El presente vivo con Texxcoco y Futuro Terror en Valencia

El ir a un concierto conlleva, por suerte o por desgracia, crear ciertas expectativas. El setlist de la banda, el sonido en directo o la puesta en escena que puedan llevar a cabo son algunos de los elementos que se consideran ante este hecho. El grupo, consecuentemente, ¿debería de tener en cuenta estos pensamientos hipotéticos?

Está muy claro que TexxcocoFuturo Terror, pueden prescindir de cualquier expectativa ajena. Ambas bandas saben sorprender al público partiendo de su modesta condición de bandas de final de cartel-hecho que, desgraciadamente, sigue generando prejuicios sobre su talento-  ofreciendo un espectáculo de infarto. Y ayer, lo volvieron a demostrar.

El primer turno fue para Texxcoco y su rock sucio.  La verdad es que la impresión que te llevas al ver a los cuatro componentes actuando sobre el escenario es cuanto menos confusa. Cada miembro parece inmerso en su propia canción, dando la sensación de que los ritmos y acordes de cada uno se unen en un tema por puro azar. A esta aleatoriedad se le suma una energía despampanante, que te hace no quitar el ojo del escenario.

Los canarios, mostraron su faceta más punk y noise en temas como The Other o No Control, en los cuales la cantante y guitarrista, Adriana  Moscoso, no paraba quieta en el escenario, como poseída por los riffs. En contraposición la cantante bajó pulsaciones en la magnífica Velvet Love. Una actuación que rebosa pasión y frenesí en cada segundo, que camina de manera estupenda de la mano del ruido del garage más bastardo y cañero.

Finalmente, cerraron la función bajo el éxtasis de Sunset Eyes, sin duda uno de los mejores temas de la promesa del rock alternativo nacional.

Después del descanso, llegó la hora de Futuro Terror, o como se rebautizaron anoche, “Mezquita Terror”, ya que Óscar Mezquita-de Cuello– se encargó de sustituir al batería Héctor Bardisa. A pesar de este cambio, la actuación fue viento en popa.

A pesar, de arrancar con Tumba de Cristal, uno de los temas más lentos de su último disco Precipicio (BCore, 2017), los alicantinos metieron en seguida la sexta marcha, con canciones tan impetuosas como Insectos, María Orsic o Se Encerró. Resulta imposible quedarse quieto ante el desenfreno y el vigor que transmite la banda. Sonido limpio y sencillo, potencia constante y, sobretodo, unas letras tan contundentes como su actitud en directo, nutren a los de José Pazos de un estilo propio, desenvuelto y original.

La actuación prosiguió a una velocidad de infarto, sonando imprescindibles como El Paso Dyatlov o la sublime Futuro Terror, que dejaron prácticamente por el suelo a público y banda. Como reproche, fue una lástima que solo durara una hora un concierto de una banda con una discografía bastante amplia. Aunque con la energía que ofrecieron tan fugazmente y sin tregua, no es algo a tirar en cara.

Así acabó la noche en La Rambleta. Dos de las grandes promesas del panorama alternativo actual machacando cualquier mala expectativa previa sobre ellos. Ambos grupos forman ya parte del presente de nuestra escena, y no cabe duda de que van a seguir haciéndolo los próximos años. Sí que hay futuro, y es aterrador, aunque con ellos, mucho menos.

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