Boogarins en Madrid: Ravel, la muerte, psicodelia y delirio

BOOGARINS EN MADRID

Suena el bolero de Ravel, tocado por la Orchestre de París & Jean Martinon, su magnificencia y su obsesiva melodía hace que puedas llegar a pensar que todo va a ir bien, que hoy puede ser una gran noche, que has superado tu última depresión o que Carl Sagan tenía razón y somos polvo de estrellas.

Salen al escenario. Ya Suenan. Traen sus nuevos trabajos bajo el brazo, Lá vem a morte (aquí viene la muerte), y la banda sonora de A casa das janelas verdes, (puede usted visionarla aquí, gracias).

Salen al escenario y el tiempo se vuelve atemporal, se arrastra y desciende la velocidad e importancia de los actos. Podrían ser los años 60, los 70, los nuevos 20 de este siglo.

Somos Boogarins y venimos de Goiânia, Brasil. Es la sala 0, dentro del Palacio de la prensa. Callao, en Madrid. Baja las escaleras blancas, pasa el recibidor rojo abre la puerta y encuentra una “camera oscura” en la que se proyecta un escenario y 0 (ceros) luminosos en las paredes. Son señales, quizás. Quizás alcanzar “alguna verdad profunda en la infinita superficialidad de nuestros días”, como dicen ellos de su nuevo disco, en el que el sonido lisérgico de toques tropicales se narcotiza y experimentan con nuevas sonoridades, bajando y subiendo los tempos, metiendo atmósferas y sintetizadores.

Dinho Almeida se mantiene como director de orquesta, con voz y guitarra, sudando la camiseta de Sonic Boom. Unir. Spaceman 3. Psicodelia. ¿Tropicalia? No se ven lugares comunes a Caetano Veloso (como mucho en su genial cuarto álbum grabado en su exilio en Londres, Transa). Han tirado hacia otros lugares. Es 2018 y suena a 2018. Hay dream. Creo que en todo hay dream.

La “tropicalia” se vuelve oscura y profunda, tiene criterio social, filosofía y depresión. Nada grave mientras podamos seguir moviendo el cuerpo, gravitándolo en círculos o cerrando los ojos. Hans Castro golpea la batería con decisión, el ritmo persiste. La polirritmia, digamos. Benke Ferra, se pasa a la voz en un par de canciones y mantiene la línea de guitarras con Raphael Vaz en el bajo y los sintes.

Boogarins vienen totalmente rodados después de una larga gira por Estados Unidos, Latinoamérica, Europa Occidental, Portugal y siete citas en España. Vienen ardiendo, se prenden y el fuego consume el aire. Hay delirio psicodélico y ojos envueltos en niebla. Buenas noches.

Escrito por
Más de Alexandre C.M.

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