Dejarse llevar. Magic Castles. 10.000 Russos

Foto: Alexandre Casal.

1 de septiembre de 2015.
Sala Boite, Madrid.

 

La chica lleva unos calcetines blancos con cenefa, zapatillas negras y vestido de esta noche va a pasar algo. Tiene inocencia en sus pómulos.    Inocencia y rubor. Es un hallazgo. Una obra de arte que ya no se da en “los tiempos modernos”. No se lo diremos. La chica entra en la Sala Boite cuando empieza a sonar todo. Pido algo de beber. La copa se vuelve flúor, por las luces estroboscopicas de la sala. Supongo. Quiero decir que “esto no es como el agua que cae del cielo sin que sepa el por qué”.  Alguien pregunta qué es lo que esta sonando. Son 10000 Russos, contesto. El grupo que abre. Me gustan porque son de mi país dice. Bajamos a la pista. Hay triángulos detrás de ellos y en ellos. Batería, bajo, guitarra. Una constelación triangular. Los jodidos illuminati están en todas partes. Joca a la batería y voz, Pestaña en la guitarra y André Couto al bajo. 10.000 Russos, acercamiento a la “Psicodelia” desde el “drone”, el mantra eléctrico, reverbs chamánicos, kraut y cierta dosis de oscuridad. El ruido y la distorsión nos harán libres. La chica de calcetines blancos de bonita cenefa cierra los ojos y se deja llevar. Pedales, pedales, pedales. Hay nubes oscuras por las que puedes caminar.  Su voz conecta con espíritus pasados-presentes-futuros. Grave y algo de delay. No le digo que son parte de Fuzz Club Records y que eso siempre significa algo. No se lo digo. La música hace que tengamos que hablar al oído. La sala se ha llenado y tú te dejas llevar por los ritmos marcados, el “motorik”envuelto en capas de distorsión y loops para elevar el alma y “los corassones”. El vuelo ha empezado. Recomendable su escucha para momentos de evasión o desenfreno. Fin. Aplausos. Luces dentro. Primer plano de un servicio rosa. Pídeme algo. La copa se vuelve flúor, por las luces estroboscopicas de la sala.

La chica lleva unos calcetines blancos con cenefa, zapatillas negras y vestido de esta noche va a pasar algo. Magic Castles preparan la magia y los castillos. Batería, teclados, bajo, guitarra y otra guitarra más voz. Segundo acercamiento a la psicodelia: la psicodelia nada aquí con normalidad, fluye en atmósferas y voces sesenteras, las capas se acoplan y las gentes de bien (que han venido al concierto) mueven sus cuerpos sincopados. Magic Castle se centran en “Sky sounds” y su nuevo trabajo “starflower”. Hay espacio para la distorsión y la elevación, pero sobre todo para cerrar los ojos. Las guitarra buscan sonidos más brillantes, el drone se acaba y la nueva psicodelia busca la empatía de las masas, la socialdemocracia y la redención del control. Los labios de la chica de calcetines blancos con cenefa se abren y te hablan de su último sueño y del ratoncito Pérez. Magic Castles brillan en la oscuridad como un gusiluz. Luego te hablaran de Tame Impala y cosas así… Cierra los ojos.

Escrito por
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