Inicio Conciertos Chk chk chk: Delirios de energía y baile imparable.

Chk chk chk: Delirios de energía y baile imparable.

Sala Apolo, Barcelona.

Fecha: 25 de octubre.

Una noche de viernes de finales de octubre más cálida de lo habitual. Mangas cortas o tirantes, alguna que otra sandalia. Todos haciendo cola para entrar en una Apolo en la que la temperatura desde el minuto cero fue aún más elevada, aumentando a medida que la banda de Nic Offer avanzaba en su intenso repertorio. Una sala con un aforo correcto, suficientemente lleno como para dar sensación de éxito, suficientemente espacioso como para poder bailar a gusto.

Porque si de algo se trató la hora y cuarto de concierto que se marcaron Chk Chk Chk fue precisamente de eso. Baile. Puro y duro. Sin bajones, sin tregua, sin descanso, sin casi parar entre canción y canción. Desde la inicial Jamie, my intentions are bass fue imposible quedarse al margen, con los pies o la cabeza quieta. Todos y cada uno de nosotros fuimos esclavos, por un momento, de un ritmo imparable. De ese ritmo a medio camino entre el funk, la electrónica y el rock cuya mezcla majestuosa es marca y seña de la casa, inconfundible, única. Una mezcla que les permite el lujo de que no suenen todas las canciones iguales. No cualquiera lo consigue, y transmitirlo en directo es aún más difícil.

Todos bailando, pero el primero de todos, un hombre. Nic Offer. Un cantante de, reconozcámoslo, dudosa capacidad vocal pero inagotable energía y desparpajo. En su habitual y divertido atuendo de pantalón corto de colorido y forma sospechosamente parecida a un calzoncillo. Saltando y corriendo de lado a lado del escenario, dirigiendo el festival de baile con sus coreografías, como si de una clase de aerobic se tratara. Probablemente el hombre que más se ahorra en gimnasios del mundo, si cada concierto de su gira es así. Que entiendes que duren menos de lo normal, a ver quién es el que aguanta ese ritmo cada noche sin que le dé un infarto.

Un cantante con un desparpajo y una simpatía que hace que no pueda aguantarse sin bajar del escenario y echarse unos bailes entre los que le estábamos viendo. Hasta en tres ocasiones lo hizo, siempre por los lados, llegando hasta la mitad de la sala, todos atentos a qué distancia pasaba de donde estábamos. Que interactuó una y otra vez con los afortunados de primera fila, a los que incluso cedió el micro en algún momento. Y que permitió y disfrutó de que al final del concierto el escenario se llenara de todos aquellos que quisieron unirse a la fiesta y bailar con él las finales Yadnus y Heart of hearts, dejando descolocados a los responsables de seguridad. Una de esas imágenes que quedarán en la retina de todos aquellos que lo presenciamos, aunque más aún en aquellos que se animaron a formar parte de ese momento.

Pero por mucho que el líder y el alma de toda esta maquinaria sea Nic Offer, todo ello no sería lo que es sin la gran banda que le acompaña. Porque si la voz cojeó, ellos con su carga musical,  bajo, guitarra, batería y sintetizadores, fueron los que sostuvieron musicalmente todo el conjunto sonoro, ellos fueron los que dotaron de algo más que simple espectáculo al concierto. Ellos fueron los que mantuvieron la energía, los que estiraron y amoldaron las canciones al directo, los que suplieron las carencias en coros y aspectos vocales presentes en estudio y pasados por encima en directo. Quienes les vieron en anteriores ocasiones extrañaron a la corista, que posiblemente le hubiera dado ese plus vocal a las melodías que  fue lo único que se echó de menos.

También el setlist, copado principalmente por los principales temas de su notabilísimo último disco, ayudó a mantener esa constante energía y subidón. Californiyeah, Except death, Careful y unas celebradas One girl / one boy y Slyd (camino de ser dos de las canciones de este año) fueron algunas de las que cayeron. Aún así, dejaron también espacio a alguna representación del Strange weather, como la inicial y mencionada Jamie, my intentions are bass o la electrónica y tremenda Hammer; pero sobretodo del Myth takes, del que, además de las mencionadas que finalizaron el concierto, rescataron también All my heroes are weirdos y Must be the moon. Una selección totalmente acertada para quien escribe estas líneas, casi a la carta.

Fue imposible no salir de la Apolo totalmente sudados y con los pies machacados. Quizás se nos hiciera corto, pero no por ello nos sentimos defraudados. Porque no pudimos pasarlo mejor. Esperemos que no tarden en volver.

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