aislamiento y los constantes desequilibrios emocionales del autor.

Para cerrar el álbum Reznor eligió una imponente versión de su existencialista visión de la vida: Hurt. Esta canción que fue imperdonablemente ignorada por la crítica en su tiempo, tomó valor después de que Johnny Cash realizara una versión que, sin afirmar que supera la original, si la llevo a una dimensión inalcanzable, además de convertirse para muchos, en uno de los mejores covers que se han hecho. En su letra se resume, no solamente la visión intimista y sombría de la generación X, sino que paradójicamente suscita una “luz al final del túnel” (en palabras de su autor). Hurt es un giro en el álbum: la canción anterior, The Downward Spiral, coquetea cínicamente con el suicidio (Reznor quería cerrar el álbum en este punto), si leemos de forma más atenta, podemos notar que Hurt abre un nuevo comienzo, una esperanza que sugiere el abandono como una forma de superar el dolor y la angustia, la aceptación de la propia naturaleza y la búsqueda continua del camino que nos lleve a la redención (muy Fausto). Un cierre fenomenal para un álbum fenomenal que, con el OK Computer de Radiohead y el Nevermind de Nirvana, es el mejor de los prolíficos años noventa.

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