jueves, noviembre 21, 2019

Crónica Paredes de Coura 2019: Sueño de una noche indie de verano

Conciertos Crónica Paredes de Coura 2019: Sueño de una noche indie de verano

Las orillas del río Taboão se sumieron en un dulce sueño un año más, para acoger el acontecimiento señero de la región norteña del Alto Miño portugués: el Festival Paredes de Coura. Miles de campistas aterrizaron a este recinto durante la semana para acudir a este acontecimiento con todas las entradas vendidas, no sólo para el evento completo sino también para los abonos diarios de sus dos primeros días.

Entre el 14 y el 17 de agosto, en un entorno envidiable el festival contó con temperaturas muy agradables que hicieron posible disfrutar de un cartel histórico y para todos los gustos, donde el sentimiento de actos como Mitski, Julia Jacklin, The National o Spiritualized encontraban su contraparte idónea en el dinamismo de propuestas como Parcels, Father John Misty, Patti Smith o New Order. Nombres veteranos junto a nuevas promesas, además de la ausencia de largas colas y una oferta que siempre va más allá de lo musical han definido esta edición de uno de los festivales más atractivos de la península ibérica. 

Miércoles 14: Unos pletóricos Parcels

PARCELS @ FESTIVAL VODAFONE PAREDES DE COURA 2019 © Hugo Lima

Comenzaba la tarde acompañada de la voz de Julia Jacklin, uno de esos artistas en alza que el Paredes de Coura atrae con certeza cada año. Era la primera vez que tocaba en Portugal —así lo reconoció— y quizás por ello se sorprendió al ver ante ella a “a dos millones de personas” más de las que se esperaba cuando salió a presentar su reciente ‘Crushing’ acompañada de su banda.

Apuntado ya como uno de los mejores discos del año, este trabajo no hace más que ganar en directo, donde el protagonismo sigue siendo de la todopoderosa voz de Jacklin, cultivada en la lírica clásica y especialmente penetrante en temas como “Comfort”, para el que se quedó sola, en acústico frente al público, o “Turn Me Down”, en la que con una sola frase crece hasta alcanzar el más alto registro de sensibilidad. Abrió con “Body”, perfecta y agridulce, y poco después preguntó: “¿Quién está triste hoy?”, y para “ponernos aún más tristes” nos regaló “Don’t Know How To Keep Loving You”. Pero también ofreció su vena más movida en temas como “Head Alone” —alcanzando la euforia colectiva con ese alegato feminista que dice “I don’t want to be touched all the time, I raised my body up to be mine”—, “You Were Right” o “Pressure To Party”, y miró a su anterior disco ‘Don’t Let the Kids Win’ para rescatar “Leadlight”, “Pool Party” o “Eastwick”, un tema cuyas secciones instrumentales funcionan como un gran y cálido abrazo folk rock.

Con el público, fue agradecida y simpática. Sincera también, al transportarnos con tanta elegancia y poder a algunos de los parajes más íntimos de su vida —este último disco aborda dos años de ruminaciones sobre una ruptura amorosa. Fue la última parada de la australiana en la península ibérica, pues ya había tocado en el catalán Vida Festival, y esperemos que no pase mucho hasta la próxima. 

Para despertar del reconfortante concierto de Julia Jacklin, llegaban las movidas y psicodélicas melodías de los brasileños Boogarins, frente a un cada vez más lleno escenario principal en el que presentaron su último trabajo, ‘Sombrou Dúvida’.

Ritmos caleidoscópicos que se entretejieron ante un público cada vez más concurrido y animoso, que iba calentando motores para el que sería el mejor concierto de la noche: Parcels. Cuando hicieron acto de presencia sobre el escenario, la luna brillaba ya al fondo y así lo hizo notar uno de los miembros de esta banda australiana para ejemplificar la belleza de la noche. Ni ellos mismos se creían estar tocando antes tantísimas personas y ofrecieron un auténtico bolazo. Estaban pletóricos, así como el público, todos ellos entregados a los sonidos sintéticos que vibraban sobre el anfiteatro natural que es el escenario principal del festival.

