jueves, febrero 20, 2020

Cenit. No cenit. La luz. Standstill. Detenerse

Conciertos Cenit. No cenit. La luz. Standstill. Detenerse

Salto en el tiempo. Hay lágrimas en sus ojos. Cierta emoción por el final. Cierta duda. Como de mandarlo todo a la mierda y tocar dos horas más. Como de no querer que esto termine. Cuando se van del escenario. Cierta emoción y una sonrisa, terrible. Que no acabe el día. Que no acabe el día. Que no acabe el día.

Es un punto y aparte. Esto no acaba aquí. Nos iremos viendo. Nos saludaremos en el bar e invitaremos. A la primera en el sitio de siempre. Siempre que sea una vez al mes. Los primeros de mes.

Eso que queríamos hacer, lo hemos hecho. Eso de soltar lo que llevas dentro, de crear jodidas grandes canciones, himnos de otras vidas. De tu vida. Eso lo hemos hecho. Y bien. Con personalidad, criterio y alevosía. Enric Montefusco aguanta las lágrimas en la despedida. Todos los ojos brillan. Cuando todos aplauden, después del bis de rigor y salen los cinco a agradecer estar ahí arriba y vosotros/nosotros/ellos abajo, tantas veces. Y así.

Salto en el tiempo. En el principio, Montefusco se presenta en la noche de la despedida (una de ellas) dirigiéndose diligente al micro y hablando tan normal de lo paranormal. Lo paranormal no quiere que esto termine. ¿Creéis  en las fuerzas/ energías que nos rodean? Hoy no ha sido como debería. Pero hemos visto la luz. La luz. Dentro de la luz. Enric coge el micro y explica una serie de catastróficas desdichas. El lumbago de Ricky Faulkner,  los proyectores que fallan, su voz ronca y el Cenit que no será Cenit. El Cenit se convierte en un No cenit. El punto más alto en el cielo con relación al observador y que  se encuentra justo sobre la cabeza de este, no puede producirse. O sí. La música agranda las experiencias sensoriales y extra sensoriales del público. Y las despedidas siempre son dramáticas. Si te alejas de algo que te gusta. Así que a lo mejor tú, querido lector, sí has podido degustar las delicias del cenit y ese sabor raro, como de óxido en el paladar que tienen las buenas despedidas. Las que joden. Porque no hemos venido aquí a no llorar.

Salto en el tiempo. Antes por motivos de tiempo y espacio nos perdimos parte del gran disco que tiene Aurora entre manos. Su reducción de los tempos, slow-slow core,  con toques surf, dream pop y búsqueda de nuevos sonidos. Su Sílice merecería una mejor hora. Persons brindaron una antesala en el que no se vieron apoyados por el mejor sonido y en la fueron acoplándose poco a poco.Con farfisa, sintes, guitarra, bajo y batería, ganaron enteros cuando se acercaron a la psicodelia. Escuchen lo nuevo.

Salto en el tiempo. Standstill han recorrido su propio camino, del hardcore al art-rock en cómodos plazos; para situarse en un lugar por encima del suelo, por encima del común de los mortales. Siempre me han parecido muy curiosas las letras. La forma en que están escritas. La forma de contarlas/cantarlas. La naturalidad que tienen de contarte cosas jodidas. Los discos de Standstill siempre son mucho más oscuros que sus directos. En los directos, los discos se sitúan en el punto más alto en el cielo con relación al observador y que se encuentra justo sobre la cabeza de este, en un ángulo de 90º.

No hay cenit. No hay emulsión caliente sobre despedida (siempre) fría. Hay colección de favoritas de Adelante Bonaparte, Vivalaguerra

 

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Que bien se siente uno encima del escenario. Levitando. Sin tocar. Sin tocar con los pies. Por encima del suelo. Es probable que recuerde este momento. Es el momento que contaré a todos, en los buenos días. La Riviera está llena y todos aplauden.  Ahora quedan algunos más (más despedidas, consulte su red social más cercana para comprobar dónde y por qué) y luego seré uno más de vosotros. O seré un cantante en solitario. E iré a los Grammys. O buscaré un plan para escapar hacia delante. Mientras tanto buscaré la luz y el cenit que nos ha negado la tecnología. Y lo paranormal. Lo paranormal no quiere que se acabe y tú, tú tampoco.