Crónica Atlantic Fest 2018: Volver á illa

ATLANTIC FEST

Volver, volver, volver. El viaje se repite y se mezcla lo vivido ayer y lo de hoy. Como capas emocionales superpuestas. Como cruces de caminos. Volvemos “Á Illa”, al Atlántico y llegamos el viernes cuando ya resuenan las plazas (nueva y mejor ubicación para los conciertos de viernes) del pueblo. “A Illa” como lugar emocional- físico, como un “Lost”personal- particular- local.

La tierra se acaba y todo lo de alrededor es Atlántico y Atlantic Fest. 

Tras atravesar por un laberinto de pequeñas calles, llegas a una plaza donde puedes apreciar el rotundo azul al fondo, salpicado de barcos de altura y botes amarrados color rojo, blanco, azul y el sol. Y allí suenan los vigueses Ghost Beast en el escenario de Estudios Mans, mientras entre el público se mezclan los festivaleros con la gente “da Illa”, veraneantes y demás gente de bien, de mal. 

Respira. Inspira(te). 

Sería precioso todo el festival en el pueblo (aclaramos luego). Suena Jay en el escenario de Jägermusic con trompeta, sintes, guitarra o mandolina eléctrica, más batería; tocando Fuimos nosotros, su último trabajo lleno de color y en el que cambian radicalmente la paleta de sonidos hacia algo más luminoso, más pop, con toques de psicodelia, art, urban, jazz. Llámalo x. 

Cambio, pasamos al auditorio. María Arnal i Marcel Bagés. En su segundo pase. Disco del año. Arte y literatura, maravilla, ahora y siempre. Los acercamientos últimos del flamenco a la, digamos, música contemporánea están siendo muy celebrados, desde el primigenio Morente meets Lagartija Nick y Los Planetas, hasta las últimas propuestas de Niño de Elche, Rosalía, Raül Fernandez con Silvia Perez Cruz (con Rosalía), Rocío Márquez  María Arnal i Marcel Bagés aportan una calidad escenográfica y documental que no hace si no sumar emoción al contenido. Un contenido denso el de 45 cerebros y un corazón que sin embargo llega a todo el mundo a la primera escucha en directo. Una gozada.

Estás en A Illa. Shh. Escucha. Puedes casi tocar el sonido que emiten las jodidas gaviotas (que odio, a no ser aquí) las partículas de salitre suspendidas y adheridas a la piel. Cuerpos de sal y música.

Seguimos con otro de los discos del año, el de Soledad Vélez y su nuevo disco Nuevas Épocas. En el escenario Mans, con la ría de fondo y la noche ya encima, se subía Soledad con su nuevo grupo de directo Ángela Pascual (Joaquín Pascual, Pink Frost) y Jordi Sapena (Pink Frost, Tórtel, Mondúver, La Habitación Roja). Precioso el “marco incomparable” pero hubiese sido bonito escucharla el sábado en un escenario grande. Bailes en la noche. 

Acabamos la propuesta del viernes (propuesta gratuita excepto el concierto en el auditorio) con Papaya, concierto muy festivo en el que con la ayuda del licor café pusieron a bailar y saltar a todos los presentes. Yanara Espinoza, Miguel Aguas y Sebastián Litmanovich presentaron su Corazón abierto y que le vamos a hacer si “cada día estás más hermosa y yo lo puedo ver”, que nos llevamos en la cabeza a dormir o lo que surja.

Y llegamos a la jornada del sábado…

Día de “festival al uso” con inicio en Sesión Vermú desde las 12, con Iván Ferreiro a las 14:15. Iván hizo que se llenase el festival desde bien temprano, por el que ya habían pasado las “hiperjovencerrimas” Mushu, el synth pop de Presumido y el rockabilly-blues de los albaceteños The Niftys. 

Iván hizo cantar en karaoke a todos los presentes con su “supergrupo” a su espalda, carga emocional en horario de comedor. Que es lo que se hizo después del concierto. Comer mientras veíamos a los Nastys en techo de un camión de Martini, soltar sus berridos y guitarrazos. 

Para la digestión nada mejor que Rodrigo Amarante y su elegancia en el vestir y en el tocar. Bohemia con total look en blanco de él y su acompañante al piano. Delicias brasileñas, dadas a conocer por la serie Narcos; que sosiega, embalsama y embelesa a partes iguales. 

Cambiamos de década, a los 60-70, con Bifannah, pontevedreses con letras en portugués que caminan levitando por la lisergia brasileña, los tropicalismos y el garage. 

Había mucha expectación por ver a Yung Beef y fue un auténtico “bluff”. Engaño, farol, etc. Con la “música urbana” haciéndose el dueño del mundo y sus “beefs” con C. Tangana ocupando páginas de diarios de gran tirada se esperaba que defendiese su último trabajo Adromicfms 4. Pero nada. Playback todo el rato y “uh, ah, aha”, por encima, si no os movéis me voy y cosas así. Una pena. 

Lo compensamos con el directo implacable de La Plata. Los valencianos se llevaron por delante todo con la presentación de su Desorden, pop-punk acelerado y contagioso.

Seguimos con Iceage, los daneses suenan más brit que la reina de Inglaterra y destilaron con su cara de no haber roto un plato (eso sí, con pose) su post-punk-rock; en una vertiente más apaciguada que lo esperado. Quizás moviéndose hacia lo último de Arctic Monkeys que a ser los Fugazi daneses. 

Punto y aparte merecen Caxade y su folk galaico que llenó el escenario Martini. Para dar paso a La Casa Azul y su POP en mayúsculas, que llenó también el escenario grande. Christina Rosenvinge salió con su banda a cantar a “un hombre rubio” ya con la noche puesta y las estrellas brillando; y todos los tópicos de una noche feliz. 

The Vaccines y Kaiser Chiefs cerraban el festival como los ecos de lo que eran; mientras Eva Amaral y Xabi B sacaban los mejores himnos de ayer y hoy para hacer bailar a las gentes.

Quedaban para el domingo Rayotaser y Esteban & Manuel, electrónica, cumbia trapera y baile en la plaza del pueblo.

Aclaremos que la jornada del viernes del Atlantic Fest se lleva a cabo en el pueblo en a Illa de Arousa y la del sábado justo a la entrada del mismo en una explanada junto a una de sus millones de playas, en la que se ubican los escenarios grandes, foodtrucks y otras actividades paralelas del festival: paddle surf, etc.

¿Se pierde el encanto al no hacerlo en el pueblo todo? Sí. ¿Es posible realizar un festival grande solo en el pueblo? Sería muy muy complicado, supongo. Auto-preguntas, auto-respuestas. Del romanticismo al comercialismo. ¿Los por qué del modelo festival como actuales fiestas de pueblo? ¿ Existe el festival perfecto? No todo el mundo viene a escuchar a su artista favorito, ni las propuestas nuevas, ni las cosas que vienen de fuera. Hay un 60% de loloismo en todo esto, en ir sin más, a lo que sea. Voy a pasármelo bien. No me des la turra.

¿A alguien le importan estas cuestiones? No. ¿Volveremos Á Illa? Sí.

 

Escrito por
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