Zola Jesus, planazo de Halloween

Noche de Halloween. Minutos antes de la medianoche. Barrio de Malasaña. Un escenario acotado por columnas que encierra a una masa oscura y ansiosa de sonidos diferentes. Aparece Nika Danilova, aparece Zola Jesus. La estadounidense de origen ruso es más menuda de lo que parece en fotos, de melena negro azabache, larga y despeinada y vestimenta de color a conjunto con su pelo. Enérgica e inquieta a la vez que confiada y segura de su propuesta.

Nika cuenta con una presencia escénica que en seguida se le queda pequeña en la sala Taboo, que demuestra no contar con un sonido a la altura de la propuesta de la artista. A simple vista parece una propuesta sencilla, pero nada más lejos de la realidad. Sintes, trombón y voces pregrabadas consiguen un resultado muy bien armado.

Desde el inicial Taiga, hasta el bailable Dangerous Days pasando por momentos mágicos tan solo protagonizados por su voz y el silencio de la sala en Nail, Zola hizo un repaso casi completo a su último álbum.

Pasada una primera parte, el público ya estaba más que entregado ante sus movimientos fibrosos, su energía y su “no sé hacia dónde irá ahora” entremezclándose con los presentes. Hasta mandó callar para volver a sorprender con una voz potente y verdadera en un silencio casi místico.

Quizá aquellos que prefieran su fase anterior, más oscura y menos pop, hayan podido sentirse decepcionados, pero para aquellos que abrazamos su versión más luminosa y bailable, sin dejar a un lado un sonido complejo y trabajado, aplaudimos lo que es capaz de hacer Nika sin demasiados trucos y con mucha clase. Lo que desgraciadamente no podríamos aplaudir son algunas condiciones de la sala.

Más de Fátima Cayetano

James Rhodes y su piano de espigas

Si no has escuchado hablar de James Rhodes en el último año...
Leer más