Entrevista Crazyminds con… Mikel Rueda: “El cine español independiente está viviendo una etapa dorada, el problema es que la precariedad se convierta en norma”

Cuando su amor por el cine es sincero, un director puede esperar años y años hasta ver su obra terminada y difundida. Mikel Rueda ha esperado siete para compartir con el mundo A escondidas, otro tipo de muestra de amor sincero: la de dos adolescentes que empiezan a descubrir la vida y sentimientos que tristemente aún hoy en nuestra sociedad aparentemente abierta se esconden tras las puertas de un armario. Rueda se atreve con más, añade al drama de dos adolescentes homosexuales el de la inmigración: uno de ellos es marroquí y musulmán y lo primero que nos muestra de él el director bilbaíno en su película es que, evidentemente, huye de algo o de alguien…

Adil Koukouh y Germán Alcarazu son los actores que dan vida a esta pareja, dos chicos que se ponen por primera vez delante de una cámara de cine para llenar la pantalla de naturalidad. Mikel les eligió de entre miles precisamente para eso… Para ellos rodar esta película ha sido algo así como una terapia, un juego de empatía en el que todos deberían de participar. Pero parece ser que a la tierna de edad de los 15 pocos están dispuestos a hacerlo… Este cineasta se ha autoimpuesto la difícil tarea de llegar a ese público tan complejo, de abrir mentes y destruir barreras. Lo quiere hacer con una película pequeñita, sencilla, pero que cuenta con la participación de, además de las dos mencionadas promesas, otros dos monstruos de la interpretación: Ana Wagener y el recientemente desaparecido Álex Angulo. Su presencia en este film es uno de sus últimos regalos…

Crazyminds: Si esta historia de amor, en lugar de haberla protagonizado personajes de 14-15 años, hubieran tenido 19-20, ¿habría sido –en referencia tanto al acting como a la escritura de guión-, más fácil o más difícil de hacer?

Mikel Rueda: A nivel de escritura de guión hubiera sido otra cosa, a mí me interesaba mucho contar ese momento en la vida en el que todavía tú no sabes quién eres, que igual a los 19 tampoco lo sabes, ni a los 30… (risas)

C: Bueno pero ya no eres tan ‘inocente’…

MR: Sí, sí… (risas) A esa edad todavía eres un poco inocente efectivamente y todavía estás buscando tu lugar en el mundo, pero empiezas a sentir cosas… Me interesa mucho esa etapa, ese momento de adolescencia en el que todavía te estás formando y hay mucha gente que te dice lo que tienes que ser y no ser. Hay muchos ojos, muchos dedos que al final no nos dejan ser lo que queremos ser porque todavía no tienes capacidad para plantarte. El mayor conflicto emocional está muchas veces en esa etapa en la que nos empezamos a independizar emocionalmente de nuestros padres pero todavía estamos pegados a ellos. Es un lugar epocal vital que es muy interesante a la hora de construir personas y construirte a ti mismo. En cuanto a actores habría sido diferente también… Con 19, 20 años hay actores que son ya más profesionales, a mí si me das a elegir, prefiero quedarme con lo que tengo, porque al final los chavales no son profesionales ninguno de ellos, es la primera vez que se ponen ante una cámara de cine, pero la vitalidad que tienen, las ganas, la energía que transmiten, la pasión que tienen… es tan real, es todo tan verdad… Ellos son incapaces de mentir, les pones delante de la cámara y no saben mentir porque nadie les ha enseñado, no tienen la técnica. No es un actor que está haciendo de, que eso está muy bien pero es otra cosa, esto es verdad, es palpable, es bonito. Hubiese sido otra historia completamente diferente, no tiene nada que ver.

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C: Emocionalmente hablando, son papeles muy complejos para chicos de su edad, ¿no te parecía algo muy arriesgado?

