Gatomidi + Ladygrape, en las cavernas del rock

Fecha: 31 de Junio de 2012

Lugar: Wurtlitzer Ballroom (Madrid)

El rock&roll nunca debió salir de las cavernas. O de los garajes. Tampoco de los antros más sórdidos y sucios de la ciudad. Desde hace años el Wurtlizter Ballroom ondea con orgullo la bandera del sonido salvaje, del rock más puro y directo que te puedes echar a la cara. Un oasis en el centro de la capital en el que el pasado sábado se encontraron Ladygrape y Gatomidi.

Haciendo honor a la sala, las primeras comenzaron la noche con su música cavernícola. Lo suyo es rock seco, que va al grano. Disparos certeros que dieron en la diana desde el inicio con un Anything Goes ejecutado a la perfección. Le siguieron la cruda Asimov o una Love-Hate-Repeat-Again agridulce. Todas ellas parecían remojadas en la marmita blues-rock de una PJ Harvey de regreso a sus orígenes. O de unos Arctic Monkeys encerrados de nuevo en el garaje de sus padres. Repitieron la jugada con The Routine of The Bodies y con Dirty demostraron que eran capaces llegar a cotas más altas. Guitarras serpeantes, baterías rocosas y una vocalista fuera de sí en una danza de esqueletos que terminó por prender la llama entre el público. ¿Quién dijo que cuatro mujeres no podían sudar actitud rock por los cuatro costados?

Con la pista de baile caliente llegaba el turno de Gatomidi. La formación valenciana acudía a Madrid un año después de su última visita. En este tiempo han recogido elogios y premios como el primer puesto en el concurso Vinilo Valencia 3.0 y el de artista revelación en la última edición de los Premios Criminales. Bellas palabras que necesitaban de su confirmación sobre un escenario.

Y la prueba comenzó con sorpresa. Lo que en Facing Destiny, su primera referencia discográfica, apunta al hit y a las melodías pegadizas aparece por arte de magia sobre las tablas como una dosis de rock primigenio y a medio cocinar. Incluso Alone y Working Class Family, dos canciones que en su versión de estudio podría haber firmado el ex-Oasis Noel Gallagher, renuncian a la candidez del britpop para enredarse entre amasijos de electricidad y ritmos endiablados. Con ellas la banda cerró un primer tramo que había comenzado con un acertado Guess My Name, perfecto para lanzar el concierto.

Momento de tomarse un primer respiro y hacer recuento de daños. Mientras Jimena luchaba por poner algo de cordura a la mezcla con sus líneas de bajo herencia The Cure/Joy Division, Nolasco jugaba en el alambre, disparando acordes cargados de anarquía y ruido. Sus seis cuerdas rugieron con I Believe, convertida en un derechazo de rock energizante y áspero. Lástima que Jorge, al fondo de la escena con su batería, se dejara seducir a veces por el entusiasmo guitarrero, perdiendo en ocasiones el norte. Pero ya se sabe, quien no arriesga, no gana. Algo que el trío pareció comprender con Run Away, momento destacado de su LP, en el que el bajo danzarín afila el conjunto y lo lleva hacia territorios oscuros. Allí donde sólo los más valientes se atreven a adentrarse.

Sin casi descanso llegaba Facing Destiny, canción redonda y con pegada y tema central en el repertorio de los valencianos. Un pequeño rayo de luz devorado de nuevo por el ruido ensordecedor de una guitarra dolorida y exultante. Demostrando que en esto del rock es mejor pasarse de frenada que quedarse a medias. Y si no que se lo digan al público, que salió de la sala con los oídos zumbando todavía con la música.

Escrito por
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