Sitges Film Festival. Cuarta parte

El martes estuvo plagado de propuestas muy interesantes para ver. Algunas sorprendieron, otras decepcionaron. Cinco fueron las películas a las que pude asistir y que os contaré a continuación: Only God Forgives, Gente en Sitios, Borgman, L’étrange couleur des larmes de ton corps y Machete Kills.

Para los que disfrutamos de Drive, las expectativas eran altas con lo nuevo del tándem Nicolas Winding RefnRyan Gosling. Una errada por mi parte. Me esperaba algo a la altura, pero en está ocasión ha pegado un bajón considerable. Only God Forgives, para empezar, carece de ritmo.

Julian (Ryan Gosling) y su hermano Billy (Tom Burke) son fugitivos en Bangkok y traficantes de droga. A Billy lo matan y su madre (Kristin Scott Thomas) llega desde los Estados Unidos para consumar la venganza que Julian no es capaz de llevar al cabo. A partir de esta premisa se desarrolla un thriller de crimen y venganza excesivamente lento donde hay un abuso de primeros planos inacabables. La trama, por su parte, es de lo más básica e insípida que a uno se le puede ocurrir, además de que el diálogo es prácticamente inexistente. No engancha y hay escenas que se podrían excluir y nos quedaríamos igual. Quizás buscaba contagiar fuerza emocional y sensorial, pero con el resultado final no ha sido suficiente, pese a que la fotografía y ambientación están muy bien logradas. A esto hay que añadir el gran trabajo de Cliff Martínez que vuelve a dar en el clavo con la banda sonora. Aparte de eso, poco más se puede sacar en positivo. Quizás, también la interpretación de Kristin Scott Thomas o el hecho de que al final ganan los buenos.

Por primera vez en el festival me sentaba en las butacas del Prado, que me parecieron bastante incómodas, y veía algo de producto nacional con lo más reciente de Juan Cavestany: Gente en Sitios. Otro de esos títulos que se autodefinen. El film reúne ‘sketches’ de distintas personas en distintos lugares que refleja con gran acierto a la sociedad española en un tono jocoso. Está entre chorra y cachonda. El reparto es extenso y cuenta tanto con celebridades de nuestro país como con otros actores de menor recorrido y experiencia cinematográfica.

Después tocaba dar paso a una de las películas que más ganas tenía de ver. La holandesa Borgman del director Alex Van Warmerdam. Es un thriller con exquisitos toques de humor y con mensaje social que desprende mucho misterio y busca que la imaginación del espectador tenga un peso importante. ¿Quién es realmente Borgman? ¿Por qué hace lo que hace? ¿Cuál es el fin de sus objetivos? Estas son algunas de las preguntas que quedan en el aire y no tienen una respuesta clara y concisa. Solo sabemos que al principio de la película vive bajo tierra, tiene que huir porque un grupo de personas le están intentando matar, busca un refugio entre la clase alta holandesa y finalmente lo encuentra a manos de una mujer que se apiada de él tras la paliza que le da su marido (a Borgman). Este enigmático personaje, poco a poco se va ganando el corazón de la mujer y se inicia un proceso de autodestrucción dentro de la familia.

El espectador es capaz de disfrutar desde fuera como Borgman traza un plan perfecto en el que todas las piezas van encajando y su objetivo se va cumpliendo a la perfección. El problema (o no tan problema) es que no sabemos cuál es el fin de estos objetivos. Por lo que uno tiene que tirar de teorías propias o ajenas. Muy recomendable.

En L’étrange couleur des larmes de ton corps encontramos uno de los largometrajes más complejos, pero elaborados del festival. Aquí el audio prima tanto como lo visual. La fuerza de los sonidos forma una parte esencial del cómputo global. Tiene una estética y composición muy experimental/personal.

Narra la historia de un marido que vuelve a casa tras un viaje de negocios y no encuentra a su mujer, con la cual no consigue contactar. Sin embargo la casa estaba cerrada por dentro. A partir de aquí el protagonista entra en una especie de bucle interpersonal con los otros miembros de la comunidad, en parte con la ayuda del alcohol, que le lleva a descubrir los secretos que esconde el bloque de pisos en el que vive. No es fácil de ver. De hecho se puede hacer pesada. Prueba de ello son los múltiples espectadores que salían huyendo de la sala antes de tiempo.

Que mejor que acabar un largo día con diversión y risas a mansalva gracias al gran Machete. Robert Rodríguez y Danny Trejo repiten en prácticamente lo mismo. En este caso a Machete le toca salvar al mundo evitando que un traficante de armas destruya la tierra. La fórmula es la misma que en la primera: gags, sangre y mucho Machete. Poco os puedo decir. Es una película a la que vas mentalizado, sabiendo lo que hay. Si disfrutaste la primera esta también te gustará. Me quedo con una frase: “Machete don’t tweet”.

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