TR/ST en Barcelona, hedonismo synth en la oscuridad

Faltaba poco para las nueve y media de la noche, y la segunda sala de Razzmatazz cada vez lucía más llena. Hacía tiempo que TR/ST no visitaba la ciudad condal, hacía mucho de aquel Caixa Forum y de su primera vez en el Sónar. Así que estabamos ansiosos de ver que nos traía de nuevo Robert Alfons.

Este largo tiempo de descanso que se tomó el grupo fue por la intensidad que vivió en sus dos primeros trabajos (TRST y Joyland). En poco más de un año publicó los dos, hizo cada una de las giras, y el artista canadiense necesitaba reconectar con su vida. Así que se tomó un descanso y, con la calma, empezó a trabajar en su siguiente disco, The Destroyer, que se publicará ahora en 19 de abril.

Y, en este parón, sin ninguna duda, recuperó las fuerzas. Lo pudimos comprobar ayer en Razzmatazz. Fue salir al escenario y la sala se inundó de una fuerza extática que contagió a los asistentes, dándoles energía y calor como si de la misma droga se tratase. Además de cantar, Alfons se convirtió en el auténtico protagonista de la pista de baile que él creó. Antes de terminar la primera canción, Razz ya se había transformado en uno de los Pubs Gays canadienses que frecuentaba Alfons y que lo inspiraron para crear TRST.

El placer era palpable en todos los movimientos y sonidos, marcados por los beats incisivos de la batería. El hedonismo ha sido siempre uno de los elementos conductores de la música de TR/ST. La inspiración, los mensajes, las interpretaciones… La transmisión de las emociones es puramente sensorial: la música y las luces eran los propulsores del éxtasis interno que llevaban a los oyentes a otro universo. Alfons tomaba las riendas de un carruaje synth que nos llevaba al corazón hedonista de la oscuridad. El placer era absoluto.

TR/ST tienen esa magia de llevarte a un mundo oscuro y hacerte sentir cómodo en él. Su electrónica gótica, heredera y mezcla de Depeche Mode, Cocteau Twins y The Cure, te hacía saltar y sudar sin parar. Con la magnética voz de Alfons como guía, las tristezas internas de cada uno encontraban la válvula de escape de la propia mente, transformando los estímulos negativos en movimientos impredecibles y frenéticos que iban al ritmo de la música.

No faltaron los últimos singles de su inminente nuevo disco, cómo Colossal, Unbleached, Grouch y Gone. De la misma forma, cantó dos canciones nuevas, que aún no conocemos el título, y que también formarán parte del The Destroyer. Pero los momentos en los que Razzmatazz vibró más fue cuando recuperó sus temás más primerizos, como Bulbform, Shoom o Dressed For Space. Y la fiesta acabó con un gran clímax protagonizado por Gloryhole y la magnífica Sulk.

Ayer Robert Alfons brilló con una fuerza y un carisma arrolladores. El espectáculo tuvo un ritmo progresivo, con un final que, aún y estar cansados de tanto saltar, el masoquismo se apoderaba de ti y querías más. Si aún estáis a tiempo de ir hoy al concierto que dará en Madrid, no lo dudéis. Id.

Foto: Ferran Cano

Escrito por
Más de Ferran Cano

‘The Voyager’, así se llamará el nuevo álbum de Jenny Lewis

Desde que sacó su segundo disco en solitario el 2008, Acid Tongue,...
Leer más