La magia de Florence bendice Barcelona

Cuarta vez que Florence + The Machine visitaban Barcelona. Esta vez, al igual que la última, en el Palau Sant Jordi. Mucho ha cambiado desde aquel 2010 que visitaron la ciudad por primera vez y tocaron en la Sala Bikini. Musicalmente han madurado mucho, explorado más rincones de su sonido tan característico y han ganado muchos fans. Su directo ha sufrido más o menos los mismos cambios, más fino, elegante y, técnicamente, impecable.

Se trata de uno de esos grupos que saben renovarse con los años. Aprenden nuevas cosas, son permeables al entorno, pero nunca pierden su esencia. Por este motivo, no paran de ganar seguidores que, aunque posiblemente los descubren por lo más reciente (que se va popularizando cada vez más), el enamoramiento viene cuando miran atrás y recuperan algunos de los himnos que podíamos encontrar en el Lungs o el Ceremonials.

Y eso se podía palpar perfectamente ayer en su recital. Aunque los temas que cantaron de su último trabajo, High As Hope, también fueron, en parte, coreados, los clásicos son los que hicieron vibrar el Palau Sant Jordi. Lo saben perfectamente, por eso no han dejado de tocar Dog Days Are Over y Cosmic Love nunca en sus directos.

Pero no fueron los únicos momentos que hicieron modificar la escala de Richter en Barcelona. Las más cañeras del How Big, How Blue, How Beautiful desencadenaron el éxtasis físico por el recinto: Queen of Peace, Ship to Wreck, Delilah y What Kind of Man. El Ceremonials nos trajo la emoción clásica, con Only If For a Night y Shake It Out. Pero obviamente no faltaron algunos de los temas más queridos de su último trabajo: Hunger, Sky Full Of Song, June, Patricia

La espiritualidad innata de Florence (en varias ocasiones comparada como la Stevie Nicks del S. XXI), con los toques de soul que tiene su sonido y la gran empatía de la cantante, te daban la impresión de estar en un ritual. Una iglesia en la que la británica te curaba con sus palabras de amor y que, con desprender energia bailando como una hoja, los pies de quien la veían se contagiaban y también se movían. Era la ninfa de un bosque en el que todos nosotros éramos los duendes que la seguían sin parar.

Los sermones siempre giraban entorno de la unión, el amor y la fraternidad. Hubo momentos para criticar el Brexit o la masculinidad tóxica, pero también para celebrar que estabamos unidos, vivos y compartiendo emociones. Si Florence + The Machine ha ido cosechando sin parar, y manteniendo, un alto número de seguidores, no es solo por su música y su directo (que también), sino por todo lo que transmiten sus piezas y su líder.

Una vez te empapas de la magia de la cantante, es muy complicado desprenderte de ella, debido a su calidez reconfortante. Dicen que la música puede sanar cualquier herida. Si es así, Florence sería una de las curas más fuertes que hay. Por lo menos… Ayer todos salimos un poco más felices del Palau Sant Jordi.

Escrito por
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