MIDNIGHT IN PARIS (Woody Allen, 2011)

MIDNIGHT IN PARIS“Si no te equivocas de vez en cuando, es que no lo intentas”, dijo Woody Allen. Puede que últimamente no haya estado demasiado acertado en sus películas, pero las campanadas de medianoche han querido que, ésta vez, el perspicaz director neoyorquino dé una vuelta de tuerca, y lejos de equivocarse en el intento, resurja con su particular ingenio humorístico.

En medio de una exquisita ciudad como es París, retratada bajo la melodía del ausente Cole Porter, y con una variada meteorología, la cámara que dirige el veterano Woody Allen nos muestra por doquier calles, árboles, farolas, transeúntes, día, tarde, noche, restaurantes, coches, luces, colores… todo con motivo de presentar París lo más amplia y fielmente posible. Así comienza el film, una sucesión de planos de la capital francesa que nos sumerge en ella hasta llegar, como no podía ser de otra manera, tanto en el director como en la ciudad presentada, a una pareja de enamorados.

La historia se desenvuelve en torno a las ya recurrentes premisas de Woody Allen en su filmografía (crisis creativas, existenciales y de pareja), en esta ocasión protagonizada por un sobresaliente Owen Wilson y una correcta Rachel McAdams, y secundado por un excelente reparto (el cual no deja a nadie indiferente tanto por el star system que ofrece Woody Allen al espectador como por los personajes que encarnan cada uno de ellos), entre el que no podemos dejar de mencionar a la sencilla, sutil y espléndida Marion Cotillard y al, en esta ocasión, pícaro y delirante en su papel Adrien Brody.

Con ciertas pinceladas que recuerdan a La Rosa Púrpura del Cairo y con un guión tan ingenioso como delirante, cargado de chistes con un trasfondo cultural y existencial, con la genialidad de hacernos reír al tiempo que divagamos y reflexionamos por la época en la que vivimos, por la inconformodidad que sentimos de vivir en un momento y en un tiempo que no queremos y no elegido por nosotros, por sentir la necesidad de mirar atrás y querer viajar al pasado, porque lo que hubo detrás siempre es lo anhelado, lo que no pudimos vivir, el arte y los artistas que ya no están y a los que tanto veneramos.

La Edad de Oro… ¿cuál es la Edad de Oro realmente? Tiempos lejanos, pasados, siempre se hayan detrás de cada uno de nosotros, y aquellos que lo vivieron no sabían que tal significante tenía tan suspirado futuro significado. Y las campanadas de medianoche suenan en París… un escritor en busca de algo queescribir… un mundo surrealista y mágico… la bohemia personificada… y lo que podríamos considerar el ‘alter-ego’ del propio director que se sube a un coche en mitad de la noche con una pandilla de bebedores sin saber a dónde irá… pero sabiendo de dónde viene.

Como espectadores, experimentamos la sorpresa y la fascinación al tiempo que el protagonista y, como consecuencia, el entretenimiento está más que asegurado. A ello sumamos escenas tan mágicas e hilarantes como desmitificar El Ángel Exterminador de Luis Buñuel atendiendo a una simple pregunta. Pero, ¿por qué no salen de la habitación? y que deja olvidadas algunas escenas que pueden resultar forzadas en el film.

Midnight in Paris crea un túnel nostálgico elevado a la categoría de virtud, y tal jugada sólo es posible con el característico humor del genio. Compren las entradas. Hagan tiempo en sus agitadas vidas. Abran sus mentes: Woody Allen ha vuelto… y esperemos que se quede por mucho tiempo…

‘Mi forma de bromear es decir la verdad. Es la broma más divertida’, dijo Woody Allen.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS:8/10

Escrito por
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