Beach House se coronan (otra vez) en Madrid

Foto: Miguel Pardo.

El domingo, después de dos años, volvimos a tener la oportunidad de ver a Beach House cerca de casa, en la capital (tras dos afortunadas fechas en Barcelona), en la Sala La Riviera con un merecidísimo sold out. El dúo de Baltimore (cuarteto en directo) venía con la ingente misión de presentar dos álbumes bien distintos pero extremadamente frescos -ninguno llega a los tres meses de edad- además de la de satisfacer el hambre de hits del público madrileño, y con ello se lanzaron a un set de 90 minutos largos (bis incluido) en las que apenas tuvieron la “decencia” o el detalle de acercarse a sus tres primeros trabajos (salvo con Walk in the Park, Gila y un par de referencias más), lo que para muchos no fue un problema.

Esto fue sorprendente precisamente porque en su gira europea si que venían dejando un espacio para su pasado más minimalista, suponemos que de cara a facilitar el acceso a Thank You Lucky Stars, que aquí directamente se referenció desde Bloom. El directo abrió (como viene haciendo) con la espacial y bellísima Levitation como Beach House tienen -desgraciadamente- acostumbrado a su público, el sonido volvió a ser irregular por parte de la combinación mesa-con cada canción, pareciendo por momentos que subían o bajaban instrumentos sobre la marcha, en vez de tener preparada una ecualización concreta según el propio sonido del álbum, o preparada previamente, donde el mayor damnificado solía ser Alex Scally (aunque poco a poco esta tara se fue difuminando). Mientras estas interferencias iban desapareciendo de nuestros oídos y la voz de Victoria Legrand se iba calentando, comenzaron a sonar canciones de Depression Cherry. Con ese toque más desesperanzado, pero igualmente propio que tiene el álbum pasaron por nuestras orejas y por nuestros corazones Space Song, la remarcable en directo SparksPPP (con un cierre intensísimo y ruidoso) acompañadas entre medias por Myth, la aclamadísima (con razón) Wishes, o la fantástica On The Sea, una de las que mejor llevaron al directo con un sonido realmente espectacular, como el de la misma canción. De Thak You Lucky Stars sonó especialmente bien One Thing (poco espacio también para este álbum), con un toque rock que la elevó sobre el ambiente meramente pop que podía pecar de monótono de casi todo el resto del set, y enlazada previamente con 10 Mile Stereo, en uno de los momentos más sucios, humanos, intensos y climáticos(cerca del final) del set.

La combinación de el rollo más psicodélico y hippie con la pulcritud del sonido fue creando en La Riviera un hermanamiento enorme entre el público, que por primera vez en muchos meses cerró la boca (por lo menos la gran mayoría) y se dedicó simplemente a disfrutar de la oda al amor que se nos presentaba sobre el escenario. También ayudó Legrand con sus comentarios medio jocosos, medio desconcertantes a cerca de la energía que le enviaban algunos de los asistentes, tratando de implicarnos a través de una conexión superior (que no fue estrictamente necesaria, pues la música bastaba para conectarnos totalmente). Para el bis una canción de cada uno de de los últimos tres álbumes, y el cierre de dos de ellos. Después de una sentida 10:37, llegaron Somewhere Tonight, una de las mejores canciones que han escrito en los últimos años, y clavada en directo, y como no; Irene. La épica estaba servida para Irene, y mientras la batería reventaba cada vez más fuerte y de forma repetitiva y escuchábamos a modo de leitmotiv “it’s a strange paradise” las luces blancas de la sala se fueron encendiendo cada vez con mayor intensidad, de forma cegadora (era precioso ver a la mitad del publico tapándose los ojos con las manos), como si verdaderamente estuviésemos llegando al paraíso, y esta fuese la canción que estábamos escuchando al entrar (personalmente no me importaría en absoluto).

De este modo tan altruista, pretencioso y emotivo se despidieron Beach House de Madrid otra vez, dejando -otra vez- claro que no hay absolutamente ni una sola banda en el dream pop capaz de arrebatarles el trono en el que llevan ya muchos años. Esperemos vuelvan, cuantas veces puedan, cuantas veces quieran, para introducirnos de nuevo en esta ensoñación en la que se nos olvida la vida real, y los problemas que nos asolan, y el drama de nuestra presencia, porque ellos saben que liberan y que se liberan simplemente haciendo música, y esta conjunción no es nada fácil de encontrar, no crean.

 

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