Marte: Playas color azafrán

¿Recuerdas aquellas clases de la facultad donde nos hablaban de agujas y agendas de apellido inglés? Sí, te digo a ti, que nunca viste cosas más allá de Orión, ni contemplaste en la semioscuridad, cómo ardían naves a las puertas de Tannhäuser. A ti va dedicada esta reseña, a ti te recomiendo esta película.

No sé si estás al tanto, porque nunca fuiste de ese tipo de personas que se interesan por lo apocalíptico, pero el mundo se va a la mierda. No temas, no conoceremos su final, no es inmediato, pero deberíamos preocuparnos, porque algún descendiente nuestro, igual el nieto de un nieto, le tocará vivir aquí donde lo hacemos nosotros ahora, y quizás deba enfrentarse al final de todo esto. Por ello hay que ir mirando planetas. Por lo que pueda pasar. Por si gana Donald Trump (candidate is a tramp) y el hundimiento del mundo se acelera.

En esa tarea de descubrir andan la NASA y similares. Su trabajo es duro y sobre todo, costoso, porque trabajan con la realidad. El arte, que trabaja sobre ficciones, vuela más alto y más lejos. El último ejemplo es Marte, la película que imagina que una expedición sobre el planeta rojo se ve sorprendida por una gran tormenta y deciden volver a casa. Lo hacen sin uno de los miembros, al que dan por muerto. Pero que ha sobrevivido y deberá vivir allí hasta que alguien descubra que sigue vivo y vaya a por él. Si no fuera por luna tormenta no conocerías Marte.

No sé la importancia que le das al tamaño, pero es una película larga, de casi dos horas y media. Pero te pido que le des una oportunidad. No se te hará larga porque está muy bien contada y muy bien rodada, con un ritmo trepidante, que te mantiene en vilo por una solapa. La otra solapa es propiedad de la intriga y el suspense, de la incertidumbre. Para conseguirlo se ha necesitado de un gran trabajo de Drew Goddard adaptando la novela de Andy Weir, convirtiéndola en cine, y de Ridley Scott, que ha querido demostrar que sigue ahí, que lo de Prometheus y El consejero (y alguna otra) han sido bromas de muy mal gusto. No, no soy experto en el cine de Scott, pero los que amamos algunas de sus películas nos deprimimos en la comparación.

¿Te gusta Matt Damon? Como intérprete, me refiero. Físicamente imagino que sí, on the bed, on the floor, on a towel by the door. Es el protagonista, se le da mucha importancia porque hace un excelente trabajo, y enseña los pechos. Aunque no cometas la injusticia de lanzarle solamente a él las flores. Jessica Chastain, Chiwetel Ejiofor o Jeff Daniels (entre otros) se merecen parte de esos ramos.

Como los dos estudiamos comunicación audiovisual, te advierto que te fijes en la fotografía. Ya sabemos que es un recurso de los que critican una película cobardemente, de los que dicen, no me gustó, pero tiene muy buena fotografía, pero también aprendimos que es lo que le da el tono, la apariencia, una especie de alma. Dariusz Wolski convierte con su fotografía al desierto de Namibia en el árido paisaje marciano. No sabemos cómo será realmente Marte, pero lo que vemos en esta película debe de ser parecido. Cuando llegue el momento de descubrirlo, saldremos de dudas. Mientras tanto, confiemos en la intuición del polaco.

Sé, y puede ser la pega que me pongas así a simple vista, porque a mí me pasó lo mismo, que creía que no se podría entender el espacio y su vida en él sin la música de Johann Strauss, y que El Danubio Azul era poco menos que una Ley Fundamental allí arriba. En Marte no hay música clásica, ha sido sustituida por música de los años sesenta y setenta. Queda muy bien, porque sin ser la de los años ochenta, hubo grandes hits. Eso sí, deberás concebir el Sistema Solar como una pista de baile, con su bola de espejitos, en vez de como el Teatro de la Ópera de Viena.

No has visto Blade Runner, algo a lo que sinceramente habría que poner remedio cuanto antes, pero tranquila, no sufras. Quiero animarte a ver ésta, con la esperanza de que algo en tu interior te empuje a conocer las aventuras de Rick Deckard y los replicantes y los unicornios de papel de aluminio.

El futuro no existe, pero el de Phillip K. Dick se acerca. Y hay que estar preparados. Si no, podemos huir a Marte, y ser piratas espaciales para encallar en playas de color azafrán.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10

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