Beach House en La Riviera: De Madrid al Espacio Exterior

De ensueño. Así fue la vuelta del dúo de Baltimore a las salas de la capital española. Hacía ya varios años que Victoria Legrand y Alex Scally no traían a Madrid sus sonidos hipnotizantes; esa suerte de cánones infinitos y voces, teclados, guitarras y baterías, que atrajeron a sus fans hasta el punto de llevar La Riviera madrileña al ‘sold out’ el pasado jueves 27 de septiembre.

Y los que llegaron pronto, además, se encontraron con una agradable sorpresa: Sound of Ceres.

La elección de teloneros no es tarea fácil, especialmente cuando un grupo como Beach House requiere de un estado de ánimo tan específico –tan relajado, íntimo, melancólico, agridulce–, puede ser difícil encontrar una propuesta que abra el apetito musical del público en la dirección correcta. En este caso, Sound of Ceres lo clavaron. A medio caballo entre la performance tecnológica y el dream pop, este dúo probablemente no dejase indiferente a ninguno de los presentes.

Sus sonidos siguen la estela de Beach House, con muchos más sampleos de archivos sonoros y giros menos convencionales. Pero es su presencia en el escenario lo que más difiere.  Mientras Legrand y Scally pasan casi físicamente desapercibidos ante sus explosiones sonoras, lo de Sound of Ceres parecía un espectáculo de magia, con juegos de luces, trajes que se encendían y apagaban dibujando formas sobre los artistas o unas alas que aparecían y se agitaban tras la cantante en su tema final.

Tras un dilatado descanso, el humo inundó la escena y Beach House comenzó a hacer su magia, eso sí, casi con 40 minutos de retraso sobre la hora prometida. Pero al empezar con Levitation se les perdona cualquier cosa. El humo, que no dejaba ver a Victoria Legrand, se disipó a mitad de la canción para mostrar al dúo junto al batería acompañante, James Barone, en plena acción.

Un setlist bastante completo, con temas antiguos pero también canciones de su último álbum, 7, lanzado a principios de verano. En él, sin embargo, eché en falta algún tema de mi disco favorito: Thank Your Lucky Stars, que parece siempre relegado a un segundo lugar frente a Depresion Cherry, ambos lanzados en el mismo año.

En las canciones más tranquilas, Beach House se refugiaba en sus instrumentos, si bien en aquellas más desgarradoras, dejaban ver la catarata de emociones que discurría por su interior. Especialmente Legrand, sin separarse de su teclado, se balanceaba hacia un lado y otro, melenas al aire, subiendo y bajando al suelo como en trance por los sonidos que desprendía el dedo contra la tecla y la voz contra el micrófono.

Un torbellino emocional que la cantante logra trasladar a las letras, especialmente en temas de sus primeros discos, como Silver Soul, por ejemplo, con ese “It is happening again”, en bucle, o los desgarradores estribillos de Walk In The Park. 

Entre la sonrisa y la lágrima se pasó un concierto espectacular, con ovaciones ante temas ya clásicos como Lazuli, Wishes, Space Song o Myth, la cual se encargó para abrir el deseado bis –por el que se hicieron demasiado de rogar, hasta el punto de pensar que ya no salían–.

Pero también hubo hueco para los temas, algo más oscuros y experimentales, de su nuevo trabajo, como Lemon Glow, L’Inconnue, Black Car, Girl of The Year, Pay No Mind o Dive, encargado de cerrar el concierto.

Luces de todos los colores se sucedían tras ellos, dejando ver a veces distintas texturas o imágenes. Entre canción y canción no había mucho comentario. Los músicos se dedicaban a tocar, hipnotizados ellos mismos por sus propios sonidos, y a agradecer al público por acompañarles aquella noche.

Un público hipnotizado, que había trascendido a otra dimensión, y relativamente respetuoso -sigue siendo tarea titánica en España, hasta para Beach House, hacer a una sala callar entre canción y canción–.

Aún así, en lo que duraba el dream pop de los de Baltimore, cada integrante del público parecía sumergido en su mundo propio, perdido en sus pensamientos, arropado por las texturas que llegaban desde el escenario para elevarlos, desde Madrid, hacia el espacio exterior.

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