Crónica Rio Babel 2018: El triunfo de lo mestizo

Crystal Fighters

En el caso de que queramos buscar un denominador común entre las 16 bandas que se dieron cita en la segunda edición de Río Babel (lo cual no es fácil) entre los días 6 y 7 de julio, ése es el esfuerzo por dar visibilidad a las músicas de influencia latina o urbana. Y como es julio y hace calor en Madrid, sea bien recibido este mestizaje.

Viernes: la sabrosura de Nathy Peluso y la contundencia de Bunbury

Pues bien, como si estuviéramos en Quito (o en Madrid en julio, maldita retórica), bien perpetrados con agua y gafas de sol, entramos al festival, este año emplazado en el párking de IFEMA. Pese a ser las seis de la tarde (y, ojo, el Orgullo), ya hay algunos festivaleros que han madrugado para ver el concierto de Jenny and the Mexicats y se han agrupado enfrente del escenario StubHub, aunque el ambiente es de momento distendido y muchos de los asistentes se relajan en la sombra.

La banda liderada por la trompetista inglesa Jenny Ball inaugura así el festival con una música que es producto de la multiculturalidad de sus miembros, sobresaliente la influencia de la música sudamericana pero también del jazz y el rock. Los asistentes responden bien a esta mezcla de estilos que resulta ser muy simpática y bailable, y corean al final del concierto la canción Verde más allá, que reza así: “a ella no le gusta trabajar” porque… a quién le gusta trabajar.

Coincidiendo prácticamente con el final del concierto de los Mexicats, da comienzo el de We The Lion en el escenario contiguo. Jaleados por la presencia de varios compatriotas entre el público, la música de los peruanos se mece al ritmo del bombo y una guitarra que recuerda a, entre otros, Of Horses And Men o The Lumineers. No en vano, el setlist incluye una cover de Little Talks –en la que la percusionista se suma a la voz- y de Ho Hey, ambos éxitos de las dos bandas mencionadas. Sorprende un pequeño guiño a la intro de Juego de Tronos, hacia el final de la canción Gone.

A continuación, uno de los platos fuertes del día. Una horda de traperos y traperas (más traperas que traperos) se hace un hueco entre las primeras filas del Stubhub, para presenciar el concierto de la que es ya un icono de la música urbana, la argentina Nathy Peluso. Acompañada por la banda Big Menu  -guitarra, bajo y batería-, la diva de la sabrosura comienza el espectáculo con la canción de su último EP, Estoy Triste. Vestida con una camisa de lunares atada por encima del vientre y unas mallas rojas, la argentina se dirige al público con su habitual desenvoltura. Antes de tocar la espectacular (y más en directo) La Sandunguera, interpretan algunos temas del  EP homónimo, además de una versión de Summertime y un guiño a la mítica Bang Bang, de Nancy Sinatra. Tras una especie de jam que actuará de puente entre una parte y otra de la actuación, Peluso vuelve al escenario e interpreta su oda a la pizza Gimme Some Pizza, seguida de uno de sus temas más conocidos, Corashe. El público corea al unísono mientras la propia Peluso se contorsiona en su particular y enérgico baile.

Nathy Peluso

Mientras anochece y cada vez más gente se apelotona en torno a los escenarios, en el Vialways ya está preparado Juanito Makandé. Preparado para traernos con su música un trocito del sur a Madrid. Delante de un decorado al más puro estilo gaditano, la música rumbera de Makandé es un homenaje al amor, a los recuerdos de la infancia y al buen rollo. Dedica en especial a las mujeres su canción Niña Voladora.

Poco a poco el recinto se ha ido llenando de fans de Bunbury, pero de una u otra forma han logrado mantenerse en segundo plano. Pero ahora su presencia es evidente, a la espera de que salte al escenario el ídolo aragonés. Ya es de noche y es difícil distinguir a unos de otros, pero es noche clara. Si observamos, veremos que el Stubhub está atestado ya de camisetas de Héroes del Silencio.

Y aún se hace más evidente cuando salta al escenario. Lo hace con un sus habituales gafas de sol y traje negro, bajo el que más tarde adivinaremos que hay un chaleco de traje sin mangas (el calor aprieta y no es fácil aguantar el traje en un concierto de cerca de hora y media). Al canto de “Enrique, Enrique”, el maño comienza el concierto anunciando que hará un recorrido por toda su trayectoria. Espero sea del agrado de todos ustedes, dice. ¡Enrique!, ¡Enrique! Y comienza con algunas canciones de su etapa en solitario, La actitud correcta o Cuna de Caín, de su álbum Expectativas (2017). Llega la primera parada en el pasado. El público vibra con Mar adentro y Héroe de Leyenda. De la mano del acordeón, Bunbury se adentra en su primera época en solitario, con El Extranjero (que tan de actualidad resulta) e Infinito. Les sigue una intro de saxo que da entrada a . Y llega el momento de gloria para los fans de Héroes del Silencio. Suena Maldito Duende; cantan jóvenes y mayores, padres e hijos. Y después de la presentación de la banda, toca cerrar con Lady Blue, la que parece la elección perfecta para cerrar la velada. No nos olviden, se despide el maño. No le olvidaremos, don Enrique.