Oleadas de teclados, percusión eléctrica, luces dinámicas, bodegones que inundaban el fondo, coreografías eufóricas y gritos motivantes hacían imposible dejar de mover los pies o mirar al espectáculo sobre el escenario. Entre piezas cantadas y otras instrumentales, el teclista Louie Swan coló una versión de “Encosta-te a Mim”, del cantautor portugués Jorge Palma, que le ganó una de muchas ovaciones. Pero esa balada fue la excepción en un setlist extremadamente dinámico, con temas impecables como “Withorwithoutyou”, “Iknowhowifeel”, “Closetowhy” o “Tieduprightnow”, coreada especialmente por el animado público y con la que remataron tras dar miles de gracias.

Y tras la tormenta llegó la calma con The National, en un concierto que se hizo algo pesado tras la livianidad de Parcels. Aunque fue un concierto correcto, salvando algún problema técnico con la voz de Matt Berninger al principio, quizá habría sido más acertado cerrar con la euforia de Parcels y haber dejado el rock nostálgico de los de Cincinnati para algo más temprano.  

Hicieron repaso de sus incontables álbumes, incluyendo también los temas de su reciente y sensible ‘I Am Easy To Find’, álbum en el que Berninger se acompaña a los vocales de artistas de la talla de Sharon Van Etten, Lisa Hannigan, Gail Ann Dorsey o Mina Tindle. Ésta última acompañó en la velada portuguesa, alcanzando altos niveles de sensibilidad en temas como “Oblivions” o “Where Is Her Head”.

A lo largo de un set muy dilatado —20 canciones—, Berninger estuvo menos personaje que de costumbre. Aunque dirigió elocuentes comentarios al público —hablando, por ejemplo, de su desencuentro con Nick Cave en el Paredes de Coura de 2005—, solo bajó a interactuar con el público por el foso en una ocasión, con “Graceless”, cuando por lo general suele hacerlo en varias. Los mejores momentos estuvieron en clásicos como “I Need My Girl”, “Mr. November”, “Fake Empire” o “About Today”, recibidos con palmas y coreos del público.

Sin embargo, la gran triunfadora de la noche fue la final “Vanderlyle Crybaby Geeks”, donde la implicación del público dejó atónito a Berninger. El cantante quedó en sliencio observando cómo miles de personas coreaban ante él una y otra vez las estrofas más míticas de este tema.

Jueves 15: Los impecables Car Seat Headrest

CAR SEAT HEADREST @ FESTIVAL VODAFONE PAREDES DE COURA 2019 © Hugo Lima

Si Julia Jacklin fuera la gran primera sorpresa del miércoles, su compatriota Stella Donnelly iluminó con su desparpajo a los presentes en uno de los primeros conciertos del día disguiente. En el escenario pequeño ella se hizo grande, ya fuera por su irreverencia en temas como su alegato feminista antes de —y durante— “Boys Will Be Boys”, o la graciosa coreo que despliega en “Die” y a la que se suma el público, en un tema que compuso buscando hacer “un hit EDM, una canción para salir a correr”. Pero también hubo tiempo para pararse en temas más pausados, donde su destreza vocal cobra protagonismo, como “Lunch” o “Boys Will Be Boys”.

La joven artista australiana es un terremoto sobre el escenario y entre “obrigados” y anécdotas logró sacar sonrisas del público y, por seguro, anotarse también bastantes nuevos fans. Remató con “Tricks”, un tema movido que hizo la locura de los presentes y la cantante, que salió a primera línea de palco a revolcarse por el suelo. Súper buen sabor de boca en un escenario que reventaría horas más tarde con el concierto de Boy Pablo, otra de esas nuevas promesas muy apreciadas por los asistentes del festival.