MR: Sí, yo estaba acojonado. Yo sabía que me la jugaba con ellos. Podía estar muy bien la estructura, la foto, la luz, la banda sonora, yo podría cuidarlo todo muy bien pero si ellos no estaban bien, no estaban creíbles, la película se iba a caer por todos los costados. Yo me acuerdo, un año antes de empezar el rodaje, cuando todavía no sabíamos si sí, si no, estábamos buscando financiación, fui a ver una peli que no me acuerdo cual era -y aunque me acordase no lo diría por respeto-, que tenía chavales de protagonistas y salí del cine diciendo ‘¡madre mía, que no me pase esto a mí!’ De verdad, era horrorosa, había un trabajo de dirección de actores muy malo porque no era creíble lo que estaba pasando, decían las frases una detrás de otra, sin convicción, era todo como muy encorsetado y yo decía: ‘¡dónde me estoy metiendo! A ver si me va a pasar exactamente lo mismo a mí…’ Yo estaba acojonado porque sabía que ahí me la jugaba, por eso convencí al productor para hacer un casting que no iba a costar dinero pero sí iba a costar mucho tiempo. Estuvimos casi diez meses buscando, vimos 4500 chavales en Euskadi, Madrid y Cataluña, instituto por instituto, chaval por chaval, porque era necesario, porque al final, chicos de 14 años actores no hay, o hay tres o cuatro, y yo no quería ni caras conocidas ni gente que tuviese tics actorales, buscaba otra cosa, buscaba esa vitalidad que tienen a esa edad, y es muy difícil que te la den a esa edad tan temprana, cuando todavía no tienen técnica… Fue largo pero disfruté muchísimo del casting porque a mí me gusta muchísimo estar con actores -bueno, que no son actores, pero lo serán seguro, a la vista está el trabajo que han hecho-, y la verdad es que fue una gozada trabajar con ellos. Fue difícil porque efectivamente al final hablar de este tipo de temas en estas edades cuando efectivamente lo que le pasa a los protagonistas le está pasando a ellos también, porque ellos se están buscando a sí mismos, se están intentando reafirmar con una imagen que dan al exterior… claro, que venga un tío que dice que es director y te diga ‘oye vas a hacer una película y quiero que hagas de homosexual’, es complicado, porque luego ellos vuelven a su vida, vuelven al instituto con sus amigos y les dicen, ‘na, que he hecho una película.’ ‘¿Y de qué has hecho?’ ‘Na, he hecho de maricón.’ Todo el mundo te va a señalar, desgraciadamente eso está ahí, el ojo ajeno siempre está ahí juzgando. Entonces es delicado, fue delicado, desde el primer momento tuvimos que tener mucho cuidado con cómo les daba la información, cómo tratarla con ellos, el hacerles comprender qué es lo que queríamos comunicar y bueno, sensibilizarles y abrirles un poco en ese sentido.

Nos creemos todos muy modernos y muy progresistas, pero sigue quedando mucho trabajo por hacer. Los retrógrados de la sociedad hacen que retrocedamos a marchas forzadas”

C: Esta película está basada en vivencias personales pero las trasladas al ‘aquí y ahora’… Desde que tuviste esas vivencias hasta la actualidad, ¿no ha cambiado nada la mentalidad de la sociedad, una pequeña apertura de mente?

MR: Ha habido, ha habido, pero muy leve. Nos pensamos que ha habido muchísimos cambios pero en realidad no ha habido tantos. Nos creemos todos muy modernos y muy progresistas y tal pero sigue quedando muchísimo trabajo por hacer y sobre todo en edades tempranas. Está ‘aceptado’ –esta palabra que odio-, que haya homosexuales en edades adultas, más o menos se ‘tolera’ –otra palabra horrorosa-, pero cuando hablamos de edades más tempranas, de chavales de 12, 13, 14 años ya hay más de uno que se empieza a rasgar las vestiduras, ya hay uno que no está del todo a gusto en el sofá y si encima es su sobrino o su hijo… uf. Hay un sector de la sociedad que no lo lleva nada bien y eso es un problema, porque genera otro problema: una frustración, un malestar en esos chavales que sienten como su manera de sentir no es bien vista, es rechazada por el resto. No tienes más que pisar un instituto para darte cuenta de lo mal que lo pasan muchos chavales precisamente porque sienten de una manera diferente. Hay una grandísima labor educativa por hacer, las leyes están muy bien, está muy bien que un gobierno vaya por delante de la sociedad en ese sentido, es necesario, pero lo importante es la base, lo importante es la educación, y si eso no cambia, si un chaval sigue llegando a clase y le siguen señalando porque le gusta un chico pues ese chaval va a sufrir. Es un problema que debemos asumir entre todos.

