martes, noviembre 19, 2019

Crónica BIME Live 2019: El futuro de Kraftwerk ya es presente (viernes)

Conciertos Crónica BIME Live 2019: El futuro de Kraftwerk ya es presente (viernes)

La primera jornada del BIME Live 2019 la arrancamos con la inesperada noticia de la baja por enfermedad de Michael Kiwanuka. El cantante británico anunció vía redes sociales que no asistiría este sábado 2 de noviembre al BEC de Barakaldo y la organización lo confirmó con la imposibilidad de encontrar sustitutos. Era la segunda cancelación en la parrilla prevista para la séptima edición del festival indoor por excelencia del otoño nacional, y que reunió a 9.000 personas, según los datos oficiales, para la primera cita, comandada por Kraftwerk y Foals. Parece que la mala suerte se ceba con este evento, que en 2018 también sufrió las caídas de M.I.A. y Fever Ray de su cartel.

Ausencias aparte, nos ayudó a olvidar la noticia el concierto del gernikarra Aitor Etxebarria, que abrió el escenario Antzerkia (Teatro), este año de nuevo en su emplazamiento habitual después del cambio de pabellones en 2018 por motivo de la celebración de los premios de la MTV. El compositor vizcaíno, más conocido por su alter ego de DJ (El_Txef_A), ofició junto a otros cuatro músicos, entre ellos un inspiradísimo Hannot Mintegia a la guitarra eléctrica. El músico se impuso desde su posición central en los arrebatos más enérgicos y crudos de un recital que pasó de lúgubres silencios a vibrantes crescendos post-rockeros. 

Aitor Etxebarria BIME
Aitor Etxebarria comenzó al piano en el BIME Live 2019. Foto: Jordi Vidal.

Presentó Aitor Etxebarria su recién llegado primer álbum de estudio, ‘Nihilism, Part 1’ (El Segell, 2019), en el que colaboran un gran número de artistas vascos como Elena Setién o su hermano Hibai. Era de hecho la primera actuación de la gira, pero la falta de rodaje no se notó. Etxebarria, muy gesticular e impostado, cayó demasiado en los comentarios inanes, empezó en el piano, se tiró al suelo para interpretar uno de los nuevos temas de un trabajo que lleva desde 2014 cociéndose y terminó de pies liderando a la banda buscando la épica. La excelente iluminación ayudó a recrear los diferentes ambientes del recital.

Más humilde en gestos y palabras, así como con un mensaje claro y explicativo, se mostró justo después el ex-Standstill Enric Montefusco. Llegó al BIME Live 2019 de rebote, tras suspender Phantogram su gira europea, y con disco nuevo bajo el brazo, ‘Diagonal’. El bolo, de aroma tradicional y verbenero, tuvo como punto fuerte el humor con el que interpreta el grupo su cancionero. Las referencias futboleras (“¡Golazooo en San Mamés!“) tiradas con ironía o las bromas entre los miembros amenizaron el show. Lanzaron olés, cantaron sobre las muertes en el mar (“Himno de Europa”) y pusieron a la peña a dar palmas en comunión (“Todo para todos…“). Finalizaron entre el público tocando en acústico de nuevo dos de las piezas del repertorio, una escena que sirvió para llenar Instagram de stories pero que tuvo un resultado totalmente fútil en sonoridad. 

Enric Montefusco BIME
Enric Montefusco en el BIME Live 2019. Foto: Óscar L. Tejeda.

Nos preguntábamos sobre las 21:00 donde estarían las 9.000 personas que acudieron al BIME Live. Posiblemente muchas estarían viendo a la eurovisiva Amaia en el teatro y la mayoría se acercaron a los dos platos fuertes de la jornada. No en vano, tanto con Kraftwerk, de ambiente más calmado y reverencial, como con Foals, con mayor exaltación del público veinteañero en las primeras filas, se vivieron los máximos agobios.

Viaje sintético

Puntual, la legendaria formación germana, que desde 2008 lidera en solitario Ralf Hutter junto a otros tres componentes, ofreció estática desde sus atriles sintetizados y con sus trajes de esqueléticas luces fluorescentes un repertorio muy pop, con los grandes hits del grupo de referencia para el electropop y el techno global contemporáneo. En 2016 actuaron durante ocho noches seguidas en el Museo Guggenheim, dedicando una fecha a cada referencia de su discografía. En su vuelta a Bizkaia, arrancaron con el álbum ‘Computer World’ (1981), primero con el lenguaje cifrado de “Numbers”, luego con la homónima mientras hacían hincapié en el espionaje tecnológico (CIA, FBI, KGB…), y por último con ese clásico “Computer Love”. 