Mientras tanto, en el escenario principal la tarde recibía casi a primera hora la experiencia colorida y sintética de Alvvays, que en cierta manera continuó con el chorro de energía de de Donnelly, eso sí, algo más ensoñador y menos terrenal. Los sintetizadores ochenteros que caracterizan su sonido se expandían por la colina del recinto, mientras la gente bailaba sobre el césped y cantaba los temas de sus dos suculentos trabajos. “Archie, Marry Me” fue el hit ganador, el que sobresaltó el corazón del público, repitiendo el estribillo entre saltos y gritos. De ese mismo álbum —su debut, ‘Alvvays’— sonó también “Party Police”, algo menos bailable y más intensa. Los canadienses se mostraron super simpáticos, con la cantante Molly Runkin haciendo cumplidos sobre el entorno y el país portugués. Era el último set de la gira de ‘Antisocialites’, segundo disco de estudio que llevan presentando desde que irrumpió en la escena internacional en 2017. De este trabajo sonaron la mayoría de las canciones, destacando ‘In Undertow’, ‘Dreams Tonite’ o ‘Plimsol Punks’, recibidos efusivamente por un público inyectado de glucosa, en uno de los conciertos más joviales a la orilla del Taboão este verano.

Del dulzor de Alvvays, pasaríamos al amargor de Car Seat Headrest. Pero un amargor deseado, saboreado. La historia del grupo liderado por Will Toledo comenzó en 2010 cuando el artista componía en su habitación y publicaba en internet, y probablemente en aquella época nunca se hubiese imaginado tocar para una multitud tan grande como la del festival luso. Aún así, la propuesta de este artista sigue manteniendo ese halo de intimidad, que desprenden sus letras y su presencia sobre el escenario. Quizás sea por su actitud tímida, con el pelo cubriéndole la cara mientras cantaba. Más extrovertido se mostró el batería Andrew Katz, quien presentó el último tema y en varias ocasiones interactuó con el público, animando a dar palmas o elevar las luces de los móviles en la gran balada que arrasó con los corazones de los públicos: “Drunk Drivers/Killer Whales” o “Sober to Death”, dos de los momentos más íntimos y bellos de todo el festival.

En el concierto, sin embargo, predominaron las canciones de vena más punk y ruidosas, como “Fill In The Blank” o “1937 State Park”, donde Toledo declama verdades como puños, repitiendo frases y acompañado de un chorro de energía garagera que crece por momentos. Una fórmula que funciona verdaderamente como catarsis y conexión con el público, para escupir todas los pensamientos y emociones nocivas a base de una suerte de art rock, acompañado por uno de los mejores sets lumínicos que vería el Paredes. Se sucedían dilatados estribillos y secciones instrumentales que incitaban a la locura, al pogo. Cerraron con una larguísima “Beach Life/In Death” que dio rienda suelta al sentimiento de todos los presentes, y dejaron con ganas de haber escuchado “Drugs With Friends”, que faltó en el setlist de los norteamericanos..

Finalmente, New Order cerrarían la noche en su primera visita a este festival portugués, con un setlist que hizo el deleite de todos los presentes, tanto fans recientes, más jóvenes, como aquellos otros que ya les conocieron en los años ochenta. Todos se movían, levantaban los móviles y celebraban la llegada de la historia a la orilla del Taboão.

Y aunque incurrieron en temas más recientes, como “Singularity” o “Restless”, los mejores momentos llegaron con paradas en hits como “Bizarre Love Triangle” o “Blue Monday”. Tampoco podía faltar tributo a la que fuera banda de Bernard Sumner y Stephen Morris, Joy Division. De ellos sonaron “She’s Lost Control” y “Transmission” al principio, y posteriormente, en el bis, “Atmosphere” y “Love Will Tear Us Apart” mientras se proyectaba la iconografía de esta banda en el fondo. Un entrañable tributo.

El sonido electrónico de los New Order viraría a otros registros en los after sets de Acid Arab, una suculenta mezcla de géneros orientales filtrados con electrónica. Aunque faltaron algunos de sus pistas más conocidas —véase “Gul l’Abi”-, es imposible negar que la propuesta fue triunfadora, ya que no cabía ni un alfiler en el escenario Vodafone.fm.

