Recomendamos… Cadena Perpetua (1994) de Frank Darabont.

CADENA PERPETUA

Escribía Stephen King, en una recopilación de relatos, que nunca creyó que su novela corta Rita Hayworth and Shawshank Redemption pudiera adaptarse con éxito al cine. Y en éstas que llegó un director novel, Frank Darabont, y creó con el argumento de King una película que superó con creces al relato y se convirtió en una auténtica obra maestra, sin ningún remordimiento por calificarla de forma tan rotunda. Darabont quitó el nombre de la actriz al título y aquí la conocemos como Cadena Perpetua.

Hablar de Cadena Perpetua supone hablar de 142 minutos brutales, inmensos, crudos, pero sobre todo mágicos… Más de dos horas de metraje que nos cuentan dos décadas tras los muros de la prisión de Shawshank a través de las relaciones de sus presos; un escenario aterrador, claustrofóbico que nos lleva a un viaje hacia la supervivencia, hacia la amistad, pero sobre todo a la esperanza.

La película nos cuenta la historia de Andy Dusfrene (Tim Robbins), un banquero que es condenado a cumplir dos cadenas perpetuas por matar a su mujer y a su amante. Es enviado a la prisión de Shawshank donde entabla amistad con Red (un genial Morgan Freeman) y se gana una posición gracias a los chanchullos del alcalde. Andy irá escalando posiciones en la jerarquía de la prisión hasta convertirse en una figura imprescindible.

No sé cuantas veces he visto Cadena Perpetua, pero cada vez que la veo me autoconvenzo de su perfección, de su justicia de planos, de que no le sobra ni un solo minuto. Aunque era su primer largometraje para cine, Darabont sobrepasó el handicap de realizador primerizo para conseguir resumir 20 años con un dominio impecable del relato temporal. No hubiera sido posible lograrlo sin el gran Freeman y su voz en off como conductor del relato (por supuesto os recomendamos verla en versión original); para el recuerdo y la historia esa elipsis que comienza “Es curioso cómo pasa el tiempo en la cárcel…” Y el final, ese final que en realidad es doble, porque en un momento dado la película te engaña, te seduce, te hace creer que eres más listo de lo que te crees y que lo has adivinado. Pero, amigo, aún te queda esa sorpresa que te hace abrir los ojos hasta que tus párpados ya no dan más de sí (me sigue pasando cada vez que vuelvo a verla). Y tras ella te regala unos cuantos minutos más de puro cine para acabar con otro final redondo, perfecto, que te deja una película cerrada en un círculo de disfrute que muy pocas consiguen.

Si ya la habéis visto, sabéis de lo que hablo; si no, hacedlo cuanto antes. Se me olvidaba, Cadena Perpetua nos ha dejado una de las palabras que más me han calado en el cine, que con sólo oírla consigue sacarme una sonrisa: Zihuatanejo, gran Zihuatanejo.

Escrito por
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