Vetusta Morla hace historia en Madrid

Vetusta Morla Madrid

Pocas veces sabes que algo va a ser histórico antes de que ocurra. Lo de Vetusta Morla en Madrid este sábado ha sido una de ellas. Ya apuntaba a ser memorable cuando anunciaron que el recinto sería la explanada de la Caja Mágica, un espacio solamente utilizado antes por los festivales de gran formato, Mad Cool primero –en 2016 y 2017– y Download después –este año será su segunda edición allí, y de hecho, se podían ya ver algunos de sus escenarios ya preparados para este fin de semana–. Antes de estos festivales, musicalmente sólo Lenny Kravitz se había atrevido a estrenar el recinto, pero se conformó con un concierto en la pista central, con un aforo de 12.500 personas que no consiguió anunciar entradas agotadas.

Para este de Vetusta Morla fuimos 38.000 presentes –o sabios reunidos en consejo, como lo prefiera usted llamar– los que compramos todo el papel con más de una semana de antelación. Y esto se convierte en un hito ya no sólo porque estrenen el asfalto del multiusos como concierto individual, sino por ser el primer grupo independiente que consigue reunir tantos miles. Tampoco nos hagamos los sorprendidos, porque la banda lleva ya unos años siendo pionera en la materia del directo entre los grupos que la rodean: desde conciertos en formato electro-acústico-sinfónico hasta ser los primeros indies españoles en llenar el Palacio de los Deportes de Madrid –ahora WiZink Center, entonces Barclaycard Center–. Y tantas ganas tenían de batir récords que hicieron tres palacios en menos de lo que tardaba 2015 en acabarse. Ahora, son también los promotores del que se ha conocido como “su propio festival”, con tokens, food trucks, diversas barras, baños, zonas VIP y más puestos de ONGs que de merchandising.

Quedamos entonces en que uno ya era consciente de a qué había ido, y si sumamos que el grupo jugaba en casa, la importancia era aún mayor. Pocos eran los que esperaban en el Camino de Perales su entrada al recinto sin comentar los nervios previos. El que no había asistido desde otros rincones de España llevaba años viendo sus conciertos en la capital o, al menos, sintiendo los ecos de los mismos. Y que no empañe la crónica de una noche mágica, pero que tampoco se pase por alto, la carente coordinación o asistencia por parte de los organizadores.

Dicho todo esto, sabemos en qué sitio se encontraba Vetusta Morla y tras el concierto, conocemos a qué lugar querían llevarnos. Muy emocionado, Pucho comentaba que este disco, Mismo sitio, distinto lugar, les había llevado «a transitar por un pasado hasta llegar a nuestro fin, la música», ese fin con el que habían comenzado su carrera de ya más de veinte años. Acertadísimo en sus discursos hasta cuando eran sólo expresiones gráficas –al llegar al escenario sus tres pantallas nos recibían con un “sólo SÍ es SÍ”–, habló de refugiados, de desahucios, de feminismo, de la industria musical y de Vetusta Morla como algo más que una banda de seis personas, más bien como un gran equipo al que mencionó uno a uno tomándose su tiempo. A los artistas no sólo les hacen grandes su trayectoria, sus temas y su puesta en escena, también actitudes como esta.

La inclusividad de Pucho va más allá de los discursos. Si ya las propias canciones desde el estudio son capaces de provocar reacciones respecto al mundo que te rodea –¿quién no se indigna escuchando Golpe Maestro?–, estas cobran espíritu y hasta cierto empuje reivindicativo cuando se cantan en masa y con el puño en alto: en ocasiones te sientes como en una gran manifestación, con otras treinta y siete mil novecientas noventa y nueve personas más alzando la voz por algo en lo que verdaderamente crees. Por eso detalles ocurrentes como cambiar los taxis de la letra de Fiesta Mayor por ubers y cabifys, tararearle al público que “la deriva aquí está” o compartir la petición al apuntador de “denos la voz”en Valiente crean un vínculo atmosférico y una sensación terrenal con la banda: nunca se han aislado de periódicos y telediarios, ni van a hacerlo tras alcanzar el rango de multitudinarios. Traspasando la lírica, la inclusión también es evidente en sus gestos. Todavía no le he visto en un concierto en el que no trate de alcanzar a la gente con sus brazos o intente hechizarlos moviendo las manos, demostrando saber que estás ahí, que no eres un mero espectador.

Sobre el escenario, el espectáculo estuvo cuidado al detalle. Las imágenes de vídeo fueron un sobresaliente en oportunidad: moscas para La Mosca en Tu Pared, una mecha en Pirómanos y hasta Major Tom y David Bowie hicieron aparición durante La Vieja Escuela. Una narración en cómic pop art del argumento de ‘Palmeras en La Mancha‘ mostrada en gigante en las pantallas hizo a la banda parecer diminuta durante cuatro minutos, y una pareja de cartón bailando un vals sobre un pequeño tocadiscos apoyado en un teclado les hizo enormes al interpretar con tanta delicadeza el vals de 23 de Junio. Maldita Dulzura y Al Respirar fueron algunas de las que sonaron exquisitas, y el instrumental estuvo impecable y perfeccionista. Todo lo que no resultaba frágil, retumbaba enérgico. Mapas fue cantada por Pucho desde abajo, recorriendo el pasillo técnico que separaba la multitud, y en Te lo Digo a Ti David Broncano saltó de entre bambalinas tirando de unos brazos larguísimos como en el videoclip. Aunque es evidente que todos los temas tuvieron su mimo, ninguno tuvo los arreglos que sufrió uno de los mayores emblemas de la banda, Sálvese Quien Pueda, que pasó por un remix electrónico. Sí que se echaron de menos algunas de las canciones de los primeros discos, ante un Mismo Sitio, Distinto Lugar tocado íntegro y un gran predominio de La Deriva. Sin olvidar que la fecha no dejaba de ser la de un concierto de presentación en directo del último álbum, la ocasión especial hubiera merecido un vistazo más amplio a los distintos sitios por los que Vetusta Morla ha pasado.

Dice Consejo de Sabios que “caerán los imperios, caerán los estadios”, casi como una premonición del pasado sábado en el que no ha habido recinto cerrado que pudiera retener a los seguidores de Vetusta. También se parafraseaba Pucho con un “sin un sólo talismán, es un milagro” el llegar hasta aquel sinfín de personas. Y nosotros podremos decir que “ha sido mágico” poder presenciar historia de la música en vivo en nuestro país, y haber formado parte de ella cantando cada coro y cada acorde en una noche de San Juan sin hogueras, pero con miles de llamas encendidas y un mismo fuego que ojalá no se apague nunca.

Fotografía: Vetusta Morla.

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