TOKYO BLUES (NORWEGIAN WOOD) (Tran Anh Hung, 2011)

Cada vez que un cineasta se pone a la tarea de adaptar un best seller de la literatura siempre surgen las típicas opiniones enfrentadas y normalmente la balanza acaba decantándose a favor del libro. Sin embargo, cuando la adaptación la hace un autor como el franco-vietnamita Tran Anh Hung, hay que recalcar los matices. La novela de la que parte, titulada en España como Tokyo blues cuyo nombre internacional es Norwegian Wood en referencia a una canción de los Beatles, es una obra semi-autobiográfica en la que un hombre recuerda su juventud a través de sus primeros amores, las revueltas estudiantiles en las que permaneció impasible o la pérdida de la inocencia. Quien conozca la obra Anh Hung pensará que esta historia le viene como anillo al dedo, pues se trata de uno de los más importantes cineastas de su generación que sin apenas diálogos consigue momentos cargados de semiótica y belleza. No hay más que revisar ese retrato de la violencia que es Cyclo, ganadora del León de oro en Venecia, o su poética ópera prima El olor de la papaya verde. Sin embargo, la adaptación cinematográfica tiene como principal problema el que precisamente es uno de los puntos claves del libro y algo que el cineasta domina a la perfección; los detalles. Tran Anh Hung se deja llevar por su gusto estético y sonoro prestando menos atención a la estructura y la historia. En ese sentido, hay que reconocer que posee una fotografía perfecta, con unos colores que matizan y ayudan al relato a crecer en intensidad y verosimilitud, mejor aún resulta el ambiente sonoro del que dota a la cinta, y es que, más allá de parecer ridículo comentar un aspecto supuestamente tan “secundario” como el sonido, creo que es el verdadero alma de la película y el elemento que mejor nos transmite los sentimientos de los protagonistas, apelando a los propios recuerdos soterrados del espectador que salen a flote gracias al ambiente recreado. De tal forma que si la novela es tan aclamada por su exquisita descripción de ambientes, la película no se queda a la zaga. A pesar que estos detalles son usados a la perfección y creo que elevan la película por encima de la media, los detalles estructurales hacen que se venga un poco abajo; para empezar, el tempo de las escenas es muy pausado, lo cual no es en absoluto negativo, sin embargo, al unirlo a la excesiva cantidad de elipsis a lo largo del relato provoca en el espectador un sentimiento de huida hacia adelante o que la película “navega sin rumbo”. En cierto modo, este uso de la estructura y el tempo recuerda al Wong Kar Wai de 2046, desgraciadamente, Anh Hung no tiene la capacidad de construir una historia sólida y sin altibajos recurriendo a tantas elipsis y por tanto todo el metraje se empaña de arritmias, momentos muy intensos que siguen a otros mucho menos interesantes. Mención aparte merece la música, además de las canciones que aparecen montadas sobre las escenas (como la ya citada de los Beatles), Johnny Greenwood, guitarrista de Radiohead, es el encargado de dar música al film, orquestando grandes temas pop que, al parecer, no tienen nada que ver con la mayoría de temas que se citan en la novela. Aun así, es todo un punto a favor por lo bien que funcionan. En el tema interpretativo, destacar la labor de contención de su protagonista, Kenichi Matsuyama, capaz de soportar el peso de toda la cinta por él sólo. También Rinko Kikuchi, la actriz japonesa más internacional, nominada al Oscar en 2005 por Babel, demuestra su valor ante un personaje de incontables capas emocionales. Gracias a ella, y a la composición de planos del director de fotografía, funcionan tan bien escenas como la despedida en la nieve, que tiene algo del cine de Kurosawa, rodada de una forma muy sutil y bella. Otras escenas, la del taxi (que recuerda en exceso al cine de Kar Wai tanto en tamaño de planos como montaje final), consigue sobrecoger y a uno le devuelve el interés del relato. En general, creo que la película fracasa en cuanto a que es excesivamente “fría” cuando debería despertar en el espectador todo tipo de sensaciones al verla. Uno en cambio queda más bien impasible ante la historia mientras se deleita con el impresionante despliegue técnico. Una buena opción para pasar una tarde con el sofocante calor de verano o con la lluvia otoñal golpeando las ventanas y por supuesto, mucho mejor en versión original. PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 6/10

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