“Aquí todo está bien”: fin de gira de Apartamentos Acapulco en Madrid

“Aquí todo está bien”, es el mantra que se repite en la primera mitad de Estrella de los Mares de Apartamentos Acapulco. Pero también podría servir como reclamo para sus conciertos, los cuales se tornan en un espacio de encuentro, de comunión y catarsis.

Un refugio. En eso se convirtió la Sala Siroco de Madrid ante un lleno total, durante el concierto final de una primera gira de presentación del recién estrenado segundo disco de Apartamentos Acapulco: El Resto del Mundo. Las atmósferas ensoñadoras del grupo granadino inundaron la sala para tornarla en una cálida zona de confort, en la que cualquiera que les vea se hunde inevitablemente –a pesar de la adrenalina que habían insuflado minutos antes los argentinos Bestia Bebé–.

Al escuchar los relatos que vertebran las canciones de Apartamentos Acapulco, uno corre el riesgo de perderse en los fantasmas del pasado, de empañarse en una suerte de nostalgia agridulce. Pero al verles en directo, esta potencialidad desaparece, y la experiencia se torna en catarsis. Al pronunciar, en bucle, las maravillosas frases que inundan las canciones, sobre ese colchón de shoegaze noventero, Apartamentos Acapulco abandonan la nostalgia y se convierten en cura.

Cada canción, a su manera, cierra una herida y hace flotar al público olvidándola. Entrando en comunión con el grupo para lograr puntos álgidos tan bellos como un coreo generalizado de ese primer verso de la Salve Marinera que se cuela en Estrella de los Mares. O ese “[Tú que decías que me querías,] PERO ERA MENTIRA” que revienta a la mitad de Scarlett.

Una catarsis a la que los cuatro integrantes del grupo se mantienen firmes, concentrados, hipnotizados quizás también por su propia música. Mirando al infinito mientras cantan, o tocan sus instrumentos para generando un millar de texturas.

Angelina Herrera e Ismael Cámara recitan las canciones intercambiándose entre voz principal y secundaria, en un juego fascinante y acolchados por un fondo sonoro abrupto que combina a la perfección “el ruido con la melodía”, como ellos mismos han expresado en ocasiones. Atmósferas que inevitablemente recuerdan a El Mató Un Policía Motorizado o Los Planetas.

El instrumental es a veces relajado y ensoñador. Otras, es agresivo y cañero: para bailar, saltar, desfogarse, liberar las emociones. Me cautivó especialmente el sonido de temas como Qué Quieres de Mí o Nunca Te Dije. También acertadísimo el inicio del concierto con Posible Final. Y es que, pesar de su nombre, es la intro perfecta para asentar el ánimo –místico, misterioso– de cara al concierto.

Es una alegría que los granadinos hayan aumentado su repertorio este año, y así puedan dar veladas tan especiales como la que vivió Siroco el pasado sábado. Veladas cósmicas en las que desfogar las emociones y sentirse bien. Arropado. En casa fuera de casa: porque “aquí todo está bien”.

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