Viernes 16: El carismático Father John Misty

FATHER JOHN MISTY @ FESTIVAL VODAFONE PAREDES DE COURA 2019 © Hugo Lima

La tarde del viernes comenzaba con el único grupo español del festival, Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, y su estruendoso rock psicodélico, andaluz, que concentraba a gran parte del público español en el escenario pequeño. Al mismo tiempo, llegaba al escenario principal uno de los grupos más potentes de la escena portuguesa a día de hoy: First Breath After Coma.

Cuando comenzaban a las 18.15, puntuales, había ya una multitud esperándoles, que se fue haciendo más concurrida a medida que avanzaba el concierto. Camisetas con la portada del último álbum de la banda, algún cartel pidiendo las baquetas del batería y gente de, sorprendentemente, un amplio rango de edad en primeras filas. Frente al público brillaba sobre el telón del escenario la portada de ‘NU’, nuevo álbum de First Breath After Coma, lanzado en marzo y que presentaron durante la mayor parte de los 45 minutos de su set.

El nuevo trabajo de los leirenses rehúye ese post rock con el que se habían bautizado para adentrarse en nuevos devenires artísticos que puedan recordar a James Blake, Daft Punk o Bon Iver. Distorsiones de voces y sonidos; instrumentos eléctricos; silencios premeditados. Mantienen sus letras poéticas y conceptuales, que se unen a las melodías para lograr una fuerza y compenetración vibrantes: el quinteto, se funde con sus sonidos plenamente, ofreciendo un espectáculo a la vista.

Este trance, además, se transmite al público, que en primeras filas fluía con todo su cuerpo y se emocionaba al reconocer un tema antiguo: “Salty Eyes”, que recupera ese post-rock al que hace honor su nombre. A lo largo de la colina había quien prefería disfrutarlo sentado sobre el césped, bajo los rayos de sol. Pero todos ellos latían con sus sonidos laberínticos, que se mueven entre la intimidad que da inicio a temas como “I Don’t Want Nobody” —compuesta “a las 6 de la mañana” por el teclista Rui Gaspar— o la grandeza expansiva que explota a la mitad de “Howling for a Chance” o “The Upsetters”. Al final del bolo se subió al escenario el productor portugués Noiserv, para interpretar dos temas, cerrando con la intensidad de “Don’t Say Hi If You Don’t Have Time For A Nice Goodbye”.

Un sonido exacto pero expandido, que les hace grandes y hace pasar el tiempo volando. Cuarenta y cinco minutos parecen cinco y pronto están agradeciendo el paso por un festival del que, confiesan, llevan siendo asiduos muchos años.

Tras semejante experiencia era hora de calmarse un poco, y Jonathan Wilson hizo los honores. Era la primera vez del veterano productor y músico estadounidense en Portugal, y cumplió las expectativas con creces ofreciendo un concierto de folk rock tranquilo, de melodías y secciones instrumentales dilatadas que lograron bajar la intensidad, en el palco principal, tras First Breath After Coma. Mucha gente lo disfrutó sentada en el césped, a medida que Wilson y su banda -—sorprendente el parecido del teclista a John Lennon— desgranaban esas canciones de herencia setentera que pueblan gran parte de su último álbum, ‘Rare Birds’, lanzado el año pasado y que aprovechó para presentar en el festival portugués.

Pero pronto habría que volver a la locura, ya que black midi era parada obligatoria en este festival. Son uno de los grupos británicos del momento. Este cuarteto londinense, que rehúye los grandes focos, ofreció uno de los conciertos más crudos que ha presenciado este año el público courense, con permiso de Car Seat Headrest. Aunque no sean grandes oradores, los chicos de black midi tienen gran carisma y presencia con sus instrumentos y son unos portentos en lo que mejor saben hacer: dar energía por un tubo, en un setlist corto en el que integraron las canciones que pueblan su reciente EP ‘Schlagenheim’, así como otras que tienen publicadas online. Temas que hablan (y suenan) sobre el caos que parece reinar en el mundo a día de hoy. Atmósferas progresivas, industriales, distorsionadas que generaron un pogo constante en primera fila y bailes acelerados en el resto del público.

