Las dos caras de Yo La Tengo triunfan en Donostia

Yo La Tengo

Banda de culto del rock alternativo americano, Yo La Tengo llegaban a España este viernes 8 de febrero para presentar a lo largo de cinco días, en diferentes ciudades, su novedad más reciente, There’s a Riot Going On (2018). La segunda parada de esta minigira era Donostia, en concreto el Teatro Victoria Eugenia, un lugar “especial” como definió Ira Kaplan (voz principal, guitarras, teclados…) a lo largo del recital que alcanzó las dos horas y cuarenta minutos, descansos incluidos.

Esto se anunciaba ya segundos previos a que salieran a escena Kaplan, su mujer Georgia Hubley (voces, batería, cajas de ritmo…) y el único miembro del grupo ajeno a la pareja, James McNew (voces, bajo, contrabajo, guitarra…). También, como es habitual en este tipo de citas, se solicitó que no se utilizara ningún tipo de cámara ni de móvil durante la actuación. Esto, eso sí, entró por un oído y salió por el otro; la foto cutre para la crónica, ya saben.

Otro anuncio que se dio por megafonía fue que el show constaría de dos partes separadas por un receso de 15 minutos. Y así fue como pudimos comprobar la doble cara de Yo La Tengo: por un lado, una versión acústica, perfeccionista y seria; y por el otro, una faceta desenfadada, eléctrica y cercana al público.

De esta forma, ante un supuesto ‘sold out’ (había alguna que otra butaca vacía), los de Nueva Jersey se dispusieron a construir pasajes ambientales (You Are Here), elaboraciones cercanas al folk lo-fi (Polynesia #1) y versiones de clásicos con un tono menos eléctrico y poderoso (Deeper Into Movies).

Las nuevas canciones fueron mayoría en este primer tramo, donde sobresalieron Periodically Double or Triple, la más marchosa de esta primera toma de contacto, con Kaplan desgarrando su acústica como si fuera una eléctrica; y la ejecución milimétrica que llevaron a cabo. Kaplan pareció incluso ironizar con este hecho en Ashes. El vocalista se levantaba de su posición en el teclado para recorrer lentamente la alfombra sobre la que estaba desplegado todo el material de Yo La Tengo, coger una baqueta y tocar suavemente un plato de la batería una única vez (así tres veces).

Llegó el descanso y las sensaciones eran dispares. Hubo momentos monótonos, pero los músicos demostraron una eficacia sublime mientras intercambiaban posiciones e instrumentos, aunque hubo algunos sonidos, lógicamente, pregrabados. Sin embargo, faltaba algo que hiciera de aquello algo inolvidable; se echaba de menos la épica y el ruido de una formación acostumbrada a ello. Y así fue como, para alegría de muchos (“¡Vamos!”, se oía en la sala), Yo La Tengo dejaron la electricidad para el segundo acto del concierto.

Tras un amago de continuar por la senda inicial con la etérea Dream Dream Away, llegó el jolgorio con Big Day Coming. Distorsiones, destellos noise, un Kaplan desatado… Los presentes solicitaron caña y los estadounidenses la brindaron. Resonaron a la Velvet, limpiaron tímpanos con oleadas shoegaze y dejaron momentos más calmados entre medias con el falsete funky de Mr. Tough (pedida por un seguidor un día antes); y el tono jazzístico de Shades Of Blue.

A esta última, la precedió un “teatrillo” en el que Kaplan subió a una mujer del público para que observara de cerca los vinilos y discos personalizados que colgaban del techo (el guitarrista no paró de chocarse con uno de ellos), diseñados por Hubley. No fue la única interacción con la audiencia, ya que poco después, en la parte final de Ohm, Kaplan prestó su guitarra a un niño que ocupaba uno de los asientos más cercanos al escenario.

Today Is The Day y la extensa Pass The Hatchet, I Think I’m Goodkind fueron recibidas con entusiasmo y sirvieron para que Kaplan se luciera a las seis cuerdas. Sobre todo la segunda, en la que agitó su guitarra en el aire, la rasgó contra los altavoces, y la dejó moribunda sobre el teclado para coger otra y seguir penetrando nuestros oídos.

Fue el final de la alocada y triunfal segunda parte, pero no del espectáculo. Pocos minutos después, el trío regresó para tocar (improvisar, mejor dicho) tres canciones. La última de ellas, la mágica y emotiva interpretación de Autumn Sweater por parte de Hubley, resultó ser uno de los mejores momentos del concierto. Una cita en la que Yo La Tengo dieron pruebas de su enorme legado y mostraron sus dos rostros. En ambos, nos ganaron.

Escrito por
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