El faro de Shinova ilumina Madrid en el arranque de su gira

Shinova. La Riviera

Fotografías: @glorianm

Hacía exactamente un año que Shinova llenó la Joy Eslava madrileña para despedir la gira de Volver, el disco que por fin supuso el cuantitativo salto con el que la banda conquistó miles de oídos. Aquel emotivo e inolvidable concierto significó el punto y seguido a una carrera que, después de varios discos de estudio, por fin obtenía los merecidos réditos, al menos en cuanto a público se refiere. Como decíamos, eso ocurrió justo un año antes y, 365 días después, con un nuevo disco bajo el brazo, los de Berriz se disponían a arrancar un nuevo tour que les llevará por todos los rincones de nuestra geografía.

Cartas de navegación es el argumento principal de esta serie de conciertos que se inició de manera exitosa en La Riviera (sala que, con respecto a la que llenaron el 2 de febrero de 2018, duplica el aforo), con todas las entradas vendidas con varios meses de antelación.

Shinova. La Riviera

Embarcando en la gira más ambiciosa de la banda

El faro que ambientaba el acceso a la sala ya hacía prever que, en una fría noche de invierno como la del pasado sábado, Madrid iba a ser el simbólico punto de inicio desde el que Shinova se embarcarán en una gira que promete travesías fascinantes, interesantes aventuras y, sobre todo, un verdadero baño de multitudes en cada puerto en el que atraquen. Lo más ambicioso a lo que Gabriel (voz), Ander (bajo), Erlantz (guitarra), Dani (guitarra) y Froufe (batería) se han enfrentado hasta la fecha.

Y así arrancó este primer concierto de presentación de Cartas de navegación, con la maravillosa inquietud en el público por asistir a una noche de la que se espera tanto, con una luz de faro iluminando una sala sumida en la oscuridad y con la batería de Froufe golpeando fuerte, estallando entre los muros del recinto, para iniciar así Expectativas y espejismos. El tema en cuestión representa una más que acertada elección para abrir el show, pues resume a la perfección el sentir de los allí presentes, dispuestos a entregarse sin reparos a un repertorio infalible, repleto de éxitos de su carrera y de momentos de gran intensidad emocional.

Cartografía sonora y épica

El concierto transcurrió entre dos vertientes que casi suponen las dos caras de los Shinova actuales: los temas con visos de hit, plagados de épica y absolutamente coreables, por un lado; y las canciones más intimistas, más profundas y líricas, por el otro.

Así, en un setlist en el que solo hubo una concesión a una pieza anterior a Volver (la elegida fue Gravedad cero, con su exquisita instrumentación y su sugerente melodía), destacó el impecable sonido de la banda, que reproduce de manera realmente fiel el espíritu de sus grabaciones de estudio, dotándolo de un extra de verdad, de materialidad y de autenticidad.

Cuando Gabriel interpreta canciones como Aurora, su poderosa voz se siente dentro, estremeciendo y removiendo las entrañas. Es uno de los caballos de batalla de Shinova, el magnetismo y enorme carisma que atesora su cantante. Tiene todo lo que se le debe pedir a un buen frontman: presencia escénica, interpretaciones vocales de enorme precisión, variedad de registros y una expresividad corporal verdaderamente contagiosa. Viajero podría ser un claro ejemplo de todas estas características, una canción en la que, por primera vez (a partir de aquí ocurriría en muchos más momentos) se iluminan las pulseras que se han repartido entre el público al acceder a la sala, al compás de los movimientos de brazos y de las palmas que dirige el propio Gabriel.

Cartas de navegación y el envolvente sonido de la guitarra de Erlantz se ha convertido ya en una canción muy querida por su público, como ocurre también con la que abrió el show o con Guerra y paz. Pero sin duda, los momentos más álgidos de este último larga duración de Shinova, son también los más celebrados y coreados por el público: las formidables Mirlo blanco y El álbum.

Antes de zarpar, el éxtasis

El primer clímax al que se llegó esa noche fue al enlazar Mirlo blanco (en su versión más potente y revientapistas) y El país de las certezas. Tras ellas, en un momento realmente místico, apareció Shuarma para acompañar a Gabriel en Qué casualidad, coincidiendo con la frase “… si vimos sombra es que siempre hubo luz…”, se iluminó la figura del líder de Elefantes que acometió la letra con gran maestría y sinceridad.

El único bis de la noche comienza de manera desnuda e intimista, gracias a La buhardilla de la musa, una bella canción que se inicia con un gran protagonismo de la guitarra acústica y que se convierte en uno de los momentos más puros de la noche. Pero eso es solo un espejismo y, para cerrar el fascinante viaje de Shinova en La Riviera, el quinteto acomete tres de sus canciones más populares: Doce meses (El año del maravilloso desastre), A treinta metros y Para cambiar el mundo. El trayecto termina con la sala convertida en un multicolor juego de luces gracias a las pulseras anteriormente citadas y a una terna de hits incontestables. Shinova se despiden de este puerto y se disponen a zarpar en pos de nuevos retos, de nuevas ciudades que conquistar. La travesía promete y se avecina temporal.

Setlist de Shinova

  1. Expectativas y espejismos
  2. Utopía
  3. Niña kamikaze
  4. Cartas de navegación
  5. Aurora
  6. Viajero
  7. Volver
  8. Guerra y paz
  9. En el otro extremo
  10. Gravedad cero
  11. Mirlo blanco
  12. El país de las certezas
  13. Qué casualidad
  14. El álbum
  15. La ciudad dormida
  16. Solo una canción
  17. La buhardilla de la musa
  18. Doce meses (El año del maravilloso desastre)
  19. A treinta metros
  20. Para cambiar el mundo
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