Deerhunter eran los siguientes, en el escenario principal del recinto. Con el concierto de Bradford Cox y los suyos quedó inaugurada la recta final de la jornada, protagonizada por personalísimas figuras masculinas, entre lo carismático y lo excéntrico, ya fuese por su producción artística o por su presencia sobre el escenario. Los de Atlanta abrieron boca con ‘Agoraphobia’ para pronto introducir ese sonido de clavicémbalo tan icónico de su último álbum ‘Why Hasn’t Everything Already Disappeared’ —para algunos entre lo mejor de 2019—, en el que el grupo explora cuestiones sobre el fin del mundo a través de un sonido brillante que se trasladó soberanamente al directo y recayó sobre los presentes con una buena dosis de lucidez. Pero además de repasar su último trabajo, hubo hueco para rescatar viejas joyas. “Nunca hemos tocado ésta en Portugal”, decía Cox para introducir “Coronado”. Se mostró distendido con el público, y reconoció su admiración por artistas portugueses como el músico experimental Rafael Toral, Nuno Canavarro o la banda de new wave Street Kids, ante el incrédulo de gran parte del público.

Más temas antiguos que sonaron fueron “Helicopter”, “Revival” —se dejó la piel y la voz—, así como unas dilatadísimas “Desire Lines” o “He Would Have Laughed”, para cuya parte final Cox se cubrió la cabeza con un pañuelo, cumpliendo con su cuota de excentricidad —cuando estuvo en el Tomavistas nos deseó a todos los presentes que fuéramos tan felices como los perros que había en nuestros parques— y preparando los paladares, por la temporalidad de las canciones, para la ópera rock que estaba a punto de suceder.

Y es que el listón estaba alto, pero Spiritualized consiguió seguir cultivando a la audiencia, a través de esa liturgia en que se convierten sus conciertos. Con un frontman algo más reservado, como es Jason Pierce, el concierto fue igualmente magnífico. Interpretó sentado, acompañado de sus músicos y un coro de gospel con bastante protagonismo. Recorrió casi la totalidad de su último álbum, ‘And Nothing Hurt’, con pinceladas de algunos anteriores y temas míticos como “Come Together” o su versión de “Oh Happy Day” que remató el concierto. Fueron muchos los que decidieron vivir el concierto sentados sobre el césped, frente a ese espectáculo sonoro y visual.

Y si Bradford Cox fue excéntrico y Jason Pierce reservado, Joshua Tillman (aka Father John Misty), llegó al escenario del Paredes para robar los corazones del público en semejante dosis de elegancia. Junto a él, su banda habitual y un trío de viento que dieron cierta vena jazzística al concierto. Todo sonaba a la perfección, en un espectáculo aderezado por los pasos de baile de Tillman y sus ácidos comentarios al público: “Tenéis que estar hartos de que os pregunten qué tal estáis”.

Las canciones de Father John Misty tienen un aura especial, una especie de folk rock de cámara entrañable y de letra peculiar. Recorrió varios de sus trabajos para pararse con cariño en temas como” The Night Josh Tillman Came To Our Apartment”, “You Can Call Me Nancy” o “I Love You Honeybear”. Pero brilló especialmente en los temas más movidos y enérgicos, donde pudo dar rienda suelta a su personaje, arrodillándose en canciones como “When You Are Smiling And Astride Me”.

También destacaron otras, como “Total Entertainment Forever” o “Real Love Baby”, muy movidas y que apuntaban hacia el explosivo final que logró “Date Night”, un tema buenrollero y acertadísimo para cerrar el escenario principal en esa noche de verano. Genio y figura, Tillman sacó con sus mejores pasos de baile, mientras el público saltaba, emocionado, y se quedaba loco pidiendo un futil “otra, otra”. El concierto de Father John Misty fue probablemente el mejor sabor de boca para cerrar cualquiera de las cuatro jornadas de esta cita festivalera.