Bunbury

 

Sábado: la sutileza rockera de Bebe y el pop más explosivo de Crystal Fighters

Segundo día del Festival Río Babel. Como ayer, el público ha alargado un poco más la siesta para no tener que soportar el calor. Con todo, cuando da comienzo el concierto de Los Caligaris, ya hay algunos asistentes frente al Vialways, que disfrutan de la fusión de ska y rock que nos brindan los argentinos. Pese a no ser acertado, a los españoles nos resulta imposible escuchar a Los Caligaris sin acordarse del ska rock vallecano.

En el Stubhub le toca el turno a Quantic. En su versión más orgánica, el productor británico Will Holland está muy bien acompañado por su banda Quantic Soul Orchestra, formada por un saxofón (que en algún tema se cambia por una flauta travesera), una trompeta, teclado, batería y bajo eléctrico. Si a esto le sumas al propio Holland pilotando en ocasiones bases electrónicas y en otras al acordeón, el resultado es una mezcla especial y curiosa, producto de juntar electrónica, jazz y mucha cumbia. No en vano, una de las canciones interpretadas –y de mejor acogida entre el público, cimbreante bajo el calor- es Cumbia sobre el mar, en la que el protagonismo recae sobre la flauta travesera, al servicio de una melodía al más puro estilo sudamericano.

Quantic Live

De nuevo el público del Río Babel vuelve a desplazarse a la derecha, un desplazamiento que se ha hecho a estas alturas casi automático hacia el final de los conciertos. Lo hacen para presenciar el concierto de Arco, proyecto en solitario del cantante del grupo granadino El Puchero del Hortelano. En uno de los esfuerzos más interactivos entre intérprete y público del festival (aunque con poco éxito), Arco interpreta al piano Mamá, después de un breve discurso en homenaje a las madres. Y ya hacia el final del concierto, Un día perfecto, Una canción (previa referencia a su vocación de músico) y despedida con mirada al pasado; Tú eres eso, de su antigua banda.

A medida que el sol se va ocultando, más público ha ido llegando. Justo para vibrar con Bebe. La valenciana protagoniza uno de los conciertos más emotivos del festival, poniendo sobre la mesa un repertorio que incluye sus temas más reconocibles del pasado y otros tantos de su álbum más reciente. Empieza así el concierto con uno de sus temas más populares, Siempre me quedará, seguido este de Me fui. Y tiene que ser Bebe también quien protagoniza una de las pocas referencias dentro del festival al Orgullo, con la canción Volver a ser la de antes, dedicada a la comunidad LGTB. Se interpretan además temas más actuales dentro de su discografía, como Diferentemente Iguales; se pone rockera con Qué Carajo y vuelve a echar la vista atrás con Con mis manos y Ella, esta última con mensaje reivindicativo incluido, según la propia Bebe una canción de las mujeres dirigida a los hombres.

Bebe

Entre medias de Bebe y Crystal Fighters, en el Vialways, tocan The Cat Empire, llegados desde Australia. Con una formación bastante amplia, desplegan su mezcla de rock, ska y funk, sus letras moviéndose sutilmente entre el español y el inglés, aunque no por ello su propuesta deja de ser algo previsible.

Y como ayer pasara con Bunbury, no es difícil adivinar entre el público a los fans de Crystal Fighters. Los británicos son ya un clásico de los festivales de verano españoles. Con una puesta en escena y un setlist casi idénticos a los de conciertos pasados, los Crystal Fighters ejecutan su pop electrónico de graves envolventes sobre un público entregado. Como ya hicieran en otras ocasiones, comienzan con una intro de percusión muy en armonía con el decorado, y justo después, pum, I Love London. A partir de entonces, se suceden los bailes al son de los archiconocidos temas de la banda, todo bajo un lema en común: el amor a la naturaleza. No faltan Love is all I got, Follow, Summer –en este caso con una intro de hip hop y un final muy de dubstep-; se enlaza All Night con Champion Sound mediante una sección de percusión. Sorpresa, una de las pocas novedades: Boomming in your Jeep. Y hasta el final, más metralla. Love Natural, y algo de pausa con By your side. Se esconden tras el escenario después de You and I, pero aún el público quiere más y los británicos vuelven al escenario para poner fin a la fiesta, al ritmo de Love is calling y Plage… y confeti, mucho confeti.

Crystal Fighters

Fotografías: Daniel Cruz de Festival Río Babel

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