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Estrenos… ‘Lucy’ de Luc Besson

Los seres humanos utilizamos tan solo el 10% de nuestro cerebro, nos dice Luc Besson. En realidad –bueno, según leí hace poco en un artículo científico, no es que lo diga yo de manera dogmática-, lo que ocurre es que tan sólo sabemos para qué sirve el 10% de nuestro cerebro, el 90% restante está por descubrir, y aunque no sepamos su función es muy probable que también lo usemos para algo. Pero eso es lo de menos, sin la teoría distorsionada de Besson no habría Lucy, y sin Lucy no podríamos fantasear con el qué pasaría si utilizásemos el 100% de la materia gris –a pesar de que muchos, no todos, ya le están dando uso-.

Esa es la premisa de su última propuesta, sin embargo Besson no entra en materia hasta bien iniciada la historia. Que no vaya de lleno desde el principio es bueno, de hecho, para los escépticos de la ciencia ficción puede llegar a ser lo mejor y para los amantes del género, una buena manera de poner los dientes largos. Lucy comienza siendo una historia de tráfico de drogas al uso, pero con un montaje muy original y una interpretación impecable. Ver a Scarlett Johansson gimiendo cual venado asustado tras ser retenida por unos traficantes es una maravilla; que en la secuencia se intercalen escenas de caza real otra… Sin comerlo ni beberlo la joven a la que da vida Johansson se ve envuelta en una situación delicada… a punto de volar hacia Europa con una bolsa de ‘droga’ dentro de su cuerpo. La otra parte del argumento, la de la teoría del 10%, la introduce el director a cuenta gotas, a través de conferencias de divulgación científica impartidas por el maestro Morgan Freeman. Durante una buena parte de la película todo suena muy convincente, parece que incluso los datos han sido contrastados, probados.

Cuando comienza la acción, es decir, cuando esa droga entra en su cuerpo por accidente -y de paso empieza a levitar como si estuviese poseída por el mismísimo demonio-, se pierde la magia, o más que la magia, esa ilusión de realidad… y empieza la parafernalia. Mal para unos, bien para otros. El ritmo cambia, se hace frenético, pero el montaje deja de ser original. Vemos a partir de aquí a la Scarlett Johansson insensible e insípida que tanta sensación está causando últimamente. No sé qué mérito hay en mantener la mirada fija y acusadora durante tantas secuencias, en sentenciar con ella a todo aquel que se le cruza… Sí, admito que los suyos son unos ojos penetrantes pero valoro más a la Scarlett terrenal, prefiero su mirada efímera, quizá porque la echo de menos.

Al margen de los gustos cinematográficos, al margen de que a mí personalmente me atraiga o no la ciencia ficción, cuando la droga de Besson empieza a hacer efecto sobre Lucy y comienzan los fuegos artificiales –literalmente-, se exhibe algo más que me lleva a desmerecer la película, y es que las incongruencias se vuelven notables. El director pone a su protagonista en situaciones que sí, ‘molan’, son del todo estrafalarias, pero que no las pueden explicar ni la ciencia, ni la ciencia-ficción.

Mientras uno observa dichas incongruencias se da perfecta cuenta de que todos los personajes que rodean a Lucy, incluido el de Morgan Freeman son accesorios, y cuando digo accesorios aludo a la tercera acepción de la palabra según la RAE: “utensilio auxiliar para determinado trabajo o para el funcionamiento de una máquina”. Scarlett Johansson es la protagonista absoluta y ella solita llena de lujo la pantalla, pero hay momentos en los que se echa de menos una auténtica interacción –no la de mujer interesada- con ciertos personajes; quizá así la historia ganaría profundidad.

Pero si hay algo que me mata es el final, que obviamente no voy a desvelar… Sólo daré algunas pistas, como que juega con la divinidad y la tecnología, con el tiempo, con el origen del universo –a lo Terrence Malick-, y todo ello me resulta tremendamente cómico. Me lo tomo así porque de lo contrario diría que es una aberración. No es la primera vez que me pasa algo así con una película de Luc Besson: al principio me atrapa, después de un rato saca mi yo escéptico, pero la termino de ver, por si acaso. Al final me río de ella porque opino que ha tirado por tierra todo lo bueno que podía ofrecer… Y a pesar de todo, la vuelvo a ver, básicamente porque me ha entretenido. Mucho.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 6,5/10

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