Se busca nombre para generación de cineastas

La mayoría de las crisis proporcionan a aquellos que las viven (o padecen), una oportunidad para cambiar. Eso sí, el primer paso para conseguir un cambio, debe ser el reconocimiento de que se necesita cambiar, y el segundo, querer cambiar. He dicho que proporcionan oportunidades, no que te cambien sin más. Los cambios llegarán sólo si sales a buscarlos o si estás predispuesto a que lleguen. El cambio no llega a tu casa, tira abajo la puerta, va hasta el salón y te coge por las solapas y te levanta del sofá y te saca a la calle a que te dé el aire. Suena bien, pero no.

En 2003, tras una Gala de los Premios Goya donde se apostó por hablar más de política que de cine, una parte del público se sintió insultada, y empezó poco a poco a dejar de ir al cine a ver una película española. Algo dañino para un negocio donde si no te ven, no eres nadie. Pero aún faltaba la traca final: el insulto directo a aquellos espectadores que votaban cierta opción política, o la insinuación de que el Gobierno estaba preparando un Golpe de Estado durante la crisis del 11M. El divorcio entre cine español y público era una realidad. Después, con la crisis y la subida de precio de las entradas, llegaría el divorcio entre público y cine en general, sin nacionalidades. Pero me quería centrar en el caso español.

Ante la evidencia del problema, el cine español debía buscar un camino que le llevara a recuperar a su público. Las opciones eran: un lavado de imagen de lo que había en aquel momento, o empezar un camino nuevo. Y se optó por una mezcla extraña: crear una generación de nuevos cineastas que creara una fuerza que arrastrara también a los que estaban antes. Porque hay que de decir que a pesar del divorcio con el público, existían en el cine español una serie de cineasta que podríamos llamar ‘galácticos’, que con sólo citar su nombre, su parroquia de espectadores (de unos mayor, de otros menor) acudía al cine. Hablamos de cineastas como José Luis Garci, Pedro Almodóvar, Fernando Trueba, José Luis Cuerda, Fernando Colomo o Emilio Martínez Lázaro. Cineastas que surgieron en torno a la Transición como bocanada de aire fresco después de casi 40 años con las ventanas cerradas. Sin olvidarnos de que dentro de ese espacio cerrado brillaron Luis García Berlanga, José Antonio Bardem y Carlos Saura entre muchos otros.

El camino que empezó el cine español después de 2003-2004 consistía en seguir la senda que algunos cineastas habían inaugurado en los años antes y después del cambio de Siglo: Álex de la Iglesia, Santiago Segura, Alejandro Amenábar Jaume Balagueró… Gente que empezaba a hablar sin tapujos de cine comercial, que hacía un tipo de cine que recordaba poco a lo hecho anteriormente. El cine español empezaba a modernizarse a finales de los noventa.

Se conocían las formas y las maneras, pero se necesitaban rostros nuevos que el público no conociera, que la gente no identificara con aquellos que la liaron en los Goya. Era, por tanto, el momento de dar el relevo a un grupo de cineastas que estaba triunfando en el mundo del cortometraje (algunos nominados al Oscar), y que poseían además de un instinto comercial, una vocación industrial y un sentido de universalidad, que son conceptos que no siempre, pero muchas veces ayudan a llenar las salas.

La lista variará dependiendo de quien la confeccione, pero en todas ellas estarán los que para mí son los cinco nombres esenciales en esta pequeña revolución del cine español: Daniel Sánchez Arévalo (Azuloscurocasinegro, 2006), Rodrigo Cortés (Concursante, 2006), Nacho Vigalondo (Los cronocrímenes, 2007) Juan Antonio Bayona (El orfanato, 2007) o Borja Cobeaga (Pagafantas, 2009).

Ni hacen el mismo tipo de cine, ni tienen la misma acogida entre el público, ni la misma repercusión en los medios, pero tienen algo en común: en algún momento de sus breves carreras han conseguido que los espectadores quieran volver al cine a ver una película española. Algo que les ha servido para poder rodar lo que quieran con una gran libertad. El talento de cada uno se irá demostrando con el paso de los años y con las películas que hagan. Serán acompañados y/o imitados y/o superados por otros. Pero ellos pusieron las primeras piedras de ese cambio que necesitaba el cine español para sobrevivir.

Conforman una generación, aunque carecen de nombre que los identifique. Si a alguien tiene alguna idea, será bien recibida. Y si no se os ocurre nada, pues tampoco os preocupéis. Las etiquetas nunca han sido buenas.

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