Sharon Jones o la madurez de la magia soul

SHARON JONES

Fecha: 13 de marzo de 2012.

Lugar: Teatro Circo Price (Madrid)

Foto: Carla Mir (cedida por Heinekenpro)

Sharon Jones deslumbra, y lo siento por los escondidos que cantan mientras conducen un camión o barren las calles. Lo siento y me alegro por ellos también, ya que Sharon también “learned the hard way”. No sé mucho de soul, ni de funky. Me gusta como el flamenco, a ratos; pero a ratos clave, muy especiales.

A ras de grada en el Teatro Circo Price de Madrid, los Dap-Kings -dos coristas, una bajista, un percusionista, un batería, tres vientos y dos guitarras-, una decena de músicos, calentaban motores desde poco después de las 21 horas. Quince minutos de expectación, presentaciones, entretenimiento y nervios. Y de rojo brillante aparece poco a poco y con ritmo Sharon Jones. Enérgica, baja y con 55 años de avatares y vidas vividas. “Va a ser una noche larga, Madrid”, y no se quedó corta –dos horas de concierto-. Los Dap-Kings son fieles a Jones, replican y contestan a sus llamadas. Un fondo rojo opresor lo envuelve todo. Va a desgranar poco a poco Soul Time!, intercalando temas de anteriores entregas como I Iearned the hard way, ni la banda ni el público pueden parar.

La de Georgia conquista el terreno poco a poco, de manera sutil. Lo hace interpretando piezas de lujo como New Shoes, He said I can o Without a Trace. Entre joyas atemporales nacidas del alma, Sharon habla, es más, no calla; pero canta a la vez. De su garganta salen recuerdos al cáncer, a su madre, a las calamidades…a que es difícil una vida siendo “too black, too short, too fat”, pero que a pesar de todo no es imposible alcanzar los sueños. Comentarios que dan paso a Longer and stronger.

Un concierto misceláneo en el que hay tiempo de patalear. En Money ya se adivinaba una pancarta triple que, desde el público, alentaba a que dejásemos de pagar impuestos. Papel que había pasado de la música de Sharon Jones a las manos de unos seguidores, y que ahora estos devolvían el mensaje. Efectivamente la siguiente fue What if we all stopped paying taxes?, con furia y garra, como cuando en How Do I Let a Good Man Down –canción de su disco NaturallySharon invitó a un fiel a subir al escenario. Al recibir la negativa de los vigilantes, Jones lo permitió y el espontáneo se marcó unos bailes.

Con ello el ambiente ya estaba muy caldeado y surgió una extraña comunión, en contra de todo, entre artista y público. Largos finales y presentación de una banda brillante con coristas que cantaban preguntando la hora. Más taconeo y otro gran tema: 100 days, 100 nights, del álbum del mismo nombre. Aplausos y despedida momentánea. La banda sigue tocando y sus miembros también se marchan.

Vuelven y Jones recuerda que está de visita en “Spain”, un país con mucho “sunshine and a little bit of rain”. Tres grandes de la canción fueron recordadas por Sharon. La primera, Amy Winehouse, en la guitarra de Binky Griptite y la voz de Sharon en You know i´m no good. La segunda gran diva de la canción en recibir el “rest in peace” por parte de fue Etta James. Pero sin duda a la que más tiempo dedicó fue a Withney Houston. Un recuerdo amargo, dulce y divertido en el que no se perdió ocasión de imitar su estilo al cantar, contar o imaginar historias.

Y un último recuerdo, hilarante y divertido, dedicado a su madre justo antes de comenzar a cantar Mama don´t like my man, tema que Sharon Jones terminó descalza y con un cable que hacía una onda y sugería que dos horas de soul son suficientes para estar contentos al menos una semana, pero probablemente hasta que volvamos a verla en vivo.