Sufjan Stevens en Madrid: El hijo prodigio de “Carrie & Lowell”

Foto: Sergio Albert.

 

En otoño, al menos a mí, me apetecen giras de esas que te llenan el alma. Fuera del bucle veraniego de los festivales, uno quiere sentarse, dejarse ser absorbido por la música, que te devoren el alma. La noche de ayer, adelanto, fue una de esas en las cuales sales del recinto elevándote diez centímetros por encima del suelo, lleno de paz interior.

Sufjan Stevens venía a España y a Madrid, doble motivo de enhorabuena ya que era la primera vez que visitaba la capital. Tras firmar un disco imponente en este 2015, ¿Cómo no nos íbamos a atrever a a vivirlo en nuestras carnes?

Carrie & Lowell, es la historia de la vida. No de la mía ni de la tuya, sino de la de alguien, además de la propia vida de Sufjan. Una vida nada fácil de llevar, una relación compleja entre sus antecesores donde este artista ha sabido exprimir vivencia a vivencia y las ha condensado en letras honestas, cercanas. Podría haberse consagrado sacando un pelotazo como Chicago pero el cuerpo le pedía sincerarse consigo mismo y su entorno y le salió esta deliciosa obra intimista y cercana, como un cuadro hiperrealista. En su momento ya os contamos lo mucho que nos gustó este trabajo: https://www.crazyminds.es/discos/sufjan-stevens-carrie-lowell/

Al contrario que la gira que le trajo por aquí en 2011, la estética acontecía ser menos ornamentada, más liviana. Sus conciertos han perdido toda la festividad del mundo, pero a cambio, nos regala la armonía y la pureza de la música en bruto. Es como la alta gastronomía, un plato puede llevar toda la decoración del mundo pero al final elegimos el que usa la mejor materia prima. Esto es ahora la actitud de este eterno joven con la mirada de un crío pero la madurez musical de hace siglos.

Austra, los teloneros canadienses que le acompañaron estuvieron bien, nada que ver con lo posterior, pero aceptables.  No les voy a exigir nada más.

El concierto se abrió de forma delicada con Redford, sin mucho preámbulo, desgranó las piezas que componen este sentido Carrie & Lowell donde su mirada y su concentración hacían alarde de lo mucho que le toca el corazón abrir sus sentimientos a todos los asistentes. Durante gran parte del conciertos se mostró distante, pero en esta ocasión no se trataba de un acto de egocentrismo como proclaman otros artistas sino que era pura concentración.

Death with Dignity y Should have known better fueron las siguientes, el silencio sepulcral (salvo por el 1% que no quiere respetar la música en vivo y su presencia allí era totalmente provocada por lo bien que queda decir lo que hiciste anoche) mezclándose con explosiones de aplausos espontáneas que le hacía tímidamente esbozar una sonrisa. Realmente aprovechó de lo lindo para presentar gran parte de este último largo, lo cual nos parece correcto, cumplió el cometido.

La música paseaba por cada rincón del Circo Price como esa niebla baja del mes de noviembre se cubre las calles y tiende a subir hacia arriba, escurridiza y espesa, que te atrapa. La grandiosa acústica del recinto ayudó totalmente a distinguir cada instrumento, a disfrutar de la maestría de Sufjan y su equipo, sus grandes aliados. Se podía sentir el vibrar de los metales, cada tecla pulsada en el piano.

Canciones como Fourth of July colaboran a elevar su directo a los altares más sibaritas de este mundo. La puesta en escena, sencilla pero enriquecedora, volcando imágenes llenas de una belleza digna del mejor perfil de Instagram. Inspiración al servicio de la mente humana.

Hasta el bis fue un ir y venir de emociones sinceras, que golpean en la cara con la mano abierta. El sonido era impecable, la atmósfera creada, de la cual nunca jamás querrías salir. Y sonó Vesuvius, rompemos en aplausos. Hacía siglos que no escuchaba unas ovaciones tan honestas y arraigadas con las que ayer brotaban.

Se despidieron del escenario por unos minutos tras finalizar con un Blue Bucket eterno y ensoñador, donde la parte musical se llevó todo el peso protagonizando un sinfín de melodías, giros. Diez, quince minutos de locura musical, teníamos el alma extasiada. En acústico o con banda, todo era increíble.

Con cambio de ropa incluido ya que iba especialmente sobrio para la ocasión, presentó a la banda y se deshizo en halagos respecto al conciertos y sus impresiones. Sufjan, el hijo de Carrie & Lowell, se quitaba el cascarón y se acercaba al público por primera y única vez, ¿Y para qué más? Fue un abrazo sincero por su parte, como el del viejo amigo al que no escribes pero a que cuando ves, le romperías las costillas de un achuchón.

Ante esta franqueza, nos dejó disfrutar de un puñado de canciones más, fueron dos horas muy bien aprovechadas. Ufo, to be alone y por supuesto Chicago completaron su dilatado repertorio, cerrando de forma brutal. Me cuesta elegir siempre mi concierto del año, pero éste, creo que apunta a esta en lo alto de la tabla, por la carga emocional, por la calidad del sonido y sobre todo porque las cosas bien hechas y que se hacen desde dentro ruedan solas.

No sabemos si el concierto de Barcelona fue tan redondo pero en lo que concierne a Madrid, el binomio magia se liga desde ya al cantante norteamericano. Histórico. Qué honestidad. Qué belleza.

Gracias Carrie & Lowell por regalarnos a Sufjan Stevens. Gracias por inspirarlo.

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