‘Vivir es fácil con los ojos cerrados, ver películas no’. Javier Cámara

Antonio (Javier Cámara) es profesor de inglés en la España de mediados de los 60s. Su método: traducir de oído las canciones de los Beatles. La veneración por los de Liverpool le lleva a viajar a Almería, donde John Lennon se encuentra rodando una película. En su viaje a lomos de un viejo y destartalado coche recoge a dos autoestopistas, Belén (Natalia de Molina), embarazada y futura madre soltera, y Juanjo (Francesc Colomer), un adolescente harto de vivir con un padre autoritario.

La filosofía lennoniana inspira la última cinta de David Trueba. Una comedia con mensaje, tal como avanza el verso de Strawberry Fields Forever que le pone título. Vivir es fácil con los ojos cerrados habla de atreverse, de vencer los miedos, de perseguir metas. Lejos de construir un cuento idílico, el polifacético Trueba –aquí guionista y director–, mide bien las fuerzas para conseguir la dosis necesaria de desencanto y frustración. Un pretendido equilibrio entre felicidad y tristeza.

La inserción de ciertos momentos dramáticos y de tensión, sin embargo, resulta forzada, más aún si se tiene en cuenta que la historia transcurre en sólo tres días. Ejemplo de estos baches en la trama es la innecesaria escena de cama, que invita, por más que moleste, a darle la razón a los que dicen que si no se enseña teta, no hay película española.

Estas puntuales elecciones narrativas contrastan con el tono ligero de la película, uno de los principales reclamos. Un humor tan sencillo como eficaz que encuentra en Javier Cámara el mejor ejecutor. El cómico interpreta a la perfección el papel de profesor solitario, soñador y bonachón, y consigue elevar el listón de la película con su mera presencia. Tanto es así, que acaba por eclipsar a sus compañeros de reparto: la tímida y bella debutante, Natalia de Molina; y el joven protagonista de Pa negre, Francesc Colomer.

Uno de los logros atribuibles a Vivir es fácil con los ojos cerrados, es el de dibujar un entorno diferente, alternativo a la España rancia y cateta imperante en la época. La narración desde el punto de vista de tres outsiders, lleva al espectador a distanciarse de un contexto de atraso que, sin embargo, no se oculta, sino que se utiliza en repetidas ocasiones con fines tanto humorísticos como dramáticos.

La aventura de Antonio para conocer a su ídolo refleja de un modo divertido (y esto es uno de los aspectos más valiosos del filme), los aires de cambio que empezaban a respirarse en un país en el que la hegemónica sociedad conservadora tenía que empezar a convivir con las letras de los Beatles.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7/10

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