The Pains Of Being Pure At Heart: energía rebosante en un contenedor inestable

Fecha: 13 de Enero de 2012

Lugar: Razzmatazz 2 (Barcelona)

Una actitud encomiable la del estos llamémosles ex shoegazers de Nueva York: abrieron y cerraron con la apertura y cierre, respectivamente, de su segundo largo Belong y, al contrario que en la presentación del disco en la sala Apolo de hace menos de un año, ya no se miran los zapatos (metafóricamente hablando) cuando salen al escenario. Toda una declaración de intenciones por partida doble: Belong es un paso adelante, enérgico, maduro, perfectamente trabado, con una dirección bien definida y que, a juzgar por los demostrado en esta gira, muy bien meditado, sin improvisaciones, con las riendas bien tomadas y dirigidas por Berman, Wang y compañía; y, por otra parte, en directo, han aprendido a salir a buscar al público y no encogerse sobre las tablas. Han madurado, sin lugar a dudas. Aun así, parece que no han conseguido dominar el nerviosismo que antes los atenazaba, y si el año pasado se los vio cohibidos hasta que se convencieron de que el público realmente los estaba arropando (y el cariño con que se los acoge en este país merece casi un artículo aparte), en esta ocasión el ansia de agradar los ha llevado al polo opuesto: capturar al respetable desde el primer compás provoca que el ruido y el apresuramiento machaquen los matices y las sutilezas que brillan en la discografía de los Pains y que los hace destacar por encima de otros coetáneos.

Pero estos detalles parecen no importar a un público joven que recibe a los Dolores de Ser Puro de Corazón con cariño y entrega incondicionales (remitámonos a ese artículo inédito que comentaba antes para entenderlo). La sala 2 del Razzmatazz estaba bien predispuesta, y eso favoreció también a la acogida favorable que experimentaron los Ruidoblanco entre los que decidieron empezar el fin de semana ya con los teloneros. Apuntad el nombre de esta jovencísima banda barcelonesa: con un sonido deudor de Los Piratas, y con una canción, Palabras, en colaboración con Iván Ferreiro, en ese debut titulado Midiendo el tiempo con canciones, demostraron tener un empaque, una pegada y una compenetración nada habituales en una formación debutante con unos miembros tan jóvenes, y una desenvoltura exenta de complejos. Esperamos y deseamos que en el futuro conjuguen su sonido de pop épico y eléctrico con un discurso propio que los desmarque de sus referencias.

Y a las 21.45h, con una muy buena entrada, saltaron los cinco chicos de The Pains, todo sonrisas, saltando a buscar la victoria como si Pep Guardiola los hubiese arengado en el backstage. La tríada inicial, Belong, This Love Is Fucking Right! y Heart In Your Heartbreak, fue de campeones del mundo: guitarrazos impúdicos, despiadados, descarados, un maná de energía nuclear en una vasija que se resquebrajaba por los monitores y los altavoces. Sí, al público se lo ganaron de calle, pero ya en Heart In Your Heartbreak las voces de Berman y Wang se perdían en una muralla sónica que apuntaba más a My Bloody Valentine que a Teenage Fanclub pero sin control en la salida vocal, que también afectaba a la amalgama con la que Peggy Wang-East conjunta y suaviza las aristas eléctricas de Kip Berman y Connor Hanwick.

Con The Tenure Itch y Heaven’s Gonna Happen Now parecieron recuperar la senda del sonido más pulcro, pero enseguida volvieron a retomar la contundencia con Come Saturday, Young Adult Friction y Teenager In Love, sacrificando los detalles por la fuerza. A Terrible Friend supuso la muestra más escalofriante, con un Berman completamente desafinado, incapaz de recuperar el tono a causa de la apisonadora sónica que tenía a sus espaldas.

Aun así, el cierre, con Everything With You y The Pains of Being Pure at Heart, los vio henchidos de confianza, dejándose querer. Una breve pausa, un Contender con Kip Berman en solitario, rasgando y entregando su mejor versión vocal, y cerrando la hora escasa de concierto (lo que dan de sí sus dos largos; no hubo en ningún momento sensación de escamoteo) con Say No To Love y Strange.

A pesar de los problemas de músculo, la noche se saldó con satisfacción por parte de todos, banda y público, la ilusión de una historia de amor entre ambos en la que la entrega es mutua e incondicional. Lógico para un grupo cuyo talento melódico está fuera de toda discusión, y que a su discurso melancólico imprime toneladas de ilusión y optimismo.