Estrenos… ‘Diplomacia’ (Diplomatie) de Volker Schlöndorff

Volker Schlöndorff ha conseguido sus más largas y sonoras ovaciones -incluyendo un premio Oscar-, retratando el nazismo de múltiples maneras, adaptando acertadamente las mejores crónicas, y no es que no lo haya intentado con otros temas. Su filmografía es variada, pero parece que el resto no interesa tanto fuera de las fronteras alemanas. Por eso nos da la sensación de que es un cineasta encasillado. Pero es sólo eso, una sensación. En cualquier caso si se encasilla con películas de la calidad que nos ofrece, bendito sea en su encasillamiento.

En Diplomacia Schlöndorff recupera el tema que abordó hace apenas tres años en su última cinta, La mer à l’aube: el de la ocupación nazi en Francia. Pero se centra en un día muy concreto que ya visitó fugazmente a finales de los 70 en compañía de un pequeño gran hombre llamado Oscar con El tambor de hojalata: el de la liberación francesa por parte de los aliados -por cierto que tengo entendido que en realidad fueron españoles republicanos exiliados los primeros en llegar a París para socorrer a sus vecinos del norte, pero es un tema a parte-. Lo hace al estilo que mostró en El noveno día: con dos personajes clave, uno tiene que convencer al otro de algo… en aquella el uno tenía nueve días para hacerlo, en esta apenas nueve horas. En definitiva, lo que cuenta Volker Schlöndorff en Diplomacia, no es pues nada ajeno ni a él ni a sus fieles seguidores, pero es diferente. Si hubiese hecho lo mismo no merecería estar en la categoría de ‘cineasta clave’, y lo está.

« DIPLOMATIE » Un film de Volker SCHLÖNDORFF

Lo que propone el director alemán es un duelo de palabras. Prácticamente toda la trama transcurre en la habitación de un lujoso hotel parisino, en contadas ocasiones tiene el espectador la oportunidad de mirar hacia afuera, y cuando lo hace sólo verá cómo se cocina la que habría sido la destrucción de París por un capricho de Hitler. Lo que pasó la madrugada del 25 de agosto de 1944 en las calles de la capital francesa lo sabemos por los libros de historia, no habría hecho falta ni siquiera mostrarlo, porque lo interesante en Diplomacia está dentro de esa habitación: dos actores veteranos, Niels Arestrup y André Dussollier, que saben mantener el ritmo en un diálogo tremendamente complicado.

El dramaturgo Cyril Gely puede estar orgulloso de cómo Schlöndorff ha adaptado su obra, manteniendo la esencia escénica, la pureza del teatro. Diplomacia no es un plano secuencia, pero tiene una continuidad difícil de conseguir en una película cuyo peso recae sobre dos personas. Ese experimento, el de plasmar un diálogo puro y duro en celuloide, se ha hecho infinidad de veces, pero pocas queda bien. Los actores que lo interpretan tienen que ser actores con mayúsculas para que no notemos cuándo la cámara ha tenido que cortar. En ese sentido este film ha sido sin duda una prueba de fuego para Arestrup y Dussollier y la han superado con matrícula de honor, aguantando el tipo en todo momento.

Obviamente de nada habría servido tamaña interpretación si el guión hubiera sido superfluo. Cada palabra importa en Diplomacia, cada gesto, cada respiración. Se trata de poner al espectador en el mismo aprieto que pone Raoul Nordling, cónsul general sueco de París, a Dietrich von Choltitz, gobernador nazi, en la noche del 24 al 25 de agosto de 1944. Es un aprieto moral, un pulso de argumentos que crecen a medida que avanza la película tanto a favor de uno como del otro. En diplomacia no hay buenos ni malos, hay dos seres humanos luchando por sus intereses.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8,5/10

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