C: ¿A cuántos años luz estamos de que llegue ese momento?

MR: Puf… no lo sé.

C: Parece incluso que vamos hacia atrás…

MR: En algunos aspectos estamos yendo hacia atrás sin duda alguna, los retrógrados de la sociedad hacen que retrocedamos a marchas forzadas. El ser humano desde siempre se protege ante lo desconocido y cuando no conoces algo, cuando no sabes lo que es, te proteges, generas un muro y lo rechazas. Hemos creado una burbuja en nuestra sociedad en la que creemos que todo es perfecto y que todos somos iguales, pero no lo somos –y es bonito que no lo seamos-, y de repente todo lo que viene ajeno, ya sean inmigrantes, ya sean homosexuales, todo lo que se separe un poco de lo que hemos normativizado, de lo que hemos dicho es ‘normal’, pues lo rechazamos. Hasta que la gente no conozca la realidad tal y como es y no abra los ojos va a ser complicado cambiar nada. ¿Cuándo lo harán? No sé, ojalá pronto, pero es complicado.

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Mi objetivo último con esta película es educativo, está hecha para los chavales, aunque yo sé que no van a gastar su paga en esto pudiendo ver Torrente”

C: Te has metido además en un berenjenal curioso que es ya no solo hacer una película sobre amor homosexual adolescente, sino que lo has hecho con un protagonista marroquí, ¿tienes miedo de críticas o represalias por parte de la comunidad musulmana?

MR: No… No sé… Con Adil hubo que trabajar en este sentido porque, claro, al final la religión que él vive es profundamente homófoba, y eso está ahí. Pero…no, de hecho, el otro día me llamaron del Festival de cine de Tetuán, que estaban interesados en la película y yo les dije, ‘pero…¿estáis seguros?’ (risas). Yo encantado, al final, este tipo de historias, lo importante es que la gente las vea, está hecha con ese sentido. Ojalá la película vaya perfecta y ojalá vaya de puta madre en salas comerciales porque está hecha para que se vea, pero mi objetivo último con esta película es educativo, la película está hecha para los chavales… yo sé que no van a gastar sus ocho euros de paga en esto pudiendo ver Torrente. Yo lo sé , es así, es una realidad, yo con 15 años tampoco me hubiese metido en una película de este estilo, me hubiese metido en la que tocaba en el momento, entonces si Mahoma no va a la montaña, la montaña tiene que ir a Mahoma y nosotros hemos hecho un acuerdo con el Gobierno vasco para poner la película en centros educativos y estamos intentando llegar al mismo acuerdo con el Gobierno central porque es una película hecha para ellos, porque es ahí donde hay que hacer el trabajo.

C: Has tardado siete años en sacar este proyecto adelante, pero estás ya trabajando en otros dos proyectos, ¿de dónde sacas la fuerzas, las ganas, la valentía?

