Inicio Conciertos Robyn Hitchcock en el Teatro Lara (Madrid).

Robyn Hitchcock en el Teatro Lara (Madrid).

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Con algunos asientos libres comenzó el concierto que ofreció Robyn Hitchcock en el siempre acogedor teatro de la Corredora baja de San Pablo. Porque tanto por sus reminiscencias, como por el estado del edificio, cada concierto en el Teatro Lara de Madrid es especial. Un decorado sintético -verde con flores rosa pálido, emulando una de las casas estadounidenses al más puro estilo años cincuenta- fue el marco idóneo para este solitario cantante inglés. Guitarra en mano se aproximó a muchas de las canciones –no todas- que definen una carrera brillante.

Las seis cuerdas de su acústica sirvieron para calentar motores. Para el segundo tema, este de The Soft Boys, Only the stones remain, el inglés ya trató de colocarse su armónica; pero nada, el instrumento para sujetar la armónica –ese al que nadie sabe poner nombre- estaba roto. Hitchcock supo sustituirlo con humor y recurrencia, y tomamos ambos como hilo conductor del concierto.

La tercera fue una tranquila Queen Elvis, para la que se volvió al trucaje de suplir el espacio entre armónica y guitarra por una infantil sucesión de números -1,2,3,4,5,6,7,8,nueve-. Hitchcock se aproxima a su botella de agua y lee con acentazo inglés que es “sin gas”. Bromea: “y sin cangrejo, y sin dos cangrejos”. Suena Saturday Groovers, de otra de sus formaciones –The Venus 3-. Pregunta a una cercana audiencia cómo se dice young en español. Al oír la traducción, el cantante pregunta: “¿y mañana qué es?”; alguien contesta “jueves”, y matiza la diferencia entre “joven” y “jueves”. Explica que Saturday Groovers es de los tiempos mozos y se arranca. Muy ameno.  Tras esta vuelta a los orígenes, una de su época con Egyptiams: con I´m Only you nos trasladamos a una atmósfera oriental muy cercana a los últimos Beatles. Él también es un clásico. La comodidad se huele y una luz de las ventanas del decorado queda definitivamente encendida. Hitchcock, tan bien iluminado, luce sus casi 59 años con una melena blanca. Tiene cara de joven, como si la canción hubiera hecho efecto. Con I´m falling encontramos otra vuelta de tuerca a las canciones con The Venus 3, caemos en esa decadencia de las que pronto nos rescatará la genial The full moon in my soul. “En italiano es ánima, en español alma”; y esta canción es una buena prueba del talento del vocalista, que modula la voz hasta hacerla gravísima para después tornar a dulce. El cambio del suave ritmo refleja el espíritu que baila entre el folklore y todo lo que se ha hecho después del punk. Muy en una ola cercana en la que reina, se me ocurre, Lou Reed.

Dismal city como retrato inglés, llamando a Lennon y McCartney…”I´ve got England in my face” matiza la canción junto a otras geniales alabanzas a esa tierra y esa ciudad tan lúgubre de la que tantos se sienten orgullosos. Después Madonna of the wasps, o como traduce Hitchcock: la virgen de las avispas. Y de manera casi inmediata la vuelta al eterno cuestionamiento, a las preguntas de siempre en este tema oscuro que al sonar casi desnudo deja un fuerte sabor agridulce, o mejor, bittersweet -que no sé cómo se dice en español-. Una surrealista I often dream of trains y el siempre simpático Robyn, en un plano que podemos contextualizar con una camisa de cuadros en blanco y negro, nos recuerdan que no queda mucho y que muchas veces lo bueno, si breve, dos veces bueno. De hecho Up to our nex cierra el recital con ese sabor a Primal Scream.

Hay tiempo para bises, aunque esta vez sin micrófono ni amplificador y con la guitarra en las escaleras que van a dar al patio de butacas. Suenan la dylaniana Olê Tarantula! –incluida en ese recopilatorio tan plural del Faraday 2008– y Cynthia mask, un recorrido sonoro por los mitos del pasado siglo XX.

Seguimos aplaudiendo y Robyn baja a las butacas. Dice “hay que seguir a ese joven”. De repente nos reconocemos en el hall del Lara, en el que hay un piano; antes hemos tenido que recoger y seguir a Robyn. Muchos piensan: después de esta salimos con él a la calle a cantar en las calles de Madrid. Golpea las teclas muy al estilo Elton John y comienza Flavour of night, un único regalo final. Momento excepcional. Después recoge, se va al baño y el concierto se da por terminado sin necesidad de encender las luces ni poner música de otros grupos en esta noche dedicada en exclusiva a Robyn Hitchcock.

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