Sábado 17: Chamánica Patti Smith

PATTI SMITH @ FESTIVAL VODAFONE PAREDES DE COURA 2019 _ © Hugo Lima

La jornada del sábado comenzaba con dos grupos portugueses: Time for T y Ganso. Tanto el indie folk de los primeros como el más ambicioso rock sesentero de los segundos dieron inicio a una tarde que, con acento femenino, se movería por derroteros muy interesantes. Primera parada: Alice Phoebe Lou.

Un ligero resfriado no impidió a la cantante sudafricana ofrecer un concierto jovial que, pese a algunos problemas iniciales con el sonido de su voz, logró enganchar a la multitud que se agolpaba en la carpa del escenario pequeño. Entre temas antiguos y los de su recién estrenado ‘Paper Castles’, destacaron canciones como “Nostalgia”, balada de poso cincuentero, o la reivindicativa “Skin Crawl”, en la que aprovechó para pedir más espacios seguros y sin odio en la sociedad en la que vivimos. Será interesante seguir la evolución de esta chica en los próximos años, y ver que pasa con ese tono folkie de filigranas electrónicas.

Acababa Alice Phoebe Lou mientras en el escenario principal, la cantante americana de ascendencia japonesa, Mitski, ultimaba las pruebas de sonido en el escenario principal. En el centro del mismo podían verse una mesa y una silla, las cuales se convertirían en el centro de la performance preparada por la artista para presentar su aclamadísimo ‘Be The Cowboy’.

Adentrarse en el universo de Mitski no es tarea fácil, sobre todo teniendo en cuenta que aquella artista que salía a desgarrarse mientras tocaba el bajo en sus primeros años —hace tan solo 4— ha quedado atrás, dejando paso a una nueva etapa más conceptual y performática desde la publicación de su último trabajo en el que precisamente aborda ideas sobre la fama y la construcción de la misma. Mitski parece rehuír el estrellato —por eso, ha alegado, dejará los escenarios durante una temporada— pero a la vez parece atraída por las posibilidades de construír diferentes personas en torno a ella, y parece beneficiarse de esta habilidad camaleónica en sus conciertos. El espectáculo que presentó a la orilla del río Taboao puede parecer frío si no se conocen las intenciones de Mitski, pero a lo poco que uno escarbe en su mundo, lea entrevistas o simplemente se pare con la letra de sus temas, puede darse cuenta de que estamos ante una artista con mayúsculas.

La performance que presentó en el Paredes de Coura impone ante ella una mesa y una silla con las que se peleará a lo largo del concierto. Dos muebles que parecen representar una forma de ser, anclada en un romanticismo tóxico y nocivo, y del que se libera poco a poco. Canciones nuevas y viejas toman un sentido cronológico de superación y auto determinación. Primero canta al amor, a la obsesión, a la debilidad, mientras se acerca a la mesa. “You know me better than I do ⁄ So why didn’t you stop me?”, canta en “Why Didn’t You Stop Me”; “I’ll take anything you want to give me, baby”, repite en “My Old Friend”. Con la mirada perdida, canta sin dirigirse al público y encaja bailes robóticos haciendo de su cuerpo una percusión. Se contorsiona, distante, pero pronto se abrirá. La confusión llega en “First Love/First Spring”, en la que la dependencia llega a niveles extremos: “One word from you / And I will jump off / Of this ledge I’m on baby”, canta mientras da vueltas sobre la mesa, confundida, desgarrada con muecas en su cara.

Pero de repente, “Geyser” emerge con todo el poder: “I am a geyser / Feel it bubbling from below”, se revela. Mitski se sube a la mesa y poco a poco despierta de su letargo y comienza a definirse independiente. Poco a poco va creciendo a medida que las canciones son más determinantes —”Liquid Smooth”, “Thursday Girl”— y también se enfrenta con la mesa, a la que se sube, la que derrumba, con la que se restriega, dueña y señora sí misma. Y finalmente es libre, con “Your Best American Girl” —”Your mother wouldn’t approve of how my mother raised me ⁄ But I do, I finally do”—, repite; o con “Bet On Losing Dogs” o “Drunk Walk Home”, una suerte de marcha militar pop en la que convierte el micrófono en arma de francotiradora. Tres temas totalmente empoderadores que cierran la performance y dejan a Mitski, más humana que nunca, agradeciendo encarecidamente a un público efervescente que vivió este viaje emocional con suma intensidad.

