Medicine Boy desgranaron su hipnótico dream noise en Madrid

Medicine Boy
Medicine Boy en El Perro de la Parte de Atrás del Coche. Fotografía de Adriana Martín

Cuando una banda se define a sí misma como “dream noise” últimamente una ya no sabe bien qué esperarse. Y, sin embargo, hay algo en las agobiantes melodías de los sudafricanos (afincados en Berlín) Medicine Boy que me ha atrapado desde la primera escucha. ¿Es la habilidad con la que alternan la voz femenina con la masculina a lo largo de sus discos? ¿Son las referencias nada disimuladas a los Bad Seeds o a los momentos más claustrofóbicos de Black Rebel Motorcycle Club? ¿O es que sencillamente me gusta la música con un toquecillo enigmático y deprimente? Sea lo que sea, el concierto de Medicine Boy en El Perro de la Parte de Atrás del Coche es lo que mis oídos, ansiosos de sonidos oscuros y de todo tipo de ruidos, andaban buscando.

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Andre Leo de Medicine Boy. Fotografía de Adriana Martín

Como suele ser costumbre en esta sala, el evento comenzó ya tarde. Y consistió, en primer lugar, en una actuación de unos 30 minutos de Ivankovà, proyecto en solitario de Irene de la Cueva que lleva a unos límites tan sorprendentes como hipnóticos cierto punto de encuentro entre el dark ambient y la música sacra. Un arranque no exento de complejidad y que, obviamente, no era para todos los públicos. Pero en el oscuro contexto del garito en el que nos encontrábamos, así como el del sonido de la banda que a seguiría, no desentonó en absoluto.

Oscuridad, tensión y belleza

Ya pasadas las once de la noche Medicine Boy pusieron en marcha un espectáculo de tenso y sosegado post-punk, rebosante de emoción, tensiones y una oscura pero fascinante concepción de la belleza. Venían presentando Lower (2018), su tercer LP. Su set no debió durar mucho más de una hora, pero fue más que suficiente para dejar claro que el delicado equilibrio entre oscuridad, ruido y cálida emoción del que hacen gala en canciones tan redondas como For The Time Being o One Hundred Bodies, se traslada al directo con el énfasis puesto sobre los aspectos más oscuros y ruidosos del sonido.

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Lucy Kruger de Medicine Boy. Fotografía de Adriana Martín

Sobre el escenario, Andre Leo (guitarra y vocalista) y Lucy Kruger (sintetizador, percusión y, también, vocalista) parecen dos fuerzas enfrentadas. Él, un manojo de nervios, delgado y alto que parece aferrarse a su guitarra, más que tocarla mientras su voz emerge, lejana pero profunda y sólida. Ella, mucho más sosegada, como flotando sobre sus instrumentos y con una voz que, por momentos, parece que vaya a romperse. Del encuentro de estas dos actitudes surge el complejo balance de tensiones, voz y melodías enterradas entre capas de distorsión.

De este modo, Medicine Boy son capaces de presentar un sonido muy reconocible para los nostálgicos del darkwave y del post-punk, así como cautivar y sorprender a quien crea que en dichos géneros no queda nada nuevo por hacer. El de la semana pasada no era su primer concierto en Madrid, y ya han estado en algún Primavera Sound. Esperemos poder seguir viéndolos por estas tierras.

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