MR: ¡Bueno es que siete años dan para mucho! (risas) Siete años son muy largos y mientras sale o no sale un proyecto pues escribes otras cosas. Ahora mismo tengo dos proyectos, uno que se llama Islandia y otro que se llama El año que cayó el muro, son historias muy diferentes, la de Islandia es una historia de desamor, de la descomposición de una pareja en el tiempo. Ocurre allí, yo hace dos años fui a Islandia, hice un viaje que a mí me cambió bastante, estuve un mes con la mochila, la tienda de campaña y haciendo dedo y me apasionó la manera que tienen ellos de concebir la vida, la relación que tienen con la naturaleza; me gustó tanto ese lugar que no pude dejar de escribir algo que ocurriese allí y bueno estamos en contactos con una productora islandesa y cerrando financiación en España. Luego, El año que cayó el muro nace de un cortometraje que hice en Nueva York que se llama Present Perfect, que es el corto que me abrió al mundo del cine, ganamos muchos premios con él y funcionó muy bien la verdad, habla un poco de los secretos de familia, de ese tipo de secretos que guardamos debajo de la alfombra para que el ecosistema familiar siga en pie. Al final la familia es una cosa que te viene impuesta, que no eliges y que desgraciadamente a veces tienes que sobrellevar. Hay determinadas informaciones que tú sabes de uno o ellos saben de ti pero que no sacas a la luz, no sea que al final eso se desmorone y explote.

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C: Son proyectos más bien tirando a dramáticos… Después de haber sido productor en Vaya Semanita, ¿no te dan ganas de hacer algo más cachondo e irónico?

MR: (Risas) A mí es que la comedia me parece muy complicada, ¡ojalá yo supiese hacer comedia! Hacer reír a la gente me parece muy, muy difícil, de hecho yo… para que yo me ría en una película me cuesta, y no es que no tenga sentido del humor porque yo estoy todo el día con la sonrisa en la boca, pero me parece muy complicado, arriesgado…¡Ya me gustaría a mí poder hacer una buena comedia! Me parece el género más difícil de todos. Admiro muchísimo a la gente que sabe hacer reír, porque es una gozada, pero yo no creo que sepa hacerlo, no lo sé… Nunca se sabe.

C: Tu ópera prima, Estrellas que alcanzar (Izarren argia), no tiene nada que ver con esta, además aparentemente es más difícil de realizar pero, ¿ha sido así, fue más difícil la primera que la segunda?

MR: Bueno, Izarren argia fue un encargo de una productora, yo aparecí en esa productora con el guión de A escondidas y me dijeron ‘nos gusta mucho tu guión, nos gusta mucho tu perfil, pero… ahora mismo tenemos una historia… tal… ¿te apetece hacerla?’ Entonces yo, ¡cómo me iba a negar! Que una productora confíe en mí en un proyecto de tal calibre como ese, con una película de época, con tal responsabilidad… De entrada dudé mucho porque era una historia que me pillaba generacionalmente muy muy lejos, pero precisamente era lo que buscaban ellos, alguien que no tuviese prejuicios, un director que no conociese el tema y que directamente se metiese de lleno sin prejuicios. Para mí fue un reto hacerla pero intenté hacerla mía, intenté llevarla a mi terreno, a un terreno emocional, que es donde yo me siento a gusto. Pero efectivamente A escondidas no tiene nada que ver, nace muy de mí, es una cosa muy personal que parte de vivencias mías, de sentimientos míos y es una película urbana, actual. A escondidas es yo. Izarren argia también es yo porque la dirigí yo, estuve tres años haciéndola, pero A escondidas es yo al cien por cien.

C: Evidentemente lo que te has planteado hacer de forma independiente es lo que más te ha costado sacar adelante…

MR: Sí, es complicado hacer una película hoy en día en España e independiente y de este tipo de temática es más complicado aún. Si lo haces con tus amigos y con otro tipo de estándares, pues igual es más fácil, no lo sé, pero bueno, nosotros nos ceñimos a un tipo de estándares que creíamos que eran necesarios para que la calidad del film no se resintiese y fue complicado…

C: Sin embargo -a lo mejor es una percepción mía-, pero parece que el cine independiente, desde hace como un par de años, tiene más visibilidad en España. ¿Puede esto desdibujar la idea de que este es cine para un público selecto?

