Villamanuela Viernes, entre la violencia más ruidosa y la vergüenza ajena

FAT WHITE FAMILY - VILLAMANUELA

El Villamanuela de Madrid se ha convertido en tan sólo unos años en uno de los grandes festivales de la capital. Concretamente este 2015 han consumado un cartel de lo más interesante que supera con creces a casi todo lo que se ofrece en Madrid, en unas fechas interesantes, y en una localización “ideal”. El entrecomillado es por dos razones; el reparto de salas, horarios… Y el público, que definitivamente el viernes dejó de rozar lo irrespetuoso para saltar de sobra la línea de lo molesto sin ningún tipo de remordimiento. Ante un ambiente de fiesta y celebración que debería ser una reunión tal de nombres internacionales, algunas personas se empeñan en crear un malestar general durante cada concierto.

La tarde-noche comenzó con Fat White Family (prontísimo, incomprensible un directo tan intenso a las ocho de la tarde) y con el público aún bastante aletargado, el 70% del show de los británicos -y decimos show, porque no decimos concierto- es su líder Lias Saudi, que como era de esperar apareció más colocado que toda la audiencia junta y mientras la banda tocaba Autoneutron, comenzó con un esperpéntico ritual medio sexual y perturbador, cantando con las babas colgando, rompiendo un vaso contra el suelo, bajándose al público a tratar de crear algo de pogo entre tanto estatismo, o simplemente tratando de agredirlo, o lanzando el trípode del micro también. Saudi es una especie de mártir que se acerca a la gente de a pie, y trata de provocar el odio supremo de todo el que viene a verle con el objeto de contagiarle del espíritu punk que tan acertadamente mueve su banda. La otra gran baza de Fat White Family en directo es el suntuoso y oscuro bajo, que guía las canciones con solvencia, mientras el resto de integrantes se dedican a imitar a Lias Saudi pero con un toque menor de decadencia. El directo duró apenas 40 minutos, y cerró sensacionalmente. Los británicos tienen un duende para las actuaciones en vivo, y lo exprimieron alcanzado su clímax poco antes de terminar con Touch the Leather y un público que sí que celebraba un tema de forma apasionada, pero al final quedó cierta sensación de vacío directamente relacionada con la falta de entrega de los allí presentes (con excepciones).

A continuación pudimos ver a ESG también en el Teatro Barceló, con un excepcional directo, rítmico, divertido, bailable, desenfadado… Hasta para el que no conociese a las norteamericanas pudo ser sensacional, pues su aire tremendamente moderno pero con toques tribales y meramente cutristas recordaban a los Talking Heads más desinhibidos, e hicieron bailar sin muchos complejos a toda la sala durante una hora, ayudadas también por los litros de alcohol y el aderezamiento general que ya empezaba a palparse. Fue sin duda un placer tener una banda tan determinante y con tanto rodaje en el festival, y además la cercanía, la experiencia y la soltura con la que se manejan son ya de por sí bazas suficientes.

La siguiente opción lógica era hacer cola (¿?) para entrar en la sala Siroco a las 23 a ver a Matana Roberts (otro horario un poco polémico) con un set de lo más intimista, cercano y experimental, que hubiera sido ideal si no fuera por que una sección de los asistentes decidió que estaba en un bar y que se iba a poner a charlar -hablo de un 30% del público- y cada vez que se pedía silencio, cesaban momentáneamente para luego seguir hablando y volviendo al tono anterior, como si alguien les obligase a estar allí. Del set, destacar la cercanía de la artista, y esas escalofriantes secciones de saxo que se volvían de los más “trippie” si uno se lo permitía (y los demás también). Sorprendente también fue el equipo de seguridad, con una agresividad y un trato de lo más fieros hacia alguien que metía una lata o encendía un cigarro, pero con un trato indiferente ante todos los que tenían un comportamiento disruptivo para los conciertos, pero que consumían.

Otro de los grandes atractivos de la noche eran los dublinenses Girl Band, que presentaban su debut Holding Hands with Jamie, con Dara Kiely con muletas, al frente de la banda con la figura totalmente partida y una entrega que nos es extrañamente familiar y podría recordar a otros muchos vocalistas auto-torturados de los géneros oscuros que hemos visto en las últimas décadas. El líder es una mezcla ideal y bipolar entre algo sensiblero e inseguro, repeinándose, tocándose la camiseta, que con su rostro adolescente recuerda a Justin Bieber, y un punto de agresividad loca y desenfrenada a lo Kurt Cobain, con una presencia brutal y descompensada por su actual lesión. Su voz tiene tres tonos que recuerdan mucho a los de un loco de hospital psiquiátrico (estuvo ingresado recuperándose en uno) puede pegar alaridos, hacer un desconcertante falsete, o hablar en un tono casi recto como quien habla consigo mismo o por mera paranoia. El directo de estos tipos es salvaje, vertical, predecible en el modo más placentero posible, y divertido, esa especie de cha cha chá que bailaba el público en Lawman choca con el salvaje beat de su cover de Why They Hide Their Bodies Under my Garage, que se convirtió en un beat housero y catárquico con (casi) todo el mundo agitando sus cuerpos de forma espasmódica. Además todas sus canciones del disco funcionan en directo, la contundencia y fiabilidad del grupo le dejaba a uno la real sensación de estar viendo algo con muchas posibilidades de relevancia en el futuro, más allá de las que ya tenga. El único punto negativo volvió a ser el público, que inexplicablemente trataba de hablar entre los alaridos de Kieli y las imparables distorsiones de la guitarra y el bajo (¿de que te puedes poner a hablar en un momento así?).

Después para salir de la sala y volver a entrar (fumar, tomar el necesario aire, disfrutar de un metro cuadrado de espacio…), cualquier poseedor de abono debía hacer la cola, como si de la puerta de un concierto cualquiera se tratase, pero en una sala ya abarrotada, que rozaba el colpaso con 70-80 personas fuera, con sus entradas pagadas. Esto dio lugar a ciertas (y comprensibles) tensiones, puesto que la Siroco no estaba preparada para acoger la cantidad de personas que acudieron este viernes a ver a las bandas que allí tocaban.

Este viernes en el Villamanuela fue acertadísimo de cara a la sección artística y con fallos importante en la parte organizativa, que no parece haber solventado tan bien sus labores administrativas como su cartel.

Foto: Twitter / Villamanuela

Escrito por
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