Walking Papers: la oscuridad de Seattle vuelve a brillar

Walking Papers
Walking Papers

Que, a diferencia de otras gloriosas e irrecuperables épocas, el rock más excitante de la actualidad sobrevive a duras penas en la marginalidad y frente a la desatención mediática es, como casi todo, opinable. Que Walking Papers han ofrecido en 2018 con WP2 uno de los mejores argumentos a quien le apetezca defender esta teoría es, por el contrario, difícilmente rebatible.  Si ya en 2012 la banda liderada por Jeff Angell alumbró con su disco homónimo uno de los debuts más sólidos e interesantes del momento, seis años después han confirmado las buenas sensaciones y superado las expectativas hasta del fan más optimista con un álbum soberbio, una de las combinaciones de rock y blues más hipnóticas e inspiradas que se recuerdan en mucho tiempo. Naturales de Seattle, no cuesta mucho trabajo detectar en su discografía esa vocación por la turbiedad, el desgarro y la emotividad tan característicos de la música de guitarras que suele fraguar aquella bendita ciudad.

Llama la atención, por lo demás, el fuste de algunos de los componentes de esta formación.  Sin olvidarnos de Mike McCready, guitarrista de Pearl Jam que participa en el primer disco, dos miembros estables de Walking Papers son figuras de relieve, de alto perfil: Duff McKagan, bajista de Guns N’ Roses, y Barrett Martin, el nunca suficientemente elogiado batería de Screaming Trees y Mad Season. Este último, además, fue el artífice, junto a Angell, del nacimiento de la banda, y ya en la gira de presentación del debut volvió a dar un recital de precisión y calidad con sus baquetas. En esta ocasión, ninguno de los dos viajaban, pero, aunque siempre es un deleite ver a músicos de semejante calibre, incluso antes de contemplarles en acción cabía intuir que no serían ausencias insalvables, que el alma y motor de Walking Papers no faltaría y allí estaría, micrófono en mano, corazón en canal.

Sin teloneros y con menos público del que merecen, la madrileña sala Changó comenzó a palpitar con la cadencia amenazante de This Is How It Ends, canción con la que la banda inauguró la velada. Pronto se comprobó que Jeff Angell no escatimaría en detalles, que estaba dispuesto a recrear los mil y un matices de sus dos obras con escrupulosa minuciosidad: saxofón y teclado, además de ocasional contrabajo, acompañaron durante todo el set a los instrumentos habituales, dotando de un vuelo y empaque a la mayor parte de las interpretaciones verdaderamente admirable. El frontman, a su vez, tampoco desperdició la oportunidad de reivindicar a su antigua banda y la del teclista Benjamin Anderson, los muy recomendables The Missionary Position, y ya en los primeros compases atacó How It Feels, con ese reptante y obsesivo saxo, y que, al igual que Every Man For Himself, el otro rescate, no desentonaron para nada, en términos de tono y calidad, con el resto del repertorio.

El termómetro comenzó a dispararse con el mortífero encadenado de Death On The Lips, Hard To Look Away y Somebody Else, magníficos cortes de WP2 y que representan a la perfección esa apuesta por el voltaje y la intensidad sonora que asomaba más tenuemente en el debut, y que el segundo disco explota con formidable tino. Uno sospecha, escuchando su flamante trabajo, que Walking Papers nunca han sonado más compactos y cohesionados, que jamás este proyecto de Angell y Martin había transmitido un mayor talante de banda, de bloque. Y la actitud y solvencia que Walking Papers demuestran en la actualidad sobre las tablas disipan cualquier duda: la maquinaria está impecablemente engrasada. Su líder, tras esta descarga de pasión y decibelios del primer tramo de actuación, y que la llevó a unas alturas que prácticamente no abandonaría en ningún momento hasta el final, comenzó también a sentirse más cómodo y contagiado por el frenesí vivido desde algunos sectores de las primeras filas, e interactuó con los asistentes, chocando puños, sosteniendo miradas arrebatadas e incluso bajando del escenario y mezclándose con la audiencia, cada vez más entregada.

A destacar también, por cierto, cuando recuperaba su posición, su elegante porte, coronado por un sombrero, su pericia con el manejo del pie de micro y sus bailes circulares, ejecutado todo con un carisma y naturalidad encomiables. Aunque con un talante escénico muy distinto, era inevitable encontrar una cierta conexión con otro frontman tan extraordinario como maldito, Kory Clarke de Warrior Soul, alguien quien como Angell derrocha magnetismo de rock star y maneja a su antojo audiencias de estadio aunque se encuentre en el tugurio más recóndito y reducido de la ciudad.  En esta época de oportuna reivindicación de minorias, que algún organismo internacional declare a esta especie en peligro de extinción y la proteja debidamente, por favor.

Volviendo a lo estrictamente musical, otros momentos álgidos del concierto, de bendita incandescencia musical, de mirada del tigre, llegaron con King Hooker o Capital T, aquel descomunal trallazo del debut. Una manera de entender la intensidad, por cierto, que puede evocar ligeramente a bandas como The Doors, The Cult, o incluso el Nick Cave más desatado. Esa sordidez, esa truculencia, esa subyugante oscuridad definen impecablemente el sonido más vigoroso de Walking Papers. Sólo con eso serían ya una banda necesaria y defendible, pero son más, mucho más. En voz baja y desde la contención, también marcan diferencias. Entre otras, Already Dead y Leave Me In The Dark brillaron en este registro y sonaron cautivadoras, excelsas. Como, ya en la recta final, el encandenado de The Whole World’s Watching y Your Secret’s Safe With Me, maravillosamente crudas y afiladas. La despedida, tras una pequeña pausa, fue inmejorable: Red And White, que sonó tan embriagadora como en el disco y que se postula como uno de los mejores temas de 2018, directamente. Así como, entre otros, los magníficos Completely Yours o I Know That You’re Lying, que lamentablemente no sonaron, pero que contribuyen a confirmar el vuelo y la magnitud de esta discografía, corta pero exquisita, y que ojalá mantenga una progresión tan intachable y acertada en los próximos años.

Escrito por
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