Para cerrar, la cantante norteamericana interpretó otros tres temas y acabó con “Carry Me Out”, yéndose antes que su banda, quienes aprovechan también para agradecer con sonrisas y sacar fotos de la multitud que se había acumulado para presenciar este espectáculo.

Cambiando totalmente el registro, comenzaba el show de Sensible Soccers en el escenario pequeño. Este grupo portugués es otra de las grandes promesas actuales del país, y así lo demostraron desplegando su kit de instrumentos y resortes electrónicos. Construyeron, como artesanos de la electrónica, las distintas atmósferas sonoras de su último álbum, ‘Aurora’.

Sus canciones modulan entre diversas corrientes electrónicas para llegar a un punto entre el ambient, el minimal, la tropicalia. Canciones cargadas de contrastes, con melodías envolventes capaces de transportar a cualquiera desde a una selva amazónica hasta una rave en Ibiza. Un auténtico viaje cargado de progresiones, con puntos álgidos en temas como “Farra Lenta” o”Como quem pinta”. El cuarteto portugués se escondía tras una nube de humo, de diversos colores. Totalmente concentrados en gestionar sus mil y un instrumentos, tan solo salieron del trance para saludar y agradecer al público dos canciones antes de rematar el concierto.

Y de repente comenzaba la recta final del festival, en el escenario grande con una grande: Patti Smith llegaba para embaucar a todas las edades con un setlist cargado de himnos propios y ajenos. Fue un concierto poderoso, con una protagonista a quien los años no parecen sentar nada mal. Se dedicó a lanzar mensajes de amor y comunión mientras declamaba canciones como “Ghost Dance”, un canto casi chamánico, de otra época, que se revuelve en torno a la idea de la paz.

Con modestos y entrañables pasos de baile, reverencias y gestos de agradecimiento al público, la veterana cantante fue la maestra de ceremonias perfecta, manteniendo en todo momento el equilibrio entre su faceta más rockera y descarnada y aquella otra más delicada y comedida. Hubo un error en el setlist, y presentaron “Are You Experienced?”, de Jimi Hendrix, como un cántico a la paz en vez de “Ghost Dance”, a lo que Smith reaccionó recordando que: “Hendrix was all about ‘fucking’ peace and love”, gritando.

Acompañada de su banda, cubrió también a grandes como Neil Young, Midnight Oil, The Rolling Stones —dejando sola a su banda para ello— o Lou Reed, aunque el punto álgido llegó con sus archiconocidos “Because The Night” y “Gloria”, que sin embargo se vieron algo disminuidas en sus partes menos instrumentadas, porque llegaban los sonidos del otro escenario. La euforia del público sirvió para salvar este pequeño traspiés y cerrar al grito de G-L-O-R-I-A.

Encargado de cerrar el festival llegó otro clásico del rock a la orilla del Taboão: Suede, liderado por un entregadísimo y extasiado Brett Anderson. El artista británico era dueño del escenario, por el que se revolcaba, animando al público a seguir su ejemplo en un viaje de auténtica adrenalina. El repertorio hizo repaso de su trayectoria histórica, con auténtica garra y sudando a gota gorda. Sus mayores hits —”Trash”, “Animal Nitrate”, un acústico de “The Wild Ones” o “Beautiful Ones”— quedaron para el final, completados por un bis equilibrado entre una versión acústica de “She’s in Fashion”, recibida entre aplausos, y su archiconocido “New Generation”, que dejó al público del Taboao extasiado ante semejante viaje de adrenalina.

Estribillos pegadizos y muchísima energía habían preparado a todos los presentes para desfogarse con los dos sets after hours mientras la climatología del norte de Portugal comenzaba a despedirse a su manera: lloviendo por primera vez en los cuatro días de festival.


Fotografías: Hugo Lima