Damien Jurado: “Él siempre es lo mejor del año”.

Damien J
Foto: Laura Pérez Calle.

8 de diciembre de 2013.
Teatro del Arte (Madrid).

 

Hacía más de un año que no veía a Damien Jurado. La última vez fue tan bárbara que siempre que intento explicarlo termino sacando a relucir una colección de bufidos y onomatopeyas con soplido, sacudidas de cabeza y aperturas de ojos.

Hay toda una corriente de descreídos de la música de guitarra y voz como (casi) base absoluta. Personas que piensan que ya han tenido suficiente dosis de realidad para un viernes por la tarde. Hablando con un amigo, hace tiempo, llegamos a la conclusión de que – probablemente – los sujetos más tristes que conocíamos no serían capaces de entender discos como I See a Darkness de Bonnie ‘Prince’ Billy o The Lioness de Songs: Ohia. Y, es cierto, las canciones son nostálgicas. Pero alguien que no está preparado para escuchar buena mierda, no es apto.

Ocurre que, el Teatro del Arte de Madrid, es uno de esos espacios en los que a muchos de nosotros nos gustaría quedarnos a vivir. En una sala de parquet, pequeña y acogedora, había no más de – a ojo – ciento cincuenta sillas dispuestas en semi-círculo rodeando la propuesta de escenario. Es decir, sin diferencia de altura, una silla y un micrófono. Luz tenue, media de edad adulta y casi silencio absoluto aún sin Damien a la vista.

De repente, se apagan las luces suaves, un foco ilumina la silla central. Por el extremo izquierdo de las cortinas sale Damien. En la mano derecha, la guitarra. En la mano izquierda, un refresco de naranja en vaso de plástico. Algo taciturno se sienta en esa silla con dibujos negros sobre fondo blanco y, sin mediar palabra, tres canciones seguidas. Con la parca aún puesta, igual que las playeras.

Después de Silver Timothy – primer single (con video) de ese esperado próximo trabajo – Damien rompe el silencio. Se descalza, se acomoda, y comienza a hablar como si se tratase del pretendido salón de casa, que mencionaba antes.

‘Es curioso, a veces cuando viajo tengo una sensación extraña. Sobre todo cuando lo hago solo, como ahora. Hablo con mi novia por teléfono y le digo: ayer a esta hora estaba en Estocolmo caminando por la calle, congelado. Esta mañana cogí un avión, llegué a la soleada España dejé mis cosas en el hotel, estuve respondiendo a preguntas distintas de montones de periodistas durante horas, volví al hotel, vine aquí y… Para que me entendáis, a veces mi cabeza dice: “Eh. Tío, no sé cuál es nuestro hogar.” Y mi cuerpo dice: “Tranquilo, sabemos lo que estamos haciendo.” “La parte dura de todo esto es encontrarte cada día con un país, una cultura, un idioma distinto… ” Después de insistir en esa sensación de vacío que muchos de nosotros compartimos, no necesariamente, durante los viajes. Después de haber creado esa atmosfera de intimidad y confidencias entre la sombra y la penumbra. Continuó.

Entre secretos y bromas y esos pies moviéndose dentro de los calcetines Damien, con la sensibilidad y la ternura de un adolescente atrapado en el cuerpo de un adulto, iba añadiendo minutos de auténtica magia a la noche. Jericho Road, Museum of Flight, Working Titles, Everything Trying (canción incluida en el OST de La Grande Bellezza, último largometraje de Sorrentino. Recomendable no, obligado).

La última vez que vi a Damien, al terminar con el setlist preparado, preguntó al público si quería escuchar algo en especial. Una chica se levantó de la butaca y gritó ¡Rachel and Cali! Y eso hizo. Tocó su canción.

La otra noche, antes de tocarla, explicaba que cuando tenía  14 años una amiga decidió que su madre no era lo suficientemente honesta con ella. En un arrebato púber se marchó de casa una tarde. Los padres de Damien estaban fuera así que la acogió en su guardarropa, casi dos semanas durmiendo en el suelo, hasta que empezó a ver carteles de Missing con su cara por los alrededores. Al contar la historia, sin haber siquiera rozado una cuerda, muchos de nosotros ya estábamos sujetándonos la nariz con el índice y el pulgar, de lado a lado. (Sometimes I wish you knew, how I keep living for you / a friend is only a lover you’re not committed to.)

Cloudy Shoes, Sheets, So on, Nevada, Nothing is the News, Silver Catherine, Maraqopa, Plains to Crash, sonaron tantas canciones bonitas que es difícil adivinar si sería capaz de hacer algo que no lo fuera. Entre canción y canción comentarios sobre lo feliz que le hace la Fanta desde que descubrió que el zumo de naranja le sentaba mal. O lo mucho que le gustaba la silla en la que estaba sentado, excepto por los dibujos negros, “y es curioso teniendo en cuenta que mi novia tiene la piel negra.”

Estábamos tan cómodos y tan relajados escuchando que cuando quisimos darnos cuenta estaba exclamando: “antes de tocar la última canción, dado que es realmente un tour para la prensa, me gustaría contestar a vuestras preguntas ¿alguien quiere preguntar algo?”

Desde la izquierda del fondo un tipo le preguntó si volvería con banda. Luego una chica – también de Washington – indagó en su procedencia. De repente, cuando parecía que pasaría a la última canción “¡Explícanos esa historia con Moby!” Mientras explicaba el extraño intercambio de mails no había nadie no sonriendo. Es cierto. También es gracioso si se lo propone. Contar historias tristes no te convierte en alguien menos feliz. O menos capaz de sonreír. ¿Más sensible? Desde luego. Y no hay nada peor que alguien hablando sin sentido durante los intervalos vacíos de un concierto.

Estando Almost Home varios tonos por encima del suyo, incluso, se atrevió con ella.

Para terminar, después de las preguntas, Ohio. La noche del Teatro Lara también terminó con Ohio. También fue una petición a grito. Y también se nos empapó a todos la cara.

Damien distingue dos tipos de canciones en su producción musical: 1. Las canciones psicodélicas 2. Las canciones de amor depresivas demasiado depresivas para ser de amor. Es un generador de sub-géneros.

¿Saben cuando alguien sonríe poco pero con un gesto finísimo consigue que tú no pares de hacerlo? Pues eso todo el tiempo.

Antes de despedirse, a modo de abrazo, añadió: ‘Muchas gracias, de verdad. Sois un público especial. No lo digo por halagar, he hablado con muchos músicos de rock y folk y todo el mundo sabe que España es el único país en el que puede sentirse el amor en la sala. Sois especiales. Es algo que se sabe.’

No está claro si volverá con banda, o en solitario. Ni para cuándo se prevé la gira de su nuevo trabajo. Pero seguro que volverá. Quizás el hecho de que España le recuerde a Washington nos coloca en un lugar privilegiado.

La voz de Damien es cada vez mejor. Las canciones son más y más fuertes cada año. Y escuchar a alguien vomitar historias maravillosas sobre un suelo de madera acuchillada y barnizada delante de un puñado de ojos aún sobrecogidos es absolutamente sublime.

Al final, las cosas que nos hacen un poco más felices son las más sencillas.

Mentiría si dijese que este no ha sido – de largo – el concierto más emocionante y bonito de mi año.

Él siempre es lo mejor del año.

 

Escrito por
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