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El esplendor del indie nacional sobre el escenario: Egon Soda, León Benavente y Julio de la Rosa en el Let’s festival

Otro año más llega Marzo y nos encontramos ante una nueva edición del Let’s Festival, una de las propuestas musicales más interesantes del año, que se ha ido consolidando año a año trayendo a la Sala Salamandra de l’Hospitalet de Llobregat lo más granado del indie nacional actual. En un formato de sesiones de tres conciertos, durante los viernes y sábados de este mes, han desfilado y desfilarán por su escenario grupos como Pony Bravo, Izal, Iván Ferreiro, Manel, Sidonie, Triángulo de Amor Bizarro o Delafé y las Flores Azules, entre muchos otros.

Sin lugar a dudas, una de las sesiones más interesantes era la que protagonizaron el pasado viernes 21 de marzo Egon Soda, León Benavente y Julio de la Rosa. Tres grandes nombres del panorama nacional, en plena forma los tres y con discos exitosos editados el año pasado. Era una oportunidad que en Crazyminds no quisimos perdernos y que resultó ser una noche inolvidable, llena de momentos musicales de los que quedarán en nuestras retinas y en nuestra memoria por mucho tiempo. Toda una demostración de poderío y efectividad sobre el escenario, de garra e intensidad, de carisma y experiencia. De tres nombres formados por músicos de larga trayectoria que no pueden negar la misma, que lo dan todo sobre el escenario y mantienen viva la música en directo.

Empezó la sesión con una puntualidad sorprendente para los que hace años que frecuentamos el festival. Ello no impidió que Egon Soda estuvieran sobre el escenario delante de un público muy numeroso, algo también poco habitual en un primer concierto de las sesiones del Let’s Festival. Demostración de la expectación que genera esta superbanda en directo y de la aceptación de su propuesta de indie-rock sencillo y sin pretensiones, de sus melodías y sus guitarreos correctos, del carisma del ubicuo Ricky Faulkner que, aún sin tener una gran voz, consigue dirigir de manera efectiva todo el conjunto y transmitir el espíritu de sus canciones sobre un escenario. Unas canciones que sonaron potentes hasta la final y preciosa Nueva internacional y pusieron de acuerdo a todos los presentes en que, aun sin aportar nada nuevo, son una buena banda. Un inmejorable aperitivo de todo lo grande que aún nos esperaba.

Los que quedamos alucinados con el disco de debut de León Benavente no sé si alguna vez habíamos llegado a imaginarnos lo que pueden llegar a ser en directo. La intensidad instrumental de sus canciones, paralela a la fuerte reivindicación de sus letras, es innegable que tiene un gran potencial y promete. Promesas que van mucho más allá en concierto y se traducen en sensaciones que provocan pelos de punta desde el primer minuto. Un primer minuto instrumental que sirvió de introducción ideal a todo el elenco de enormes canciones que tienen y que fueron ofreciéndonos a lo largo de la hora de show, con un entregado Abraham Boba que, con todo su carisma, ejercía de maestro de ceremonias alternando teclados y guitarra, y un Luís Rodríguez al bajo, cuyo papel es esencial en las canciones, sudando la camisa como si fuera él el que mejor se lo estuviera pasando sobre el escenario.

Nadie puede negar que la gran baza de la banda de Nacho Vegas y compañía es la inspiración de sus canciones. Pero al escuchar en directo temas como Ánimo, valiente, Las hienas, Estado provisional, Década o Avanzan las negociaciones se confirma la gran fuerza que tienen y su vocación de provocar éxtasis colectivo, consiguiendo que todos nos introdujéramos en una imparable vorágine de intensidad musical mezcla de contundencia instrumental y lírica. Y si todo esto llegó a un final de auténtica locura y brutalidad protagonizado por La palabra y el brillante y desgarrador guitarreo de Ser brigada, la sensación que dejaron sobre nuestras pieles fue algo indescriptible. Incluso para aquellos cuya motivación principal para acudir a esta sesión no era esta banda.

La tarea del último invitado de la noche, Julio de la Rosa, no resultó fácil tras el ciclón del directo de León Benavente. Tocaba hacer borrón y cuenta nueva y olvidarse en parte de lo sucedido para poder disfrutar de pleno de la interesantísima propuesta de este cantante jerezano. Porque si hablábamos del poder de las canciones, Julio de la Rosa no tiene nada que envidiar. Apareció sobre el escenario acompañado de una banda en la que la presencia de dos baterías prometía algo muy potente. Fueron pasando canciones tan efectivas como Colecciono sabotajes, Gigante, Maldiciones comunes, Las camareras, Sexy sexy sexy, Hasta que te hartes o una Un corazón lleno de escombros en la que quiso que todos participáramos de su estribillo, y fue inevitable que fuéramos sintiéndolas tan propias como dolorosas, por la dureza emocional de sus letras, porque es fácil que todos nos hayamos sentido reflejados en cualquiera de ellas en algún momento de nuestras vidas.

Cabe decir que algo fallaba en todo este engranaje sonoro, puede que la aportación vocal de Nieves Lázaro no acabara de empastar con la suya, pero ello no frenó la conexión emocional directa que provocan sus temas, unidos al gran carisma (otra vez, sí, una característica común en todas las bandas protagonistas de la noche) del cantante que incluso se sirvió del humor para interactuar con el público. Y, además de todo esto, gracias a su banda inundó la sala de una intensidad sonora que fue a más y que nos acabó arrancando a bailar y a darlo todo a medida que avanzaba el concierto. Porque demostró que estamos ante uno de los grandes del panorama musical español, y que no sólo es capaz de conseguir discos redondos, sino que, además, nos ofrece un grandísimo directo. Como sólo los que llevan años sobre el escenario saben hacer.

Para quien escribe estas líneas y quienes le acompañaron, quedarse dos días después con las canciones escuchadas en la cabeza y con ganas de volver a reproducirlas es una señal irrefutable de la grandeza de lo vivido la noche del viernes. Una gran apuesta del Let’s Festival, un festival a reivindicar por el que siempre vale la pena pasarse por alguna de sus sesiones, garantía de grandes noches de conciertos.

 

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