Paraíso Festival: el festival premium es posible

El pasado fin de semana tuvo lugar en Madrid uno de los eventos más interesantes del año: Paraíso Festival. Dentro de las instalaciones del campus de la Universidad Complutense, con un aforo limitado a 15.000 personas y varias propuestas que sobrepasaban lo musical, la cita se antojaba imprescindible, en especial para los amantes de la música electrónica.

Empezaba mal la jornada del viernes, pues se produjeron problemas en los accesos y tuvieron que intervenir los bomberos a consecuencia de las lluvias caídas en Madrid durante el día, lo que provocó un ligero retraso a la hora de permitir la entrada al recinto y por un momento se formaron grandes colas. Por fortuna el problema se subsanó pronto al cesar la lluvia, que no convirtió el lugar en un auténtico barrizal en parte debido al controlado aforo que transitaba la explanada.

La británica Kelly Lee Owens fue la encargada de estrenar el escenario principal con una interesante propuesta a medio camino entre el dream pop y el techno, su set se movía entre lo bailable y lo espectral, echando a andar el festival con pie derecho.

Todo hacía imaginar que los que quisieran seguir a Apparat en la carpa del escenario club tendrían que perderse el set de Rodriguez Jr. and Liset Alea, pero por suerte se vió que el tema del aforo solucionaba mucho estas cosas a la hora de la movilidad. Inevitablemente, la carpa se llenó de gente que esperaba ansiosa la actuación del alemán, porque estaba claro que aunque fuese en formato DJ set, Sascha Ring era uno de los grandes reclamos del festival y su sesión acabó dando lugar a las primeras muestras de éxtasis colectivo.

A partir de aquí empieza lo que podríamos llamar la noche islandesa, porque con el permiso de Apparat, la primera jornada del festival se acabaría recordando por las actuaciones de Gus Gus y Kiasmos, ambos en riguroso directo. Formados en la actualidad por Stefan Stephensen y Birgir Borarinsson, Gus Gus dieron una espídica actuación propia de un gran festival mientras presentaban su nuevo álbum Lies Are More Flexible (Oroom, 2018). Una actuación a la altura de lo que todo el mundo estaba esperando: el live set de Kiasmos.

Ólafur Arnalds es una de las figuras imprescindibles de la música experimental y un viejo conocido para los festivaleros españoles. Si ya era magna su presencia en solitario, la sinergia que forma con Janus Rasmussen ha acabado por crear a largo plazo uno de los grandes referentes de la música electrónica contemporánea, lo que por un momento convirtió a los madrileños que se acercaron a Paraíso en unos auténticos privilegiados.

La noche se cerró con Hot Chip, que llegaban a Madrid en formato DJ set con su Hot Chip Megamix, el cual presentarán en unas semanas en el BBK Live. Aunque sabíamos que no era una actuación al uso de la banda neoyorquina, no podemos evitar pensar en la puesta en escena que en otras ocasiones les ha acompañado y que los convierte en uno de los grupos más divertidos de ver en directo. Aun así fue un muy buen cierre a la altura de un día perfecto.

La segunda y última jornada del festival fue claramente la de las mujeres. En el escenario Club, Delaporte metía la fiesta en el cuerpo al nutrido grupo de personas que se acercaron a la carpa a ver cómo el duo ofrecía una gran actuación, donde el autotune y los samples regaban un jardín de electrocumbia que funcionó muy bien como apertura de la jornada de sábado. Mención especial a la interpretación del Cariñito de Hijos del Sol que también versionaran Novedades Carminha.

Mientras los americanos Tune Yards metían el ruido en el cuerpo a los que se acercaron al escenario principal, el turco Cumhur Jay, de los Zombie Kids, hacía las veces de telonero del británico Sam Shepherd, más conocido como Floating Points. Suyo fue el mismo slot que el día anterior quedaba reservado para Apparat y eso ya dice bastante de él. Ambos artistas son piedras angulares de la música electrónica de está década y unos muy buenos puntos de partida para iniciarse en este tipo de música. Que su actuación en el festival iba a ser un éxito estaba fuera de toda duda.

A estas alturas se producía un triple solapamiento de propuestas interesantes entre Roísín Murphy, Lovebirds y Palms Trax. A pesar de que la mayor parte del festival decidió moverse entre las actuaciones de Floating Points y Roísín, en esta ocasión optamos por dejar de lado el escenario principal, que a tenor de lo que cuentan sus asistentes vivía uno de sus grandes momentos, con la actuación de una artista acostumbrada a pisar el escenario principal de grandes festivales como el FIB.

Damian Lazarus and The Ancient Moons recogían el testigo de una de las grandes actuaciones del festival. No sé si sería por lo alto que dejó el listón la vitalidad de la irlandesa, pero su propuesta más cercana al house con toques soul no pareció conectar con el respetable de la misma manera que las actuaciones precedentes.

Guy Gerber y Acid Pauli terminaron de poner la guinda a un festival que ha dejado muy buen sabor de boca en lo referente a lo musical y donde se ha visto que, en ocasiones, sacrificar ciertos aspectos en lo lucrativo de cara a facilitar la experiencia a los fans puede resultar en el bien común. Que tomen nota los demás.

 

 

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