L.A. en Madrid: Siempre se van los buenos

L.A.

Fotografía: Alejandro García

L.A. nos partió el corazón hace unos meses cuando nos decían que esto se acababa. Sabemos que los proyectos tienen su duración pero no dábamos crédito. Pero también sabemos que todo tiene que finalizar cuando uno lo desea, ser libre, esto es un arte. Creemos que este descanso tiene fecha y estamos seguro que volveremos a verlos en escena tarde o temprano. O al menos, es nuestro anhelo.

Conocí a L.A. hace el tiempo suficiente como para poder hablar con propiedad de ellos. Fue una de esas bandas que te recomiendan oír porque no suenan igual. Si no me llegan a decir que son mallorquines, les hubiera ubicado en Seattle o California.

Su magia se transmite en cada canción y sus directos siempre han sido memorables. las veces que hemos podido charlar con ellos daba gusto hacerlo. Sencillos, humildes y con los pies en la tierra.

Son referentes y así se van, con un trabajo muy bien hecho a sus espaldas. Pueden irse con la cabeza bien alta.

Ellos tienen, porque seguirán presentes durante muchos años, todos los ingredientes para triunfar. La voz de Luis Alberto es de esas que no se olvidan, tan bonita, si no es la voz masculina más emotiva del panorama nacional. Si cierro los ojos oigo por un momento a Eddie Vedder y eso es algo bíblico.

Además, Pep, Dimas y Ángel maridan perfectamente en actitud y sonido con él, lo que hacen que fueran uno de los cuartetos más valorados y cuya proyección era infinita.

¡Arrancamos la noche, L.A.!

Ayer era duro cruzar la puerta de la mítica sala Joy Eslava y tenemos la impresión de que no éramos los únicos que íbamos con una sonrisa a medio gas. Sabíamos que cada minuto que pasaran estos cuatro fantásticos serían los últimos. Por ello, merecía nuestra atención completa, cero distracciones. Un concierto siempre es motivo de júbilo pero aquí sabíamos que eran dos horas de absoluta intensidad para caer en un gran vacío.

Nada más ver cruzar las tablas de la Joy a los cuatro miembros de la banda, sentimos la electricidad al instante. Ellos salían pletóricos y nosotros estábamos hambrientos. Empezaron con Hands, una de sus canciones base. Aunque su discografía al completo es un viaje por muchos rincones, una liberación mental, pura pasión.

Salieron a quemar adrenalina y eso se notó durante toda la noche, dos horas increíbles y apoteósicas, cuyos pelos de punta aún me duran mientras vierto mis impresiones para todos vosotros. Se me hace difícil incluso transmitir cómo sonaron, ver esa comunión entre los cuatro, como si fuera la última noche en la tierra. Es tan emocionante ver cuatro almas que se entienden y que lo viven con tanta pasión.

 

Estamos hablando de un setlist que superó las 20 canciones, haciendo un repaso increíble por su discografía, cuatro discos que reposan felizmente como una de las mejores aportaciones que ha habido en los últimos años.

Hubo momentos de alegría y exaltación como con Crystal Clear, donde apetece alzar los brazos al cielo y gritar, pero en otros llegamos al clímax con piezas como Wind o In Gold donde el silencio se hace sepulcral, el respeto es máximo y dónde básicamente nos desmoronamos por dentro ante tanta belleza. Momento de paz como Oh, Why? 

Nos encantó el set list, de verdad. Una selección de canciones conocidas y no tanto, un regalo sonoro en toda regla. El regalo que necesitábamos y que de paso, se hacían a sí mismos, recordando lo grandes que son y el legado que dejan.

L.A., emociones a flor de piel 

Les costaba hablar. Nosotros cada vez que Luis Alberto tomaba la palabra se nos encogía el corazón. el brillo de sus ojos y su sonrisa nos emocionaron toda la noche. Brillaron hasta arder. Tuvimos tres canciones en acústico y no pudo ser más increíble. Un hombre, una guitarra. Su voz. Sus letras. Podríamos haber muerto allí mismo ante tanta sensibilidad. El público rompía el sepulcral silencio aplaudiendo este acto de valentía, donde las canciones se desnudan y quedan intimidadas, vulnerables.

Es irresistible escuchar la voz rota de Luis Alberto en conjunto con un público que supuraba emociones. Demasiado bonito para ser real. Para mí uno de los momentos más duros fue cuando cantaron The Sweetest Goodbye, toda una profecía para una de las noches más inolvidables como la de ayer. A medida que pasaba la canción, parecía que todo iba a explotar en mi cabeza.

Dos bises a falta de uno para una noche llena de sentimientos encontrados. Como no, acabaron con su canción más conocida, Stop the clocks. Nosotros también queríamos detener el tiempo y que no se acabara pero es una de las cosas que los mortales no podemos impedir.

Pero no queremos acabar con la sensación de pena, sino con saber que todo ese tiempo que hemos pasado con ellos ha merecido la pena. Fue una gran noche, fue su noche.

Como ellos mismos dijeron, tocaron allí hace diez años y volvieron para dejar claro quién son y quiénes serán a lo largo de los años. Sonaron con una potencia sobrenatural, siempre lo han hecho pero lo de ayer, no sé si producto de una mezcla de sentimientos, pero parecía todo tan grande desde abajo.

Con el corazón en la mano dejamos poco a poco la sala, como si no quisiéramos abandonar el lugar que tanta magia acogió durante dos horas donde nuestros pensamientos solo estaban con L.A. 

Nuestros mejores deseos para L.A.

Aunque estamos un poco más solos hoy, les deseamos lo mejor en sus nuevos caminos. Se crucen de nuevo o no, son cuatro grandes músicos que tienen toda la vida por delante. Seguiremos su pista de cerca, seguirán esparciendo talento.

Nos quedará el recuerdo de una de las mejores bandas que el indie patrio ha dado y eso es complicado de verbalizar. Pero muy, muy fácil de sentir.

Guardaremos un recuerdo inolvidable de la noche de ayer y de otras tantas que está en el inventario de directos.

Gracias Luis Alberto, gracias Pep, gracias Ángel, gracias Dimas.

Gracias por todo L.A., dejáis el listón muy alto.

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