Las imágenes, proyectadas en tres dimensiones, no tuvieron tanto impacto como cabía esperar. Salvo en contadas excepciones, la experiencia visual resultó decepcionante. Además, la gente que tuviera visto este espectáculo no iba a encontrar ninguna novedad. Como mucho, el momento de la nave espacial aterrizando en el BEC después de sumergirnos en la inmensidad del espacio en “Spacelab”. A esta le siguió el otro himno pop de Kraftwerk, “The Model”, polémica por su forma de cosificar a la mujer, pero que desde otros puntos de vista se ve como una crítica a la sociedad consumista, que reduce a la mujer a mera autómata sin identidad. 

Llegó entonces otro de los momentos más esperados. La carta de amor a las autopistas alemanas “Autobahn”, que para muchos pudo suponer una auténtica odisea y para muchas una deliciosa experiencia de carretera sintetizada. “Radioactivity”, una crítica a las catástrofes atómicas y radioactivas como Fukushima o Hiroshima, nos habló con vocoder de una población contaminada cuarenta años antes de que ahora se ponga el foco en la necesidad de un mundo sostenible.

El viaje de Kraftwerk tomó otros dos medios de transporte antes de llegar al bis final. Primero nos llevaron a las montañas francesas con ese mix extenso de “Tour De France”, con imágenes de la competición ciclista en blanco y negro; y posteriormente con su ferroviario “Trans Europe Express”, mezclado con el sonido industrial de “Metal On Metal”. Cerraron el concierto “The Robots”, con unos maniquíes sintéticos sustituyendo a los componentes ante la ovación del público, y un nuevo medley, mirando hacia el ‘Electric Café’ de 1986 y cantándole al techno pop en castellano de acento italiano (“la música ideas portará…”). Los germanos visionaron hace décadas un futuro que, en muchos aspectos, ya es presente, y su legado musical es la mejor forma de recordarlo.

Calor indie

Si Kraftwerk vieron en 1975 un futuro contaminado a nivel social y digital, Foals lo están viviendo y por eso los británicos han querido dirigir su doble álbum de 2019 hacia esa temática, pero la medioambiental. “Everything not save will be lost” sonó de fondo antes de que comenzara el ahora sexteto a reproducir el single “The Runner”, de la flamante segunda parte del disco.

Con el corte, el perfil joven que abundaba en las primeras filas, a diferencia del de Kraftwerk, entró en ebullición y convirtió el bolo de 80 minutos largos y sin bises en un fogoso y caldeado ‘pogueo’ indie. Gente por los suelos, sudaderas volando hacia el cantante Yannis Philippakis… La peña solo se tomaba un respiro para abordar al líder en sus descensos al foso. En uno de ellos casi acaba devorado por los y las seguidoras de los de Oxford. 

Foals BIME
Yannis Philippakis, de Foals, en uno de sus descensos al foso. Foto: Óscar L. Tejeda.

Sin embargo, la banda no parece evolucionar demasiado con el paso del tiempo. Era evidente la sensación de que lo único que cambió con respecto a su última vez en Bizkaia, como cabezas de cartel del BBK Live 2016, fueron las canciones que presentaban. “In Degrees”, de sonido más sintético, y “Like Lightning”, con un aire a rock comercial british en la línea de Royal Blood pusieron cierta diferencia en un repertorio muy anclado a la versión de estudio. El mayor distintivo instrumental se vivió en el outro de “Olympic Airways”, uno de los temas de su debut de 2008.

En pasajes más lánguidos como “Spanish Sahara” o “Sunday” les costó imponer su sonido por encima del graderío central, mientras que en el guitarrero trío “Inhaler”, “Black Bull” y “What Went Down” sacaron las garras y la fuerza que sirvieron de aliciente para los ‘pogos’; en algunos casos escogidos en momentos que no venían a cuento. Fue un concierto correcto, más propulsado por la acalorada marea humana que por el desempeño de la propia banda.