MR: Yo de hecho escribo historias para que las vea el mayor público posible, yo creo que el cine debe de ser eso. Aquel que escribe cine solo para un público determinado a mí personalmente no me parece bien, el cine son historias y está bien contarlas de forma que lleguen al mayor número de personas posible. Luego habrá gente a la que le guste, gente a la que no, pero cerrarte ya de entrada es un poco absurdo. Efectivamente el cine español independiente está viviendo una etapa dorada, y está bien, ante las dificultades la gente saca ingenio y estamos viendo un florecer brutal ya no solo de la forma de hacer cine, sino de temáticas, de autores, es una gozada poder ver esto. El problema viene cuando la precariedad se convierte en norma. El problema es que adoptemos que la precariedad es lo normal. Esto no tiene que ser lo normal, esto es una excepción, esto está ocurriendo, está bien que la gente tire para adelante, pero la gente no puede no cobrar por hacer su trabajo. Es que es impensable. Esto tiene que ser algo temporal porque sino la gente al final dejará de hacerlo, porque si no puede comer se irá a otras cosas y esto que está ocurriendo ahora desaparecerá. No podemos normativizar la precariedad porque no es bueno, no es sano para la industria.

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De Álex Angulo he aprendido a querer más a las personas. Álex era todo amor”

C: Dices que escribes historias para el mayor público posible, pero en esta película has apostado por un código diferente, un montaje desordenado, ¿no hay riesgo de que al espectador se le pueda escapar algo?

MR: Sí, es que era arriesgado de entrada… Desde el primer momento en el guión estaba esta idea de hacer una estructura no lineal. A escondidas es un viaje, entonces yo quería que el espectador fuese de la mano con los personajes haciendo ese viaje. Los personajes de la película están perdidos, empiezan a sentir cosas que no saben controlar, que no quieren controlar tampoco. Quería que el espectador sintiese lo mismo que sienten ellos, por eso al principio la película da tumbos, adelante y atrás en el tiempo y estás un poco perdido, no sabes si están juntos, separados… No sabes lo que es y está hecho a propósito porque la idea es que, a medida que ellos van sintiéndose a gusto con su relación, pues la historia empieza a ganar linealidad y el puzle, las piezas sueltas que hay por ahí empiezan a encajar. Un sentimiento no es una cosa que llegue al cien por cien de primeras, va poco a poco, al principio hay cosas que no entiendes y los personajes están así, están perdidos y poco a poco se van encontrando. Por eso elegí hacer una estructura así porque me parecía necesaria para contar la historia. Sí que habrá gente que al principio estará un poco liada, estará confusa, pero mi idea es esa, que esté confusa. Espero que no se pierdan demasiado y que poco a poco construyan la historia en la cabeza y que al final lo agradezcan. Es una película que como espectador te exige estar activo, a mí me gusta que las películas me exijan y que me hagan trabajar el cerebro, por eso hago una película así.

C: Álex Angulo tiene un pequeño papel en A escondidas, pero como sucede en cada película en la que participa, la huella que deja es grande… Me gustaría que me dijeses qué has aprendido de él.

MR: Pues… sobre todo he aprendido a querer más a las personas. Alex era todo amor. Alex es todo amor, está ahí y lo que sabía hacer, a parte de ser un grandísimo actor y profesional, era dar amor, hacer sentir bien a las personas, recogerlas, abrazarlas. Yo me presenté en casa de Álex hace siete años con un proyecto sin ser yo nadie, solo un chaval que tiene un guión escrito, con un personaje muy pequeñito, que no era ningún reto interpretativo para él y le dije, ‘Álex, es que quiero que hagas este personaje’ y él leyó el guión, estuvimos hablando mucho tiempo, le maravilló y desde el primer momento se volcó en la historia. Ha estado los siete años. Álex fue eso, fue alguien que desprendió mucho amor. Me quedo con eso, me quedo con su cariño.