Así pasaron Bloc Party por Razzmatazz

Conciertos Así pasaron Bloc Party por Razzmatazz

La época dorada de Bloc Party
ya pasó; esto es un hecho irrefutable. Los de
Kele llegaron a su
máximo esplendor con su segundo álbum A Weekend in
the City
hará ya más de cinco años. Su contexto era esa
primera etapa del indie rock de los 2000, junto a nombres como
Franz Ferdinand o Arctic
Monkeys
. La cuestión es que el tiempo cambia y todo
avanza, y cada formación se renueva para no morir, alejándose así
entre ellos y adaptándose a unos nuevos tiempos. Pero la sala
Razzmatazz de Barcelona se saca de la manga la novedosa iniciativa
de recuperar todas esas promesas de principios del nuevo milenio
para montar unos de los fiestotes más grandes con su “Disco 2000”,
una propuesta que reivindica la cultura discotequera de club y los
conciertos a altas horas de la noche, entre canción y canción
pinchada por el disc-jockey. Y así fue como Bloc
Party
llegó a la capital catalana con un set-list
indiscutiblemente preparado para la ocasión. Con un
impresionante juego de luces empezó el show de los londinenses,
acompañado del tema con el que suelen abrir últimamente,
So He Begins to Lie. Este fue seguido de
Mercury –single de su tercer álbum– y
Hunting for Witches –indiscutible
hit de su obra maestra–. Lo siguiente fue un
popurri entre lo viejo y lo nuevo, apelando a sus inicios al mismo
tiempo que recorrían todos sus trabajos. Podemos remarcar
Banquet o One More Chance
como los temas que más hicieron chillar y saltar al público antes
del encore. Pero había algo que desencajaba
con todo esto. Parecía que, de algún modo,
Okereke y
Lissack no conectaran bien con sus
hits más indudables.
Banquet fue una odisea tanto sobre como debajo
el escenario, pero de una forma muy distinta. El público, locamente
eufórico, saltaba, gritaba y se golpeaba; todo era perfecto. Pero
sobre el escenario nos encontrábamos con una formación que parecía
disonante, que no funcionaba. El tempo era desastroso y su
motivación quedaba reprimida. No es de extrañar que pase esto con
temas que han sido tocados cientos de veces y que determinan que un
público salga contento o no de un concierto. Porque sí,
nosotros como público somos así. Si hubiera faltado
Banquet y Helicopter,
aquello hubiera sido catastrófico. Por suerte, no lo fue. Pero el
comportamiento de los británicos con estos temas era muy
diferente; parecían aburridos. Y eso lo corroboraba su control
perfecto de lo nuevo. Team A, Real Talk o
Octopus eran tocados a la perfección, con sus
riffs duros, sus juegos de pedales dificultosos y sus ritmos
frenéticos. Era, en estos momentos, cuando los de
Kele transmitían más al público.
No hace falta decir que si no fuera por este líder del grupo,
aquello hubiera sido helado. Pero estos son Bloc
Party
, unos jóvenes que suben a tocar. Y ya está.
Eso es lo que hacen, tocar; lo que tiene que hacer una banda.
No obstante, esto no acabó aquí. Se hizo una pequeña pausa que dio
paso al encore con el sentimentalismo de
Sunday, la contradictoria épica de
Ares, el frenético ritmo de
Flux, la potencia de
Helicopter y la afinidad perfecta para cerrar
de This Modern Love. Un final épico y
legendario que enfatizó la filosofía de Disco 2000. Un
concierto de notable alto para los nostálgicos de los
Bloc Party de 2007, y de suficiente
para aquellos que aún creen en una renovación de la banda y
deseaban escuchar un poco más de
Four.